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Viajes

Albert Camus: Diarios de viaje

domingo 18 de julio de 2021, 19:32h
Albert Camus: Diarios de viaje

Edición de Roger Quilliot. Traducción de Emma Calatayud. Debolsillo. Barcelona, 2021. 125 páginas. 12,95 €. Se reeditan en una edición muy asequible pero rigurosa, las anotaciones en las que el Nobel de Literatura llevó a cabo sobre sus periplos a Estados Unidos y Sudamérica, en 1946 y 1949 respectivamente. Aguda observación, confesión, e impresiones ante el Nuevo Mundo de un autor imprescindible. Por Adrián Sanmartín

Numerosos son los autores que han cultivado la literatura de viajes, y otros, aunque no volcados en el género, nos han dejado páginas extraordinarias de sus periplos. Es el caso de Albert Camus (Mondovi, Argelia, 1913-Villeblevin, Francia, 1960), cuyos Diarios de viaje acaba de reeditar Debolsillo, en una edición, a la vez rigurosa y muy asequible, a cargo de Roger Quilliot, editor de la obra de Camus en La Pléiade y amigo personal del Nobel de Literatura. En el prólogo al volumen, que lo enmarca a la perfección, Quilliot explica cómo fijó el texto, junto a la esposa de Camus, tras un minucioso cotejo de todos los manuscritos.

La producción de Albert Camus es una de las imprescindibles de las letras del siglo XX, formada por las novelas El extranjero, La peste y La caída, la colección de cuentos El exilio y el reino, las piezas teatrales Calígula, El malentendido, y Los justos, y los ensayos El mito de Sísifo y El hombre rebelde, entre otros títulos. Su cosmovisión, anclada en el existencialismo, al que otorgó un giro personal, no solo ilumina la condición humana de manera extraordinaria e imperecedera, marcada por una privilegiada lucidez, sino que logra realizarlo mediante un estilo accesible. Muy cercano a la cultura española -recientemente se dio cuenta en este suplemento de su relación con la actriz María Casares-, adaptó a la escena francesa piezas cumbres de nuestro teatro del Siglo de Oro, como El caballero de Olmedo, de Lope de Vega, y La devoción de la cruz, de Calderón de la Barca.

Diarios de viaje, aparecidos póstumamente en 1978, recoge las anotaciones que Camus llevó a cabo en sus visitas a Estados Estados, de marzo a mayo de 1946, y a Sudamérica, recalando en Brasil, Uruguay, Argentina y Chile, desde junio hasta agosto de 1949, acontecidos en diferentes situaciones de su vida. En el primero, estamos ante un prometedor escritor novel, y en el segundo ante un autor reconocido, gracias sobre todo al impacto que causó La peste (1947).

Tras la confesión de que “la ligera angustia propia de toda partida, ha pasado ya”, el periplo a Norteamérica arranca con la descripción de su viaje en tren hasta llegar al puerto de Le Havre para embarcar. Allí descubre que el Oregon, es “un buque de carga, un carguero muy grande, pero carguero”, donde le asigna un minúsculo camarote, en el que consiga con humor “es imposible estornudar sin tirar nada”, pues la cabina, para cuatro personas, acoge a cinco. En la travesía, que califica de “monótona”, lee e intenta trabajar, pero le suceden varios contratiempos como un poco de mareo, que le revuelve el estómago, y una gripe. Así, cuando el buque arriba a Nueva York está cansado y recibe la primera impresión “con las piernas temblorosas”, pareciéndole “una ciudad inhumana”. Luego, mantiene esta impresión -que nos recuerda a la sentida por García Lorca en su Poeta en Nueva York-, aunque la alterna con otras, sobre todo presididas por el asombro ante la desmesura.

Aunque en su estancia en Nueva York se refiere a las conferencias que allí pronunció, es más explícito sobre las actividades que realiza al otro lado del Atlántico, en su viaje a América del Sur, que comienza igualmente con la travesía, tras subir a bordo en Marsella. Ahora, ya un escritor famoso en un viaje oficial, le han asignado un camarote individual, pero no deja de denunciar las condiciones en las que se ven otros menos privilegiados: “Sentimiento de bochorno al ver a los pasajeros de cuarta clase durmiendo en el entrepuente, en literas como en un campo de concentración. Hay pañales sucios tendidos. Hay niños que van a vivir veinte días en este infierno. Y yo…”.

Para su estancia en Brasil, Uruguay, Argentina y Chile, tiene preparada una cargada agenda, que no pocas veces le resulta muy cuesta arriba, aunque la cumplirá disciplinadamente. Quizá en ello influye que cuando Camus inicia su viaje a América del Sur se encuentra muy delicado de salud y teme un nuevo ataque de tisis. Esto, sin duda, impregna sus apuntes y les otorga una cierta pesadumbre. Bien dice Quilliot: “Estas páginas llevan la marca de un estado de crisis que la lectura de Vigny no hace sino confirmar ya desde el barco; crisis física que Camus tardará muchos meses en superar; crisis sentimental y moral que se traduce en la obsesión del suicidio; así como en un sentimiento agudo de exilio”.

Albert Camus descubre el Nuevo Mundo y nos trasmite sus impresiones con lucidez y sinceridad.

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