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Ensayo

Javier Arteta: Euskadi, cuarenta años después

domingo 12 de septiembre de 2021, 18:58h
Javier Arteta: Euskadi, cuarenta años después

Catarata. Madrid, 2021. 352 páginas. 19 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Euskadi, 40 años después. Voces socialistas en el Parlamento Vasco, 1980-2020, Javier Arteta nos ofrece una obra dinámica en la que expone los elementos más sobresalientes de la reciente historia política de la Comunidad Autónoma Vasca. Para ello, prioriza como actor principal al PSE. En este sentido, la parte final del libro contiene una serie de intervenciones parlamentarias de algunos de sus principales referentes a lo largo de esta etapa autonómica, lo que permite al lector conocer la postura del socialismo vasco sobre cuestiones como educación, economía y, sobre todo, ETA.

El autor establece dos escenarios complementarios. Por un lado, los periodos en los que el PSE participó en el gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca, unas veces como parte de una coalición encabezada por el PNV y otras en solitario, como ocurriera entre 2009 y 2012. Por otro lado, a modo de eje transversal que permea por toda la obra, aparece ETA, en tanto en cuanto no debemos olvidar que la citada banda terrorista condicionó la política en Euskadi y asesinó a numerosos socialistas vascos (Fernando Buesa, Isaías Carrasco…). Como nexo de unión entre ambos planos encontramos la defensa a ultranza efectuada por el PSE del binomio formado por la Constitución de 1978 y el Estatuto de Gernika, a cuya reforma nunca se ha opuesto siempre y cuando la misma se realice respetando la legalidad vigente.

Arteta sigue un escrupuloso orden cronológico en su exposición, lo que permite ver los contrastes que se dieron entre los gobiernos monocolor del PNV y aquellos otros en los que se integró el PSE. Así, en los primeros el nacionalismo priorizó el componente identitario, radicalizándose en innumerables ocasiones. Además, los jeltzales aprovecharon su dominio sobre las instituciones para formular continuos reproches a “Madrid”, moldear a su antojo a la opinión pública e imponer una serie de “verdades oficiales”, algunas de las cuales persisten en la actualidad, como el mantra que sostiene que “el pueblo vasco rechazó la Constitución” (p. 30) o aquel otro que alude machaconamente a la existencia de un “conflicto” entre Euskadi y España.

En los primeros años de funcionamiento de la autonomía vasca también se observó un dominio absoluto de la calle por parte de la izquierda abertzale, hacia cuya violencia de persecución contra los simpatizantes del PSE y del PP, el PNV siempre se mostró indulgente. En efecto, con motivo del incremento de la kale borroka, el socialista Fernando Buesa hacía la siguiente advertencia al nacionalismo: Les exigimos, porque gobiernan, que ustedes utilicen el ascendiente que tienen en el movimiento nacionalista y las alianzas que mantienen con EH y su entorno para reclamar el cese inmediato e incondicional de las acciones de la abertzale borroka” (p. 68).

Con todo ello, como bien refleja esta obra, a pesar de que el socialismo vasco ha actuado como dique de contención de las aspiraciones soberanistas del PNV, estas nunca desaparecieron de la hoja de ruta diseñada por los herederos ideológicos de Sabino Arana, un fenómeno reflejado en la defensa del derecho de autodeterminación en 1991 o en el Plan Ibarreche. Este último, producto del acercamiento entre el nacionalismo “moderado” y el radical, recibió una enmienda a la totalidad por parte del PSE ya que “nos propone unilateralmente y sin diálogo previo con nadie, un cambio radical en el marco jurídico-político de Euskadi (…) Y lo hace con el propósito de imponer a un país plural y diverso, como es el País Vasco, los criterios del nacionalismo más etnicista y radical (…) Es una propuesta para la división y el enfrentamiento en el seno de la sociedad vasca y entre el País Vasco y el Estado” (págs. 187-188). De una manera más particular, esta deriva del PNV provocó que los consensos básicos laboriosamente alcanzados en la década anterior saltaron por los aires” (p. 66).

El momento álgido en la evolución del socialismo vasco descrita por Javier Arteta llegó con el gobierno de Pachi López (2009-2012), un hecho que significó la victoria de la agenda social sobre la nacional. Sin embargo, la compleja coyuntura económica condicionó notablemente esta breve etapa en la que también se asistió al final de ETA, a cuyas víctimas el socialismo vasco reivindicó como referentes éticos y morales. En palabras de Rodolfo Ares: Durante muchos años, algunos han querido olvidar a las víctimas, han pretendido ocultarlas. Muchos, como ya he dicho, miraban para otro lado cuando se producían asesinatos, como si no fuera con ellos” (p. 209).

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