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LA CAÍDA DEL VALIDO

lunes 19 de julio de 2021, 13:14h
Actualizado el: 19/07/2021 13:52h
No he podido contrastar la noticia de Javier de Benito, pero me parece por las consultas que he hecho...

No he podido contrastar la noticia de Javier de Benito, pero me parece por las consultas que he hecho que el periodista no se equivoca. Pedro Sánchez, tras hacer un inmenso ridículo internacional persiguiendo al presidente de los Estados Unidos para fotografiarse junto a él, decidió apartar de su lado al absorbente gurú Iván Redondo. El valido aspiraba a ser el conde-duque de Olivares, a ser Manuel Godoy, a convertirse en el superfavorito del César. Y la verdad es que lo estaba consiguiendo. En Moncloa no soplaba otro viento, salvo algunas ráfagas de Félix Bolaños, que el soplado por Iván Redondo. Parece mentira que hombre de tanta experiencia no se diera cuenta de que a nada contribuía el ridículo de Sánchez, como un perrillo faldero tras Biden.

Claro que no fue solo aquella corrida de 29 segundos pisando los zapatos del presidente norteamericano. Pedro Sánchez empezaba a estar harto de la intromisión de Iván Redondo en todos los asuntos de Estado y que además se filtrara a los medios de comunicación el monopolio redondista. Una cosa es el discreto favorito, el valido de puertas adentro y otra muy distinta el protagonismo adquirido por el gurú. Así es que decidió escabecharle. Iván Redondo protagonizó el único cambio de fondo de la crisis monclovita. Todo lo demás fue una capa de maquillaje para disimular las arrugas de un Gobierno evanescente. Iván Redondo, no. Iván Redondo era un peso pesado que condicionaba la realidad diaria de Moncloa y que jugaba con Sánchez. Era la persona que mandaba de verdad mientras embarcaba al presidente Sánchez en el Falcon y le distraía con viajes, audiencias y fachada. Para Iván Redondo, Sánchez no era otra cosa que el actor que interpretaba el papel de presidente por el gurú establecido.

El paseíllo tras los pasos de Biden desveló una realidad tan ridícula y apabullante que Pedro Sánchez la zanjó, apartando de su lado al valido del sanchismo, al favorito de Moncloa, el valedor de un presidente desconcertado que decidió sobrevivir.