La objetividad exige reconocer que desde hace al menos un año la corrección preside las relaciones...
La objetividad exige reconocer que desde hace al menos un año la corrección preside las relaciones de Pedro Sánchez con la Monarquía parlamentaria. El presidente del Gobierno ha asumido el protocolo tradicional, ha paralizado la vidriosa ley de la Corona, ha impedido en varias ocasiones la formación de comisiones de investigación en el Congreso de los Diputados y, además, cada vez que habla en público elogia los gestos del Rey, destacando su prudencia y la transparencia con que funciona la Casa Real.
El problema consiste en que como Pedro Sánchez ha mentido de forma inmisericorde, no sabemos si su actitud hacia la Corona es sincera o si se trata de un engaño para ganar tiempo y enfrentarse con el Rey en los plazos que, enmascaradamente, tiene previstos conforme a su alianza con Podemos, la extrema izquierda comunista, los secesionistas vascos y catalanes y los proetarras.
Me falta información para saber cuál es la posición real de Pedro Sánchez. Hay que convenir, sin embargo, que, hasta ahora, el presidente se ha movido en la seriedad constitucional al tratar a la Monarquía parlamentaria. Es seguro que la posición del Rey, su discreción y su serenidad, han influido en hacer viable la relación con el presidente del Gobierno. Quizás Pedro Sánchez actúe con seriedad y buena fe. Pero ha engañado tantas veces que es imposible despejar las incertidumbres en todo lo que concierne a su gestión. Quedémonos por ahora en los aspectos positivos de su relación institucional con el Rey. Y ya veremos lo que pasa en el futuro.