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Y DIGO YO

La eterna campaña electoral: ¿los votos lo justifican todo?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 20 de julio de 2021, 19:27h
Actualizado el: 21/07/2021 10:19h

Entiendo que su objetivo es gobernar. Entiendo que muchas veces pueda parecer que los intereses del partido siempre están por encima del interés general. No quiere decir que lo comparta porque todos entendemos que la carrera política se hace para llegar al Gobierno y que cuando estás ya en él, se pelea por mantenerse ahí el mayor tiempo posible. Igualmente entiendo también que no todos tenemos el mismo concepto de las cosas, por muy básicas o claras o elementales que a usted y a mi nos pueda parecer.

Lo que también aviso, y no soy el único, es que la política cansa. Cansa ver cómo todo se convierte en un constante “acercar el ascua a su sardina”. Harta, empacha, no se puede vivir en una campaña electoral continua. La ciudadanía no puede desayunarse un día sí y otro también con el CIS y todos los estudios demoscópicos que muchos medios de comunicación pagan para tener informados a sus lectores, oyentes o espectadores y que muchas veces varían muy poco de uno a otro.

Los partidos deben tener muy en cuenta lo que aburren a los ciudadanos cuando obligan cada semana a saber cuántas décimas araña el PP al PSOE, imponen hacer cuentas para ver cuánto queda para que el PP más Vox y algún otro sumen mayoría y plantearse una opción absolutamente legítima como es una moción de censura o te fuerzan a comprobar que el PSOE sigue teniendo las riendas de la política de España gracias al apoyo totalmente condicionado de los populistas de Podemos, los separatistas de ERC y los nacionalistas con ganas de separatismo de Bildu y PNV.

En tiempo electoral, a todos nos interesa saber si un partido está más decidido a subir impuestos o hacer recortes o endeudarse cada vez más porque, como usted mismo con su economía doméstica, si las cosas no van bien y no entra dinero en casa, puede pedírselo a los amigos y la familia y exponerse a que no les inviten en Navidad, puede dejar de gastar en cosas superfluas y luego, si la situación se alarga en el tiempo, recortar en cosas más necesarias o puede hipotecarse y endeudarse más aun con los bancos. Y todo le repercutirá directa o indirectamente en su bolsillo. Por eso, se entiende el interés en tiempo de elecciones.

Pero insisto, en tiempo electoral, no todo el tiempo. El problema es que se vive una saturación de información electoral. Llevamos unos años así y todo se hace, se decide, se valora y analiza en clave electoral hasta el punto de que una cosa buena, una iniciativa loable, se pase siempre por ese filtro del interés partidista en una campaña electoral eterna y no se examine, quizá, convenientemente.

Pedro Sánchez hace una remodelación de su Gobierno. Parece una buena noticia si no fuera porque se ve claramente que no se ha hecho por el interés de todos los españoles, sino por el interés exclusivo del jefe del Ejecutivo en recuperar los votos que todas las encuestas dicen que está perdiendo por el desgaste de la acción de un Gobierno que, eso sí, beneficia a los que han incumplido la ley.

Ahora acaba de aprobarse la ley de Memoria Democrática, que es una herramienta del Gobierno del PSOE y Podemos para, entre otras cosas, intentar eliminar de raíz cualquier vestigio del Franquismo. Poco importaron las dudas jurídicas del Consejo General del Poder Judicial o las más de mil alegaciones de distintas asociaciones de memoria histórica. Lo sacan adelante, como nos tienen acostumbrados, por interés partidista e ideológico, no porque sea lo que ha demandado una sociedad española que, gracias a estas cosas, está cada día más enfrentada y radicalizada.

¿Conseguirá el PSOE más votos gracias a esto? Eso esperan, es su plan. ¿Le importa a Sánchez algo que esta ley divida más a una España con bandos cada vez más escorados? Lo más probable es que en sus cálculos sea favorable que el centro-derecha reaccione a esta nueva norma y sea entendido como un giro hacia donde los socialistas quieren colocar a todos los que no sean de izquierdas, es decir, hacia la ultra derecha o la extrema derecha.

Mientras sigamos viviendo en un país que premia pactar con la extrema izquierda y penaliza hacerlo con la extrema derecha, seguiremos sin avanzar. Pero claro, ¿qué entiende usted por extrema izquierda y qué entiendo yo por extrema derecha? ¿Qué entiende cada uno por el bien y el mal? Existen tantas definiciones de esto como votantes.

Yo lo tengo claro y no sé, por ejemplo, si en el PSOE lo tienen tan claro como yo. Piensan en Ferraz, porque así se lo he escuchado a multitud de líderes y tertulianos afines, que Pedro Sánchez cambia a muchos miembros de su Ejecutivo para acercarlo al Partido Socialista pensando que recuperará así el centro izquierda y, por tanto, muchos votos perdidos. Lo que yo observo es que así, quizá, lo que se consiga al final es radicalizar al partido y no centrarlo.

Por supuesto, es cuestión de puntos de vista y seguro que en Moncloa lo ven de otra forma porque están en campaña electoral y los votos lo justifican todo.

Javier Cámara

Periodista

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