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TRIBUNA

No podemos dejarles un mundo en sombras...

lunes 12 de julio de 2021, 20:21h

Estamos en medio de un mundo enfermo, y hasta el aire que respiramos tantas veces, nos contagia...

Pero no podemos ni debemos dejar a nuestros hijos y nietos un mundo en sombras

Necesitamos ser centinelas protagonistas de la salvación, orientándonos a “un no va más”, porque si no reaccionamos a tiempo, nuestros seres queridos nos pasarán en el mañana de sus días, fatalmente, facturas con un costo impensable repleto de reproches…

¿Qué hacer entonces cuando ya nacen endeudados, hipotecados sin remedio, envueltos por las incertidumbres en medio de este tembladeral conductivo del “sanchismo”?

¿Qué les dejaremos a quienes vienen detrás, a los que son absoluta prioridad para nosotros?

Estamos formando parte de una sociedad que se marchita, esclavizados, cuando somos en potencia una maravilla sin igual, seres capaces de lograr un obrar esperanzador para la humanidad...

Hemos aprovechado el libre albedrío para sumergirnos en desvíos y pérdidas de valores procurando “tener” en lugar de “sentir”, vivir haciendo cálculos de tanto por ciento detrás de beneficios dinerarios o materiales, convirtiéndonos en objetos competitivos para que no nos cierren las puertas de las oportunidades, dejándonos bombardear con lo superficial, el escándalo las confusiones que nos esclavizan embriagados, además, con la inmediatez traicionera del “ya” …

Muchos se arrodillan ante altares levantados por “seres sin alma” a quienes solamente les preocupa, al fin, la oferta y la demanda de un mercado perverso, y la ciega competencia insensible que, como un tsunami imparable, nos atropella sin piedad, conduciéndonos a actuar como el rebaño que sigue a la primera oveja, dejando a un lado comportamientos humanos y éticos que debimos atesorar en nuestro más íntimo relicario…

Es alarmante cómo tantos, se han condenado a sobrevivir en una manifiesta poquedad, cuando se nos ha dado la maravilla de la vida y junto a ella, un inmenso potencial que desaprovechamos con conductas insensatas.

No podemos permitir que se nos dicte cómo educar a nuestros hijos y nietos ni qué rumbo es el más conveniente para el futuro de sus días.

Tampoco podemos permitir, que aprovechando los medios y la tecnología se ingrese en los recintos sagrados de nuestros hogares, debilitando lo esencial, que es nuestro legítimo derecho conservar y elevar, para llenarles la cabeza con consignas que no compartimos, y confundirlos con peligrosas falsedades…

Es normal que nuestros jóvenes vivan en un mundo muy diferente al que nosotros vivimos, pero con tristeza constatamos que muchas veces les usurpan la infancia y la juventud, golpeándolos constantemente con el rigor de ser más competitivos, hurtándoles inocencias, sentimientos, humanidad, sentido común, robándoles así, las etapas naturales que cada edad les proporciona…

Escuchan la mentira generalizada de que está en juego su mañana, y de tanto repetírsela, los llevan a asumirla como verdad...

Su mañana lo rifarán si dejan de soñar, si no se aplican a la dura lucha de transformar este mundo enfermo, orientándose hacia un mundo nuevo.

Ante estas y otras realidades que nos envuelven, yo me pregunto: ¿dónde está el coraje para reaccionar e ir al encuentro de la Verdad, que es defender cada uno la certeza de que no somos un producto más para mercadear al antojo de quienes nos trampean?

Y los sueños, ¿dónde han quedado?

Y las ilusiones y las esperanzas, ¿dónde?

Y el Amor, ¿ya no nos sirve?

Tenemos que despertar de una vez, con un obrar que permita enaltecer el crecimiento personal, el valor moral y ético de conquistarlo todo, con la altiva postura de quien no se doblega ante las trampas que nos han poblado de materialismos carentes de espiritualidad…

Necesitamos replantearnos la vida, retornando al imán del Amor que nos enseña a querernos más, a respetarnos más, a no humillarnos, y, por el contrario, a enriquecernos volviendo a los valores que hemos abandonado, dejando de lado oscurantismos que nos impiden crecer, elevarnos y levantar vuelo para ubicar sendas que nos aproximen más a la Verdad, que a todos nos subyace...

Necesitamos enaltecer los valores humanos, siendo centinelas alertas, abriendo tribunas o cavando trincheras nuevas, para luchar sin desmayos y con coraje a fin de dejarles a nuestros hijos y nietos un mundo mejor..., en el que puedan realizarse, con más Amor y comprensión, con más justicia social, sin engaños, sin odios, sin salvajes explotaciones, sin alarmantes genocidios, sin las crueldades del terror y las guerras...

Un hombre nuevo tiene que nacer y renacer para reinar en este mundo enfermo, en el que es imprescindible no claudicar, y resistir con coraje para afianzar el despertar, y pelear por el amor, la libertad y los sueños, como únicos valores que pueden abrir el portal hacia un caminar en pos de la dignidad...

Nuestros hijos y nietos nos miran, y por ellos es que debemos abrir surcos sembrando semillas de esperanza, cumpliendo con el sagrado compromiso de asumir esta misión, convencidos desde el alma, de que “no podemos dejarles un mundo en sombras…”

El enlace generacional por el que tantos hemos luchado para no haber pasado en vano por esta vida, tiene dos matices: que se nos honre manteniéndonos un poco más la vida con su recuerdo al detenerse en nosotros y tener la posibilidad de seguir dialogando aunque hayamos partido hacia otra dimensión, o simplemente archivándonos en las sombras del olvido, por no haberlo dado todo, todo lo que en el vivir terreno estuvo a nuestro alcance…

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