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TRIBUNA

No disparar al pianista

Juan Carlos Barros
miércoles 11 de agosto de 2021, 20:33h
“Tirez sur le pianiste” es el título de una película de François Truffaut en la que un pianista clásico (Charles Aznavour) acaba tocando en un bistrot, donde inútilmente intenta ocultar su identidad y se ve metido en asuntos turbios, porque el pasado siempre vuelve.

En el western “El Dorado” de Howard Wawks, John Wayne va a comprar un rifle y cuando pregunta de quién era le dicen que de uno que se metió en una pelea en un saloon y como la canción que estaba interpretando el pianista no le dejaba disfrutar plenamente de la refriega, cogió y le disparó, y después cogieron y le colgaron a él.

Ahora en la Unión Europea el derecho está en un trance semejante al del pianista y puede acabar pagando el pato de tan peculiar organización, dado que la Comisión ha iniciado un procedimiento de infracción contra Alemania porque su Tribunal Constitucional ha declarado inconstitucional la compra de deuda del Banco Central Europeo y además por no haber cumplido una sentencia al respecto del Tribunal de Justicia de la Unión.

Desde su fundación se decía de la Unión que estaba basada en el derecho, pero eso solo es parcialmente cierto porque nació con un pan bajo el brazo, consistente en avanzar en la integración; lo cual se traduce en que la organización presenta una característica doble casuística: una, dentro de los cauces y otra, por fuera de ellos cuando le vienen estrechos para su misión.

Mirar más a la historia es lo que necesita la Unión, que se equivoca si piensa que acaba de inventar el estado de derecho, ya lo había desde mucho antes en Europa cuando ella llegó. En la Unión las normas no se denominan leyes y tampoco tiene constitución ni hubo forma de dársela después de mayor.

No obstante, y a efectos de esclarecer más esta cuestión de la primacía del derecho de la Unión, lo mejor es remitirnos sin dudar al también singular origen de la expresión “No disparar al pianista”, como veremos a continuación.

Las primeras referencias están todas en América y en 1883 concretamente se publicó en “The Isle of Wight Observer” esta noticia que tenía a Oscar Wilde como protagonista:

“Cuando llegué a Leadville”, dice el señor Wilde, “por la tarde fui al casino. Allí estaban los mineros y las amigas de los mineros y en una esquina un pianista -el típico pianista- sentado al piano, encima del cual había este cartel: ‘Por favor no disparar al pianista, hace lo que puede.”

En 1879, “The Sheffield and Rotherham Independent”, por su parte, dio esta información:

“Un viajero que acaba de llegar de California nos describe el ambiente social del país como ligeramente anárquico. No solo todo el mundo hace lo que él cree que está bien, bajo su punto de vista, sino que se expresa de manera bastante consistente -normalmente a balazos- contra cualquier cosa que haga cualquiera que a él no le guste. En una iglesia -porque allí hay iglesias- que nuestro viajero visitó por casualidad vio que había un cartel con esta inscripción tan entrañable escrita en grandes letras en el cabrete del órgano: “Se ruega no disparar al organista, hace lo que puede.”

Y “The Northampton Mercury”, el mismo año, contó lo siguiente:

“Durante una misa en Pooleville, Arkansas, el párroco dijo: “Una vez más me tengo que disculpar por la ausencia del nuevo tenor que hemos contratado para el coro. Esperamos que llegue en el próximo tren y estará en su puesto el domingo siguiente sin excusa. Mientras tanto me gustaría pedirles que la actual practica de disparar al organista durante la misa se termine. Es una costumbre ridícula y perturba a la congregación porque llena la iglesia de humo. El pobre hombre tiene sus faltas, pero hace lo que puede. Además luego quedan agujeros en el nuevo órgano.”

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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