La objetividad periodística exige reconocer que el descenso del paro en el mes de agosto es una excelente noticia...
La objetividad periodística exige reconocer que el descenso del paro en el mes de agosto es una excelente noticia para la economía española. 82.583 desempleados menos, supone una cifra considerable, aparte de que 76.511 cotizantes nuevos se han incorporado a la Seguridad Social.
Ciertamente, el año pasado estábamos en plena pandemia en toda Europa. Ciertamente, todavía figuran en el Erte, 272.190 personas. Ciertamente, la juventud sigue golpeada. Ciertamente, la Seguridad Social dispone de 118.004 cotizantes menos que en el mes de julio. Ciertamente, se pueden añadir otros varios factores negativos. Pero al analizar la situación sobre el desempleo, el balance de agosto ha sido altamente positivo y es necesario dejar constancia de ello si no se quiere caer en el sectarismo.
El pueblo español, que históricamente se crece siempre ante las dificultades, se está enfrentando con eficacia a la crisis que angustia a la nación, sepultada en la cripta de una deuda pública que roza el billón y medio de euros. Los horizontes de la economía española se han hecho tenebrosos y los especialistas más objetivos auguran años de extremada dureza. Sin embargo, no hay que sumergirse en la desesperanza. Y cuando se produce una situación positiva, una cifra reconfortante, conviene subrayarla así. No es que yo tenga fe en los aciertos económicos del Gobierno. Los meses de enero y febrero de 2020 antes de la pandemia fueron lamentables y apuntaban a la catástrofe. Pero sí mantengo mi confianza en la iniciativa de los empresarios españoles, en la capacidad para el trabajo y el sacrificio del pueblo y en que estamos integrados en una asociación de naciones -la Unión Europea- que permanece a la cabeza de la prosperidad en el mundo actual.