El rapto de Europa
sábado 13 de septiembre de 2008, 18:30h
En estos días de convulso contexto internacional y turbulentos episodios políticos protagonizados por actores tan dispares como Estados Unidos, Bolivia, Rusia o Venezuela, resulta casi grotesco dedicar un artículo a hablar de Europa. Y es precisamente por ello que considero oportuno hacerlo.
¿Dónde está la vieja Europa, la que resurgió de sus cenizas para enarbolar la bandera de un never again aprendido a fuerza de tropiezos? ¿Qué fue de la Europa intelectual que parecía destinada a dirigir los designios de la nueva era democrática? ¿Qué queda de los sublimes discursos, de los buenos propósitos, de los nobles valores, de los grandes líderes europeos? ¿Es que nadie en el viejo continente está dispuesto a asumir el relevo de los Mitterrand, González y Kohl?
Europa es hoy un actor secundario en un escenario sobre el que han comenzado a desfilar nuevos protagonistas. Estados Unidos continúa desempeñando el papel estrella, pero hay otros personajes que han irrumpido en la escena y aspiran a tener su momento de gloria. La alargada sombra del gigante chino ya ha comenzado a cernirse sobre el mapa geopolítico, Venezuela juega a la revolución antiimperialista con los bolsillos llenos de petróleo y Rusia aspira a recuperar el protagonismo perdido a base de exhibiciones de fuerza, al más puro estilo soviético. Y, mientras tanto, Europa contempla la película como si le fuera ajena, sentada en una butaca de segunda fila de la que, paradójicamente, solo asoma tímidamente la cabeza de un Sarkozy que, aunque tiene una indudable vocación de actor y le pone voluntad, carece del carisma y la brillantez de que debe hacer gala un auténtico líder político. Resulta inquietante que la figura más representativa de la diplomacia europea sea un tipo con aires de Superman aficionado a los efectos especiales. Sabemos que luce una escultural mujer y que es capaz de tomar un avión con destino a África y partir al rescate de cualquier dama en apuros con tal de salir en la foto y apuntarse un tanto. Por lo demás, este histrión hollywoodiense no me despierta ninguna confianza.
Así pues, Europa está fuera de juego, y la última muestra que ha dado de ello puede encontrarse en su respuesta al reciente desafío de Moscú. Mientras los grandes analistas han hecho saltar todas las alarmas y especulan con un posible retorno a la Guerra Fría, Europa actúa con ambigüedad, recurriendo a una política de apaciguamiento digna del más incompetente Chamberlain. Ya sabemos las trágicas consecuencias que nos deparó la actitud del “hombre del paraguas”, así que más vale que Europa encuentre pronto a su Churchill.
Ajena al mundo que le rodea y desentendida de cualquier responsabilidad internacional, Europa permanece sumida en su agujero, incapaz de remontar el vuelto e intentando reinventarse a golpe de tratados que no logran despertar el entusiasmo de sus ciudadanos. El viejo continente trata de labrarse un futuro que le devuelva al presente, pero sus torpes pasos nos hacen añorar el pasado. Un escalofrío me recorre la espalda al pensar que el mundo en el que vivimos está en las manos de personajes de la talla de Bush, Chávez, Putin o Ahmadineyad. Y ahora, justo cuando más se la necesita, Europa no está. Algunos todavía la esperamos.