A vista de las encuestas publicadas a lo largo del mes de julio parece claro que, si hoy hubiera...
A vista de las encuestas publicadas a lo largo del mes de julio parece claro que, si hoy hubiera elecciones, Pedro Sánchez resultaría derrotado, Pablo Casado sería el vencedor y abriría los portones del palacio de la Moncloa al Partido Popular. Está claro que el presidente del Gobierno hará todo lo posible por agotar la legislatura hasta el año 2024, lo que le asegura mantenerse en el poder dos años y medio más.
Esta circunstancia no provocaría preocupación si no fuera porque, para cumplir con las exigencias de Gobierno y poder aprobar las leyes exigidas por su proyecto programático, Pedro Sánchez necesita en el Congreso de los Diputados los votos de los comunistas, de los secesionistas vascos y catalanes y de los proetarras de Bildu, lo que significa que continuará haciendo concesiones, con grave deterioro para la unidad de España, para la independencia de la Justicia y para la igualdad económica entre partidos y entre Autonomías.
Pedro Sánchez está atrapado en una jaula de la que no puede salir, aunque trate de dorar la píldora ante las autoridades europeas. Todas tienen claro que preside un Gobierno de Frente Popular y que cuenta para la mayoría parlamentaria con los partidos de extrema izquierda comunistas, con los separatistas y con los proetarras. ¿A quién afecta sobre todo el cautiverio político de Pedro Sánchez? A España y a los españoles. También al PSOE que ha sido un partido ejemplarmente democrático y se agita y escinde ahora por los tirones de la ultraizquierda que le aproxima a Cuba y a Venezuela en lugar de a Francia y a Alemania.
Durante los dos años próximos, Pedro Sánchez, si nadie lo remedia, seguirá utilizando, los Presupuestos Generales del Estado, es decir el dinero público y las concesiones políticas, algunas anticonstitucionales, para permanecer cómodamente sentado en la silla curul de Moncloa.