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Autobiografía

Woody Allen: A propósito de nada

domingo 19 de septiembre de 2021, 22:06h
Woody Allen: A propósito de nada

Traducción de Eduardo Hojman. Alianza. Madrid, 2020. 440 páginas. 19, 50 €. Libro electrónico: 9,49 €.

Por Luisa Martínez

El extraño título de A propósito de nada encierra una de las autobiografías más esperadas y, a la vez, más polémicas. ¿Las habría publicado su autor, Allan Stewart Konigsberg, conocido como Woody Allen (Nueva York, 1935), si no se hubiera visto envuelto en un turbio asunto de presuntos abusos a Dylan Farrow, cuando la hija de quien fue una de sus parejas, Mia Farrow, tenía siete años, y él mismo la había adoptado? El caso es que en esta autobiografía, escrita de manera torrencial, toda seguida, sin ninguna división en capítulos ni partes, dedica más de cien páginas a abordar dichas acusaciones de pedofilia, a negarlas y defenderse de ellas y, sobre todo, a realizar un duro ajuste de cuentas con Mia Farrow, su actriz fetiche en más de diez películas, y con quien mantuvo una relación sentimental en la que nunca vivieron juntos, sino cada uno atrincherado en su apartamento.

No ahorra Woody Allen calificativos contra Mia Farrow, a quien considera manipuladora, mentirosa y desequilibrada, aunque no le duelen prendas en señalar que su trabajo fue bueno en los filmes que rodaron juntos. Y detalla cómo trascurrió su peculiar relación hasta que saltó por los aires. Mia descubrió una fotos de Soon-Yi desnuda en la casa de Allen. Episodio sobre el que comenta: “¿Dejé las fotos a propósito a la vista para cortar una relación ya agotada? ¿Inconscientemente quería romper? No. Fue solo el error de un tonto”. Sea como fuere, Woody Allen y la joven coreana se casaron en Venecia, en 1997. Han adoptado dos hijos y parece que finalmente, más allá d la diferencia de edad, Allen encontró la estabilidad emocional en Soon-Yi, de quien, naturalmente, nos habla en A propósito de nada, revelándonos detalles curiosos como que en sus primera citas le organizó una proyección de El séptimo sello, de Ingmar Bergman -uno de sus cineastas preferidos-, ante lo que comenta: “Así de romántico era yo: El séptimo sello”. La ironía y el humor están muy presentes en esta obra.

Pero no piensen que su autobiografía se explaya en demasía en cuestiones del cuore. De hecho, confiesa en sus últimas páginas: “Lamento haber tenido que dedicar tanto espacio a la falsa acusación lanzada contra mí”, aunque trata de encontrarle, digamos, su lado positivo: “esa situación es como agua para el molino del escritor y añade un fascinante aspecto dramático a una vida que de otra manera sería bastante rutinaria”. Dichas cuestiones, obviamente, no podían estar ausentes, y así también asoman sus otras parejas, como Diane Keaton, con la que mantiene una buena relación y es la autora de la foto de Allen que aparece en la contraportada del libro, y menos al haber estado en el ojo del huracán mediático. Pero el director de célebres películas como Sueños de un seductor, Annie Hall, Manhattan o Match Point, entre muchísimas otras, nos sirve una autobiografía donde sigue en general las reglas del género, en el modelo que parte de la infancia del personaje y va transitando por toda su vida personal y profesional. Y en Allen, de 85 años, la vida tiene un largo recorrido. También vemos los principales rasgos de una personalidad sin duda compleja, que no oculta sus neurosis o fobias, como la que le impide de pronto entrar en algún sitio.

No se demostró en ningún tribunal que Allen hubiera abusado de Dylan Farrow, pero en general, fue sentenciado por los medios y linchado socialmente, y su autobiografía encontró enormes dificultades para ser publicada y en Estados Unidos se arremetió contra ella con saña. “Me sorprende –apunta Allen- que alguien como yo, que ha prestado tanta atención a los personajes femeninos en todo mi trabajo, haya sido atacado con tanta furia por los talibanes del MeToo”.

Está claro que los abusos a menores son repugnantes, y merecen una taxativa condena, al igual que toda violencia contra las mujeres. Pero de ahí media un abismo a que los talibanes de lo políticamente correcto campen a sus anchas y marquen a personas a quienes la Justicia no ha condenado. Si empezamos a ver esto como “normal”, apaga y vámonos.

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