Pedro Sánchez ha vuelto a insistir en su promesa de que “al final, este año pagaremos por la factura de la luz como en 2018”. Y acaba de alardear de que “pronto” se abordarán las medidas para abaratar el precio de la energía. Muy pronto tendrá que ser. Muy pronto tendrá que pensar y decidir esas medidas si quiere cumplir con su compromiso. De momento, nada se sabe de las milagrosas fórmulas que baraja el presidente del Gobierno. Pero, al menos, le ha servido para aparecer de nuevo ante los medios de comunicación y dar la sensación de que está trabajando duramente para acabar con las escandalosas tarifas, subastas y demás mejunjes que encarecen el precio de la luz.
Las fórmulas que ahora oculta Sánchez deben de ser mágicas, porque acaba de saberse que el Gobierno ha decidido que la rebaja de los impuestos del IVA, que apenas se ha notado, se replantee trimestralmente desde marzo de 2022. El PP, sin embargo, ha presentado una proposición de ley en el Congreso para que esas cargas fiscales sean eliminadas para siempre.
El Congreso de los Diputados debería celebrar un pleno sobre el mazazo económico para familias y empresas que ha supuesto el recibo de la luz. Que cada partido exponga sus medidas y que se intente alcanzar acuerdos sobre las que sean más eficaces y duraderas. El problema, como siempre, puede ser que el Gobierno se ponga en manos de sus socios de Gobierno y de legislatura.
Pedro Sánchez, de momento, tiene una promesa que cumplir. Debe ponerse en marcha con urgencia para llegar a tiempo. Supondría un acierto que apoyara la propuesta del PP de eliminar esa mínima rebaja del IVA permanentemente. Pero eso, jamás lo hará. Y al presidente del Gobierno le dan grima los plenos en el Congreso de los Diputados. No aguanta que le abofeteen. Hay que esperar a que Sánchez anuncie a bombo y platillo sus estelares medidas: las que acabarán con la infame factura de la luz. Ha prometido que será “pronto”.