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Chávez, porqué no te callas

viernes 12 de septiembre de 2008, 23:04h
Hay personas que destacan por sus logros académicos, políticos o deportivos. Si ponemos como ejemplo a galardonados con el premio Príncipe de Asturias, encontramos a escritores como Carlos Fuentes o Mario vargas Llosa, historiadores como John Elliot, o políticos como Ingrid Betancourt. Todos ellos han destacado en su actividad profesional y personal. Sus acciones les describen. Ocurre lo mismo en el lado contrario de la balanza. Personajillos del tres al cuarto que, incapaces de despuntar en algo provechoso, se dedican a llamar la atención de la manera más estrafalaria posible. Sus méritos son nulos, en contraposición con su desmedido afán de protagonismo. Sus declaraciones públicas, así como su forma de conducirse, son las que les retratan. En el caso del mandatario venezolano Hugo Chávez, cuya verborrea excede siempre de lo grotesco, puede decirse sin ambages que esta vez se ha superado a sí mismo. Dicho esto, tampoco conviene olvidar que el señor Chávez, si bien carece de sentido, tiene, sin embargo, un propósito. Otra cosa, es que no nos guste y que pensemos honestamente que su política es desastrosa para Venezuela, en particular, y América Latina, en general.

El líder bolivariano le ha dado 72 horas al embajador norteamericano en Caracas para que abandone Venezuela, insultándole gravemente a él y a sus conciudadanos. “¡Váyanse al carajo, gringos, váyanse a la mierda!”. Así entiende Chávez la política. Esta “anécdota” precede a la que tuvo lugar en el feudo de su amigo Evo Morales. El cocalero, incapaz de gobernar un país al que ha hundido si cabe aún más, puede colgarse la medalla de haber sido capaz de generar más problemas de los que de por sí ya había cuando llegó al poder. También ha sido mérito suyo ahuyentar a la posible inversión extranjera en Bolivia, con su retrograda política de nacionalizaciones. Ante el caos generado –hasta se le sublevan algunas regiones, dada la ineptitud de su gestión-, Morales ha optado por una explicación ponderada, razonada y cabal: la culpa es de Estados Unidos. El porqué no está muy claro, pero eso es lo de menos. Por supuesto, un fino estadista como Chávez se ha dado cuenta de que las razones del cocalero son irrefutables, y se ha apresurado a hacer lo mismo. Amenazando con una posible incursión militar en Bolivia si importunan demasiado a Evo Morales. Y agitando de nuevo el fantasma de la subida del petróleo. Juzguen ustedes mismos. No obstante, a efecto de un análisis objetivo, conviene distanciarse de exabruptos y gestos aparatosos –por más que grotescos- dirigidos a la galería populista. Detrás del estrado, y entre bambalinas lo que se oculta es una posición interna cada vez más precaria de ambos caudillos indigenistas. La huida adelante es un juego tan viejo en la política como la naturaleza humana. El problema es que, por más que puedan ser heraldo de un fin relativamente próximo, los costos del desafuero pueden resultar inabordables para sus países y la región en cuestión.
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