Lo peor está por venir
martes 16 de septiembre de 2008, 00:48h
Los temores de los analistas más avisados se han hecho realidad y Lehman Brothers se ha visto forzado, ante la insostenible situación de su estado financiero, a declarar la quiebra. Todos los ojos se posaron, entonces en Merryll Lynch, cuya posición financiera estaba también en entredicho, pero antes de que los rumores se convirtiesen en la peor noticia, Bank of America, quizás "asesorada" desde las autoridades federales, se ha lanzado a adquirirla para salvar otro gran banco que se encaminaba a la quiebra. ¿Qué crisis es esta que se lleva por delante a bancos que han sobrevivido durante siglo y medio? ¿Por qué nos alerta el Fondo Monetario Internacional de que lo peor está por llegar?
Lo que estamos viviendo es una crisis económica de grandes dimensiones, mucho más profunda que lo que, en principio, pudiese parecer. Su origen es remoto; se sitúa hace más de una década, por la política crediticia excesivamente laxa por parte de la Reserva Federal. Sus causas se agravaron con la apuesta decidida y sin frenos económicos y morales por el expansionismo crediticio después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Los bancos se encontraron con tanto dinero que se pusieron a prestar incluso a aquellos a los que jamás prestarían ni 100 dólares porque no cuentan con medios para devolverlos. Son las famosas hipotecas "subprime".
También se favoreció una política que va en contra de los principios tradicionales de la gestión bancaria, a saber, prestaban a largo plazo (hipotecas y demás) financiándose a corto plazo (depósitos a la vista) para beneficiarse de la diferencia que hay entre uno y otro tipo de interés. Se sabe de antiguo el mal que encierra esta práctica inmoral, a la que no han sido ajenos los bancos de otros países. Se iniciaba así una carrera por financiar al mercado inmobiliario que se retroalimentaba con las espectaculares subidas de los precios de los activos. Quedaron atrás todas las precauciones ante el reclamo de los fabulosos beneficios.
Pero comenzó a filtrarse la inflación y los bancos centrales, y con ellos la Reserva Federal, empezó a subir los tipos de interés. Pronto, muchos que habían acudido a una deuda excesivamente baja, comenzaron a verse ahogados, y empezaron a crecer alarmantemente los impagos. El valor de los activos comenzó a caer y la banca, que actuaba como si la liquidez fuera ilimitada, empezó a ver que ésta escaseaba. Y que sus préstamos ya no se pagaban como antes. La crisis ha comenzado.
Ahora estamos en lo más duro para el sector bancario, pero todavía nos queda por ver todo el reajuste de la economía real. Veremos muchos proyectos empresariales que se iniciaron sólo porque el crédito era en exceso barato y que terminarán antes de haberse concluido, con despidos masivos y capital sin utilizar. El ahorro prácticamente ha desaparecido y el consumo está siguiendo el mismo camino. Lo peor está aún por venir.
Mientras el Gobierno español prefiere mirar a otro lado, en otras partes del mundo se le ha tomado la medida a la crisis económica y se preparan a conciencia para gestionarla. Cuando queramos hacer lo mismo será ya demasiado tarde.