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EN LA FRONTERA

Martínez Somalo, un gran cardenal de la Iglesia

sábado 14 de agosto de 2021, 18:48h

El pasado 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, se nos fue a la Casa del Padre, Eduardo Martínez Somalo, un gran cardenal de la Iglesia, que el 5 de abril del 2005 abrió su maletín marrón, que había viajado con él desde su pueblo natal, el riojano de Baños del Río Tobias, y que ese día, como Camarlengo de la Santa Madre Iglesia, tenía que realizar una penosa labor, pues sacó de él, un pequeño martillo de palta, se acercó al cuerpo inerte de San Juan Pablo II y golpeó suavemente la frente del Papa y en voz alta, solemne, el purpurado español, formuló una pregunta hecha durante siglos ante los cadáveres de pontífices: “Karol Wojtyla, ¿estás muerto?”.

Martínez Somalo esperó la respuesta durante un minuto. Después otro nuevo golpe en la frente del Papa y repitió la pregunta. Tras una nueva espera de 60 segundos, tercer pequeño martillazo, para después volverse ante los pocos presentes y decir: “El Papa Juan Pablo II está verdaderamente muerto”. Su Papa, el hombre que había confiado en él misiones muy complicadas ya no estaba entre el mundo de los vivos y él, Martínez Somalo, tenía ahora el difícil encargo que le había hecho Wojtyla en 1993: ser Camarlengo de la Santa Madre Iglesia, a lo que es lo mismo que responsable de todo el gobierno mientras durante la Sede Vacante, y preparar el Cónclave que eligiese a otro hombre para ocupar la silla de San Pedro, Esa noche del 5 de abril, según me confesó personalmente unas semanas más tarde, lloró más que nunca. Unas lágrimas que empezaron a brotar de sus ojos nada mas cerrar los apartamentos pontificios y que duraron prácticamente hasta el entierro del Papa.

Conocí a este gran hombre en mi época de corresponsal de Radio Nacional de España y tuve la fortuna de viajar con Martínez Somalo en las peregrinaciones que San Juan Pablo Segundo hizo a diferentes lugares del mundo. Durante esos viajes y en su despacho del Vaticano mantuve largas conversaciones con ese riojano que acaba de fallecer y a quien San Juan Pablo Segundo hizo Sustituto de la Secretaria de Estado, el tercer puesto de importancia en la Santa Sede, para después nombrarle cardenal y Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y en 1993, como hemos dicho, Camarlengo.

Don Eduardo, como le llamábamos todos, a pesar de que él insistiera en el “tuteo” fue uno de los artífices del primer viaje apostólico del Papa a España y supo torear con destreza impedimentos muy significativos, como la breve visita al País Vasco, que las entonces autoridades españolas veían muy complicada, ante un posible atentado por parte de ETA.

En mis conversaciones, Martíez Somalo siempre me mostró su preocupación por la Iglesia de nuestro país y por las Instituciones relacionadas con la misma y vivió con pena la desaparición de la Editorial Católica, pues estimaba y mucho la obra del Cardenal Herrera Oria, con quien ya en la Casa del Padre seguro que abordará los espinosos asuntos de estas Instituciones y su repercusión en la sociedad civil española de la actualidad.

El Papa FRANCISCO estimaba y mucho a Martínez Somalo y así lo ha hecho saber estos días con unas palabras en las que mostraba “admiración” y también “afecto" por el “testimonio espiritualmente fecundo” ofrecido por el cardenal español y por “la larga y rica experiencia adquirida” en su papel de “diligente colaborador de seis de mis predecesores que le confiaron cargos delicados e importantes”.

Descanse en paz, querido Don Eduardo.

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