Protesta contra el Gobierno
La tension social se cobra ocho muertos en Bolivia
viernes 12 de septiembre de 2008, 02:15h
Los enfrentamientos más graves se están produciendo en la ciudad norteña de Cobija, capital de Pando, donde oposición y partidarios del gobierno se afrontan abiertamente con armas de fuego. Según el mismo prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, la situación resulta particularmente crítica, tachándola de “incontrolable” y asegurando que en su región se ha instaurado “el caos y la anarquía”.
Las protestas en contra del Gobierno del presidente Morales empezaron hace más de un mes cuando el mandatario anunció unas medidas de presión fiscal para exigir la devolución de una renta petrolera que antes recibían las regiones de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca. Sin embargo, el Gobierno procedió a recortar este ingreso regional (Impuesto Directo a los Hidrocarburos -IDH) para financiar una ayuda directa a los ancianos del país.
Ruptura con EE UU
Las relaciones entre Washington y La Paz entraron en una nueva fase de tensión, después de que los Gobiernos de Bolivia y EE.UU decidieran declarar "persona non grata" a sus respectivos embajadores y expulsarlos del país. El pasado martes el presidente de Bolivia Morales indicó al embajador de EE UU en la Paz, Philip Goldberg, como “persona no grata”, acusándole de “buscar la división” territorial de Bolivia. Por su parte, según cuanto informado por el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormak, el Gobierno de los Estados Unidos ha expulsado el Embajador boliviano como respuesta a las declaraciones de Morales. El mismo McCormak afirmo que la decisión constituye“"una respuesta a una acción injustificable y en concordancia con la Convención de Viena”.
Solución difícil y necesitad de diálogo
El enfrentamiento entre las regiones autonomistas y el Gobierno central ha generado un clima de inestabilidad e inseguridad: la creciente tensión entre los dos bandos aleja la posibilidad de un diálogo entre los dos contundentes y las posturas parecen cada vez más distantes y enfrentadas. El gobierno acusa a los autonomistas (“terratenientes del oriente boliviano”) de estar preparando un “atípico golpe de estado civil contra la democracia”, declarando su voluntad de no responder a las provocaciones y excluyendo el recurso a la violencia. Sin embargo, este mismo martes, Morales advirtió que “la paciencia tiene límites”, no descartando en futuro la adopción de medidas para restablecer el orden. De momento, el Gobierno se ha limitado a reforzar la presencia militar en zonas cercanas a las instalaciones hidrocarburíferas para evitar bloqueos o sabotajes.
Bolivia vive una etapa de cambios sociales y políticos y por eso sería deseable que su realización cuente con el mayor apoyo posible, evitando el anacrónico uso de la violencia. El proceso de transformación del país, su reforma constitucional y de la relación con la provincia autónoma debe basarse en el diálogo y en la paz, intentado recomponer fracturas animados por el deseo del común interés de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. La pacificación representa un requisito esencial para combatir los males que afligen el país, como el elevado índice de pobreza, la desigualdad, la falta de crecimiento económico. La necesidad de emprender un diálogo constructivo resulta improrrogable y beneficiosa para la “conservación” de la democracia y el respecto de las instituciones del país: un dialogo finalizado a lograr el mayor entendimiento posible entre los bolivianos y que favorezca el fin de la violencia.