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TRIBUNA

La opinión de los taxistas

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 24 de julio de 2021, 19:13h

Pese a los esfuerzos sub umbra chartorum y a los afanes heurísticos por conocer los secretos últimos de esa disciplina intelectual de elites que es la sociología, el anciano cronista es por entero ignorante de saber si el análisis de la opinión del ancho gremio de los taxistas es en ella recurrente o, por el contrario, infrecuente y espaciado. Está, sin embargo, asaz informado que en los días inaugurales de la venturosa Transición se la descalificaba de ordinario al considerarla muy apegada al Antiguo Régimen. Hodierno, empero, sería muy desacertado calificarla de retrógrada o antidemocrática, denominándola así por su adhesión a un código moral en el que los deberes priman sobre los derechos, el presente sobre el futuro y las exigencias del compromiso sobre las fantasías del deseo. Desde luego, unas jornadas iniciadas al amanecer y concluidas con la llegada de la tarde o comenzadas con esta y finalizadas comúnmente sobrepasada la medianoche no son en extremo propensas a la utopía y a las declaraciones enfáticas.

Los taxistas más relacionados con los trabajos y los días del articulista -los de la Villa y Corte y los de la embrujadora ciudad en que se encuentra avecindado- son personas -mujeres y hombres- muy sobrias y realistas, así como de sencillo y hondo patriotismo en su entrega cuotidiana y ahincada a una España mejor. De ahí, su escepticismo ante la retórica simplona y alhacarienta de los políticos de hogaño y del alejamiento de sus exorbitantes y falaces propuestas. Catorce o diez y seis horas al volante constituyen una fuente de insuperable enriquecimiento individual a través de la charla y la meditación. Que en el curso que para ellos también pronto comenzará continúen en su entrega para la felicidad de todos y prosigan con la bandera y el ejemplo en alto.

Pronósticos y augurios muy generalizados acerca del ya inmediato otoño vaticinan un cierre de año soialmente convulso a causa no sólo de las secuelas de la pandemia, sino también de la andadura de la economía en la que está aún por testar con firmeza una coyuntura alcística y globalmente favorable. En cualquier caso, las reservas morales y del mínimo optimismo ciudadano para afrontar con rendimientos tangibles las consecuencias de una crisis tan devastadora como la padecida por el país en los últimos meses requieren y hacen indispensable el cumplimiento más estricto y, llegado el caso, abnegado de las responsabilidades individuales y colectivas. El trabajo afanoso y, a menudo igualmente, animoso no nos faltará.

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