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La constitución material de Zapatero

jueves 11 de septiembre de 2008, 21:27h
Visto su desparpajo y reluctante seguridad, puede dar la impresión que José Luis R. Zapatero ha sido, siempre, Presidente del Gobierno. No es así. Su profesión, desde los veinti muy pocos, ha sido la de político, alcanzando su primer sueldo, nada menos que como diputado del Congreso, a los 26. En el currículum con el que ingresó entonces, en 1986, en la Cámara ponía (no lo he revisado) que había sido profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de León, bajo el maestrazgo de Manuel García Álvarez, un Catedrático especializado en el singularísimo constitucionalismo de los Estados socialistas. Desconozco si dio algunas clases o si estudió alguno de los manuales imprescindibles o alguna de las monografías imperecederas, pero nos ha querido dar una lección académica en su última entrevista, pretendiendo demostrar que es un estudioso, un maestro del Derecho Público. Es posible que esté pergeñando su futura salida de la Presidencia. (Estoy convencido que no repetirá, ni siquiera se presentará a las próximas elecciones).

Su gran frase, su ilustrado pensamiento que nos ha llegado es, textualmente, el siguiente: “Hay una Constitución escrita que es la que tenemos que respetar, la que hicimos hace treinta años, y hay una Constitución material, que es la que está detrás, que perfila las características de nuestro país, sociológicas, históricas, ... y, en definitiva, la que dibuja la diversidad que, en algunas partes, tiene un carácter muy acusado. El hecho de que tengamos una necesidad de gobernabilidad permanente de nuestro modelo territorial no está en el Título Octavo, esté en la realidad. No es una cuestión jurídica, es una cuestión política”.

No sé si igual que Jordi Sevilla le dio dos lecciones sobre Economía, habrá llamado a Francisco Rubio Llorente, a la sazón Presidente del Consejo de Estado, o al más joven Juan Fernando López Aguilar, ambos Catedráticos de la asignatura aunque de diferentes Escuelas, para que le impartan dos rapiditas clases magistrales de Introducción al Derecho Constitucional. Me llama la atención que hubieran podido empezar por el concepto material de la Constitución. Es verdad que desde que Lasalle escribiera que la Constitución es “la suma de dos factores reales de poder que rigen el país”, ha contado con numerosos adeptos a los que les gusta más el realismo mágico que la normatividad. Es también cierto que con la monografía que publicó en los años cuarenta Constantino Mortati se revitalizó el concepto material de Constitución.

Pero ahí se ha de acabar. La Constitución en sentido material es una de esas nociones mesiánicas, nominalmente atractivas pero que generan un notable confucionismo, que place a quienes viven en el galimatías. La operatividad de este concepto se encuentra mediatizada por la pluralidad de significados que encierra, porque es susceptible de tantas acepciones o interpretaciones como se quiera. A Zapatero le van estas teorías, como la del republicanismo inocuo, que son puro refrito o una miscelánea de elementos hasta contrapuestos. Le resultan tan atractivas, tan sugerentes, y con su reconocidísima capacidad pedagógica nos quiere educar. Nos abraza con su vasta cultura de la Constitución material que, en definitiva, supone apartarse de la misma como Norma Fundamental para convertirla en un adorno del sistema. Lo que cuenta para Zapatero es el poder desnudo, lo fáctico. Y ello con independencia de la letra y el espíritu de la Constitución. Los nacionalistas identitarios, para los que es también un obstáculo, están encantadísimos. Pero una vez más, como con abundancia en estos últimos años, la Constitución sufre, está herida.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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