11- S, una fecha que cambió al mundo
jueves 11 de septiembre de 2008, 23:52h
Se cumplían ayer siete años del fatídico ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Tal ataque no fue sólo contra dos edificios concretos, sino contra el corazón de los estadounidenses, contra el occidente democrático y también contra el centro financiero del mundo. De hecho, el impacto en los mercados de medio mundo fue brutal. Caídas en las bolsas, bancarrotas empresariales, y un cambio de mentalidad a todos los niveles. Hubo un antes y un después de ese día. Desde entonces, por ejemplo, coger un avión se ha convertido en un proceso sumamente incómodo, toda vez que los controles de seguridad se han incrementado hasta el paroxismo en algunos casos. Seguridad. Una palabra que también adquirió una nueva dimensión. El 11 –S sirvió para mostrar al mundo que la amenaza terrorista es una amenaza global, de la que nadie está a salvo.
Sirvió igualmente para que CIA, FBI y sus homólogas de otros países recondujesen su estrategia en la lucha contra el crimen. Desde el edificio Hoover por un lado, y desde Langley por otro –sedes de ambas instituciones- se entonó un mea culpa demasiado tardío: estaban acostumbrados a luchas contra organizaciones mafiosas y cárteles de narcotraficantes, pero no contra algo como Al –Qaeda. Se emprendió entonces una ofensiva global contra los tentáculos del terrorismo islamista. Bien es verdad que la estrategia estadounidense podría revisarse en más de un aspecto y cuestionarse alguna que otra decisión controvertida. Pero es palmario que, gracias a su inquebrantable decisión de luchar contra un enemigo de tal calibre, grupos terroristas de medio mundo –ETA y FARC, entre otros- saben que su tiempo ha terminado. Y que, por mucho daño que hagan, al final perderán. La determinación de los EE.UU. no deja lugar a dudas. En este sentido, los gobiernos occidentales que venían viviendo amenazados por –y enfrentados a la incomprensión ante- los ataques terroristas, deberían comprender que, desde instante, los EE.UU. se han convertido en un aliado objetivo inapreciable.