www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La decepción de la independencia americana

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 03 de septiembre de 2021, 19:55h

Presidentes americanos como Pedro Castillo, Evo Morales, Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel o Andrés Manuel López Obrador nos hacen pensar que la independencia de nuestras colonias americanas ya nació con muy mala estrella.

La falaz demagogia comunista en Hispanoamérica ha asumido con tenacidad el objetivo de ultrajar a la “descubridora y conquistadora” España con monstruosos embustes sobre el genocidio indio y la destrucción cultural. Pero lo que se constata es que en todas las repúblicas que eran entonces colonias vivían los indios y los mestizos como ciudadanos con los mismos derechos que los españoles blancos ante la Corona de España. La aniquilación sistemática y programada del indio ocurre después de la independencia, cuando las colonias dejan de serlo para ser repúblicas libres – aunque en el Congreso de Tucumán se pensó primero en poner en el gran trono americano a un descendiente real de los incas que debería casarse con una princesa española o portuguesa de la Casa de Braganza, pero las ambiciones de los grandes terratenientes triunfaron posteriormente, con las Repúblicas y el genocidio -. El Paraguay fue aniquilado en unos tiempos en que las guerras europeas no habían dejado de ser versallescas y simple pieza de política. Su población masculina fue extirpada y los recursos de la nación aniquilados cuando aún faltaban muchos años para que en Europa se practicara el aplastamiento sistemático de los pueblos.

Con respecto al mestizaje, hay que recordar que desde Troya la mujer es trofeo principal para los conquistadores: Briseida, Criseida, Hécuba, Casandra, etc. Lo mismo que los griegos hicieron los españoles, también entre las indias hubo sus Briseidas y Criseidas, y hay que decir de forma taxativa que donde no hay mestizaje hay extinción sistemática y violenta de la población. El puritanismo anglosajón no consintió la unión con las indias, raza inferior, porque sencillamente eliminó en algunos territorios a la población entera, en diversos genocidios no debidamente estudiados ni divulgados. La pudibundez no logra su pleno orgasmo calvinista sin la extinción de la raíz indígena. Extinción o campo de concentración. Todavía hoy, en los EEUU, los indios, como el bisonte, viven en Parques Nacionales, pero los únicos neologismos que tienen las lenguas indias musgoki, cherokee o sioux, son vocablos españoles, y muy abundantes. Y es que el conquistador español se unió con la india, hija de la nación vencida, como un Aquiles y un Agamenón, y de esa unión salió el mestizo, que es el habitante americano por antonomasia.

Lo malo no son las amputaciones y las renuncias que hemos sufrido en nuestra historia imperial, sino que aún nos acongojen y nos duelan, envenenadas además con mentiras urdidas que se aprenden en las escuelas americanas. Pero los indios que asesinaron el gaucho y el criollo es responsabilidad única de la República Argentina. El mismo historiador argentino Ezequiel Martínez Estrada reconoce que “fue el mismo hombre que se levantó contra el dominio español el que había de tratar al indígena con mucha mayor saña y encarnizamiento que el mismo conquistador”, y que “durante el virreinato gauchos e indios convivieron pacíficamente en las faenas pecuarias…El odio florece en 1810, en plena República”. El conquistador es hoy inmolado, en tardío e histérico sacrificio expiatorio “ad maiorem gloriam” del buen salvaje. Se ha olvidado que son los conquistadores los que desbravaron la extraña tierra, hicieron posible la vida en ella al mismo indígena, que, por ejemplo, no pudo poblar la Pampa más que cuando hubo vacas y caballos traídos de Castilla.

La Independencia de las colonias americanas, llegada tan irremediablemente, fue un mal tan grave para la antigua América española como para España misma. La ocupación de España por las fuerzas napoleónicas y la instauración del intruso Jose I motivó la Independencia americana. ¿No se sublevaron Argentina y Méjico en nombre del rey Fernando? La independencia de la América española tiene su perfecto paralelo en la de Indonesia o en la guerra de Indochina, a consecuencia de la ocupación de Holanda y Francia por las fuerzas de Hitler. La Segunda Guerra Mundial nos sirve para comprender la amplitud y gravedad de las consecuencias de la invasión napoleónica en España. Los aliados de los ocupados encuentran bastante oportuna la rebelión y la independencia. Y ésta se justifica por la capitidisminución de la Metrópoli. El resultado de la independencia en los distintos territorios americanos sorprendió a sus profetas y caudillos, quienes se resistieron a contemplar serenamente la nueva realidad y casi todos murieron desterrados, presas del desencanto y del fracaso de sus sueños, e incluso dominados por negros presagios. Pesada burla de la historia, que siempre saca cosa distinta de la que soñaron los fundadores, los creadores y los héroes. ¿Qué pensaría un Miranda, el gran amigo de Alexander Hamilton, de quienes gobiernan hoy la mayor parte de las repúblicas hispanas? Ni en sus peores sueños este amante de Catalina la Grande pudo tener las visiones de lo que es hoy la putrefacta realidad hispanoamericana.

El celestial Paraíso que los Padres Jesuitas levantaron en el Paraguay, una especie de república platónico-cristiana, un extraño y extraordinario mundo católico, barroco y dulce, se debió a corrientes de pensamiento que nacieron en las aulas de Salamanca y Coímbra, y el crimen bien organizado por Bucarelli, se debió a los intereses de familias criollas genocidas, que acabarían regentando con el tiempo el gobierno libre de Buenos Aires.

¡Qué poco se han encarnado aquellas ideas de libertad y fraternidad por las que combatieron los cuatro o cinco padres fundadores de la América española! La independencia de aquella América fue un desastre sin paliativos. Es evidente que América no estaba madura para la independencia, y aquí nadie hizo caso al resultado de la batalla de Ayacucho. Y es que España nunca toma en serio lo que está a punto de destruirla.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (23)    No(0)

+
2 comentarios