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Así festejaron Iglesias y Garzón la crisis de Sánchez

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 11 de julio de 2021, 12:25h

Hay que imaginar la fiesta que organizaron Pablo Iglesias y Alberto Garzón en un asador de las afueras de Madrid, mientras Pedro Sánchez aparecía en todos los telediarios para anunciar la crisis de Gobierno. Con sendos chuletones en su punto, bien sazonados con un puñado de sal gorda, y una generosa ración de chistorra como aperitivo se cachondearon del presidente, de los animalistas y de los astutos cronistas políticos que anunciaron la destitución del ministro de Consumo. "¿Crisis?", decía el líder de IU con la boca llena. "El que está en crisis es él", le contestaba el fundador de Podemos mientras trasegaba un buen caldo riojano.

Pablo Iglesias alardeó de haber telefoneado inmediatamente a Pedro Sánchez para ponerle firme en cuanto escuchó su cachondeito sobre Garzón con la arrogante frase de que "a mí que me den un chuletón en su punto". Porque el líder de Podemos, que sigue trajinando en la sombra, se ocupó de amenazar al presidente con dinamitar el Gobierno de coalición si se le ocurría tocar un pelo a cualquier ministro de Podemos. "Te quedas en la puta calle", le dijo Iglesias ante la inminente remodelación del Ejecutivo. Y, como era de esperar, Sánchez balbuceó una explicación, aterrado de perder la poltrona. "No te preocupes Pablo. Nunca se me ocurriría romper el acuerdo que firmamos. Solo voy a cambiar a unos cuantos ministros socialistas. Nunca se me ocurriría destituir a los tuyos sin consultártelo antes". Y Garzón se ponía gordo de placer mientras masticaba a dos carrillos el sabroso chuletón. "Aunque la venganza se come fría -dijo- esta carne está en su punto. Como le gusta al cursi ese".

Y así, más o menos, Iglesias y Garzón festejaron la derrota de Sánchez por no haberse atrevido a "tocar un pelo" a los ministros de Podemos. Y es que, no hay que darle muchas vueltas al motivo de la crisis de Gobierno. El fondo es el de siempre. Sánchez quiere apalancarse en La Moncloa el máximo tiempo posible. Y para "aguantar los 30 meses que quedan de legislatura", como reconoció, tiene que contar con el partido morado. Y no hay más. Por eso, escabechó a los socialistas que le habían aupado al poder, a los más fieles, para quedarse con todo el protagonismo y todo el poder.

Las explicaciones que dio desde el plasma son una mera cortina de humo, empalagosamente adornada con sus reiteradas teorías sobre la "renovación generacional" y el feminismo, "el 63 por ciento del Ejecutivo está formado por mujeres", alardeó. No olvidó repetir el mantra de "las políticas sociales, la digitalización y la revolución verde". Debe creer que con ese discurso es suficiente para impulsar su decaída imagen y ganar tiempo.
Y es que a Pedro Sánchez le importa un bledo gobernar bien, mal o regular. Solo busca cambiar la imagen del Ejecutivo para presentarse a las próximas elecciones con opciones de ganar. Por eso se rodea de un equipo formado por ministras jóvenes y atractivas (con perdón) y ministros jóvenes y atractivos (sin perdón). Serán mejores o peores gestores, pero transmitirán una imagen moderna, europea, "de futuro". Y no hay más. Solo necesita, eso sí, la docilidad de algunos para mantener la próspera sociedad con los separatistas y proetarras, tan imprescindibles como Podemos para "aguantar los 30 meses".
Dicen que, a los postres, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, empapados del sabroso caldo riojano, se cachondeaban del nuevo Gobierno. "Parecen unos pijos de Serrano. Pero como mantenemos cinco Ministerios les vamos a forzar a subir el salario mínimo, a controlar el precio de los alquileres y a crujir con impuestos a los ricos. Y del referéndum y de desguazar la Constitución ya se ocuparán nuestros camaradas Rufián y Otegui". Y se fueron satisfechos. Garzón, a echarse una buena siesta, que para eso es ministro. E Iglesias a seguir maquinando cómo sacar de quicio a Sánchez. "Seguirá en La Moncloa. Pero no le voy a dar ni un solo día de tregua". Y todos tan contentos. Uno, mudito en el Consejo de Ministros; el otro, en las trincheras comunistas, y el de más allá, en la hamaca del poder.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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