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ORIENT EXPRESS

La discriminación contra los bahaís

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 11 de julio de 2021, 20:32h

Toda tiranía necesita un enemigo -o varios- contra los que dirigir el descontento social que la falta de libertad genera. En el caso iraní, se suman otras circunstancias como la corrupción de los grupos económicos, políticos y militares que controlan el país, la ausencia de Estado de derecho y el desarrollo de un programa nuclear militar que servirá no sólo para amenazar a sus vecinos, sino también para someter a su propia población. El régimen de los ayatolás aspira a ser una tiranía armada con bombas atómicas.

La minoría bahaí sufre desde hace mucho tiempo la persecución del Estado. Surgida en el siglo XIX en Persia, su religión se considera la novena y última después de la sabea, la judía, la hindú, la zoroástrica, la budista, la cristiana, la islámica y la babista. Ésta también nació en Persia en el siglo XIX y los bahaí consideran a su fundador un precursor de Bahá’u’lláh, profeta del bahaísmo. La fe bahaí es pacifista, profesa la necesidad de unión de todos los pueblos en Dios y el fin de los prejuicios y las desigualdades. Creen que la humanidad está llegando a un estado de madurez que permitirá “la unificación de la familia humana” -en palabras de la Comunidad Bahá´i de España- y “la construcción de una sociedad mundial pacífica”. Consideran compatible la ciencia y la fe. Oran todos los días. Celebran un tiempo de ayuno entre la salida y la puesta del sol durante 19 días. Su autoridad religiosa es la Casa Universal de la Justicia, cuya sede está en Haifa, donde se erigió el templo bahaí más importante ya en tiempos del Imperio otomano.

El pacifismo de los bahaí choca con el militarismo revolucionario del régimen de Teherán. La igualdad entre hombres y mujeres desafía la discriminación que los ayatolás imponen. Herederos de la tradición cultural de Persia, encrucijada de caminos entre Oriente y Occidente, los bahaí son la prueba fehaciente de que la Revolución Islámica de Irán no representa el legado de la civilización persa de Firdousí, de Saadi, de Hafiz, de Rumí y de Omar Jayyam.

La persecución religiosa que sufren los bahaí es un crimen perpetrado ante los ojos del mundo y a plena luz del día. El discurso de odio que se difunde a través de los medios de comunicación en Irán trata de estigmatizar a los bahaí y de legitimar las medidas que se adoptan contra ellos: confiscaciones, arrestos, detenciones, procesos judiciales y administrativos sin garantías, privación del acceso a educación superior, destrucción de cementerios, etc. En términos numéricos, son inofensivos para el régimen -son, aproximadamente, unos 300.000 en un país de 82 millones de musulmanes. Por ejemplo, a 27 familias bahaís de la provincia de Ivel, en el norte del país, les confiscaron a finales del año pasado las tierras que explotaban desde hacía más de un siglo y medio. Sufren registros personales y en sus domicilios en busca de libros u otros objetos religiosos. El acoso policial contra ellos es habitual.

El informe sobre Libertad Religiosa 2020 que publica el Departamento de Estado describe una verdadera situación de discriminación institucionalizada. Por ley se prohíbe que vayan a la universidad si se identifican como bahaís. No se les permite tener sus propios colegios. No pueden ser funcionarios del Estado. Un decreto religioso del Líder Supremo anima a los ciudadanos a no tener relaciones con ellos. Desde 2017, el discurso de odio contra ellos se ha intensificado. Sólo entre noviembre de 2020 y abril de 2021, según fuentes de la comunidad bahaí, “se han registrado cerca de 5800 expresiones de odio” contra ellos. Esto supone “un 36% más que el mismo periodo del año anterior”.

Los mensajes son tremendos: “los bahaís son impuros y enemigos de tu religión”, “relacionarse con bahaís está prohibido”, “comprar a los bahaís está prohibido”, etc. Los mensajes proliferan tanto en los medios más tradicionales -periódicos y libros, por ejemplo- como en las redes sociales y los canales digitales desde Telegram hasta Clubhouse. Diane Ala’i, representante de la Comunidad Bahá´i internacional ante las Naciones Unidas en Ginebra ha expresado el temor de que “esta creciente difusión de desinformación dirigida contra la comunidad bahaí indique un aumento grave de la persecución contra ellos”.

En diciembre de 2020, la Unión Europea adoptó un sistema global de sanciones en materia de derechos humanos que permite imponerlas a personas, entidades u organismos responsables de violaciones o abusos graves en materia de derechos humanos en todo el mundo. Dentro de estas violaciones están algunas de las que se vienen cometiendo, desde hace años, contra los bahaís en Irán; por ejemplo, las detenciones y arrestos arbitrarios. Este sistema, pues, podría servir para combatir los abusos que la principal minoría religiosa de Irán viene sufriendo desde hace más de cuarenta años.

Al mismo tiempo, es necesario mostrar ante la opinión pública europea lo que el régimen iraní está haciendo a algunos de sus propios ciudadanos, a quienes discrimina de forma sistemática e institucionalizada. Los propagandistas y lobistas del régimen iraní visitan las instituciones de la Unión sin que nadie les pregunte por la persecución religiosa que se está produciendo en el país. El Comité de solidaridad con los bahaí ha lanzado una campaña para el próximo 15 de julio en redes sociales entre las 19:00 y las 21:00 usando la etiqueta #StopHatePropaganda.

Quizás algunos puedan pensar que a la República Islámica de Irán le resulta irrelevante la presión de la opinión pública internacional. En realidad, no es así. Sus agentes ven dificultada su tarea cuando el mundo conoce lo que hacen sus jefes en Teherán. Sus diplomáticos tienen que dar explicaciones en foros internacionales. Sus apologetas tienen que explicar por qué los ayatolás dedican tantos esfuerzos a desarrollar un programa nuclear mientras oprimen a su propia población. En las universidades, en los festivales de cine, en las editoriales y, en general, en las industrias culturales -donde existe un legítimo interés en la cultura persa- se toma consciencia de lo que la Revolución Islámica de Irán lleva haciendo más de cuarenta años a los bahaís, que simbolizan esa civilización traicionada por los revolucionarios. La presión internacional muestra al régimen que sus acciones pueden tener consecuencias.

Entonces empiezan a cambiar cosas.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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