www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Novela/ Ensayo

Manuel Chaves Nogales: Obra completa

domingo 19 de septiembre de 2021, 22:22h
Manuel Chaves Nogales: Obra completa

Traducción de las crónicas publicadas en inglés y francés por Yolanda Morató, Edición de Ignacio F. Garmendia, Prólogos de Antonio Muñoz Molina y Andrés Trapiello, Libros del Asteroide/ Diputación de Sevilla. Barcelona, 2020. 5 vols. 3.664 páginas. 99,95 €. Un verdadero acontecimiento literario es la publicación de las “Obras Completas” del escritor y periodista sevillano, quien, en medio del radicalismo rampante de uno y otro signo en los prolegómenos de la Guerra Civil, abogó por la Tercera España. Una obra de absoluta vigencia. Por Francisco Estévez

Frente al agridulce aniversario galdosiano, donde destaca la biografía y ensayo de Germán Gullón, o la nimia relevancia de los festejos de Miguel Delibes, el buen aficionado a la literatura y al patrimonio cultural de nuestro país debe si no alegrarse, al menos consolarse, con la excelente reunión de la Obra completa de Manuel Chaves Nogales por parte de Libros del Asteroide en 2020. La buena estrella editorial del escritor y periodista resulta del interés sostenido y lejano de modas por unos pocos finos lectores, entre ellos Abelardo Linares o Andrés Trapiello. Se ha aducido la constante postergación del periodismo en el canon literario (léanse las ilustrativas páginas de Xavier Pericay en el reciente Las edades del periodismo que publica la estupenda selección de breviarios Athenaica) como excusa del silencio que sufrió la obra del sevillano y, desde luego, es un lunar a subsanar en manuales de historia de la literatura.

Desde principio del siglo XX la prosa ensayística así como nuevas formas experimentales encontraban excelente tierras de abono en los periódicos, donde se hibridaron de pleno con las maneras del periodismo para cultivar novedosos géneros: la crónica, el reportaje, donde el magisterio de Chaves Nogales descolló. Ya atisbó con catalejo ese profundo cambio del periodismo el propio Galdós quien se hacía eco del mismo al inicio de la novela Nazarín (1895): “A un periodista de los de nuevo cuño, de estos que designamos con el exótico nombre de reporter, de estos que corren tras la información, como el galgo a los alcances de la liebre…”, donde el narrador de la “crónica” es uno de esos nuevos periodistas.

Chaves Nogales tuvo excelente mentor en su propia casa, su padre, Chaves Rey, cuya obra acaba de ser recopilada y publicada, Chaves Rey, el cronista de Sevilla (2021), gracias al cual desarrolló una ejemplar conciencia como destaca, por ejemplo, “La defensa de la propiedad intelectual. Los eternos fraudes editoriales”, que resulta de deseable lectura a todo juntalíneas. El texto comienza así: “Los tiempos no son literarios [...] se ha perdido el prestigio sacerdotal que su ejercicio acarreaba. Hoy todos escriben y todos escriben bien: el lector es tan capaz como el autor”. El artículo se encarga de demoler el mito literario con afirmaciones que escandalizan por su vergonzosa vigencia: “Nadie siente en España verdadera necesidad de leer […] el escritor miente acerca de lo que producen sus obras; miente el editor la cifra de sus ediciones, y mintiendo y trampeando, con eternos fraudes, falsificaciones y artimañas se quiere hacer ver que la literatura es una profesión liberal de noble y digno ejercicio y una industria de normal desenvolvimiento”. O tempora, o mores, que dijera Cicerón. Manuel Chaves Nogales siempre se consideró narrador, por encima de todo, de ahí sus tanteos iniciales como el ensayo literario La ciudad (1921) sobre Sevilla, tema y estilo en boga pues sólo 2 años separa al crucial ensayo de José María Izquierdo y Martínez, Divagando por la ciudad de la Gracia (1923), donde presenta la ciudad desde un misticismo estético que era furor de época y que alcanza hasta Sevilla en los labios (1938), de Joaquín Romero Murube, quien contra el tipismo propuso una Sevilla “ciudad de secreto interior, de veladuras misteriosas”.

La consagración periodística la alcanza Chaves Nogales con la serie de verdaderas crónicas, a la forma estadounidense, dedicadas a “La aventura de Ruth Elder” (1928), con las que consiguió el premio Mariano de Cavia con sólo treinta años y donde combina con soltura un tema de gran interés popular y seguimiento internacional. Las primeras líneas de La vuelta a Europa en avión, publicado como libro en 1929, aquellas recogidas en “prospecto”, debieran ser aprendidas de memoria por cualquier interesado en el periodismo ya que resultan todavía hoy, acaso más todavía si cabe, el padrenuestro de los papeles volanderos.

Con la agudeza sintética habitual, el sevillano apunta como altar del periodismo: “Contar, relatar, reseñar. Contar y andar es la función del periodista”, alejándose de los impertinentes dogmatizadores de siempre o los ideólogos de nuevo cuño, el “literatoide” o el “politicoide” en palabras del autor, mixtificadores ambos a la postre. Atendiendo bien al cambio de público lector que se ha sustantivado, señala sin sonrojo las limitaciones del oficio haciendo de la necesidad virtud: “La prensa no tiene ideas nuevas o cosas que no se hayan dicho antes, es una labor de divulgación donde se privilegia la eficacia frente a la sabiduría”. Estas condiciones parecen suficientes para catapultarle a lo que algunos ven como el mejor periodista español del siglo XX. Bien pudiera serlo o estar en nómina. Lo que es seguro es que su vida y obra son la prueba palpable de la defensa de la libertad de pensamiento en España.

La intuición de Chaves Nogales le dicta escoger España como tema, de entre los más peliagudos el imposible, puesto que en cuanto se convierte en bandera se jibariza al eliminar toda su complejidad, sustituyéndolo por la simplicidad del panfleto. En España es raro que se busque entender, cuando entender lo es todo. Sin embargo, Chaves Nogales sabía escoger siempre el mejor lote y cuando no, terciaba sin remedio: calificó a Goebbels en su famosa entrevista de “nazarenoide”, igual que a Lenin. Lo propagandístico de algunos de sus editoriales queda tamizado por el contenido ponderado de los textos y, por si fuera preciso, siempre expresó sinceras autocríticas con la amargura de no haber sabido ejercer con profesionalidad: “En este período revolucionario unos periódicos sinceros y veraces. Algún día nos lo tomarán en cuenta”.

Cabe destacar las geniales y verdaderas narraciones de Lo que ha quedado del Imperio de los zares (1931) o sus “Tres lecciones de republicanismo” donde, sorpresa, ya veía la mansa invasión de ingleses que se dedican al descubrimiento y ruina de las Baleares, vaticinando con acierto como Mallorca sería uno de los lugares más codiciados del mundo. En la visionaria “Los enemigos de la República” incluye a todos aquellos que deseen meter a la misma en un proceso revolucionario, de ahí que empiece con los comunistas y el anarcosindicalismo andaluz, a raíz del trágico suceso de Casas Viejas, que Ramón J. Sender inmortalizó en crónicas.

Mención aparte tiene el episodio central que supuso la crisis de Asturias y que llevó a varios de los mejores cronistas a relatar la tragedia, como fueron el propio Chaves Nogales, Josep Pla o José Díaz Fernández (hay edición conjunta con afinado prólogo de Jordi Amat en Tres periodistas en la revolución de Asturias). De especial consideración son las páginas analíticas de Chaves Nogales ante la proclamación unilateral de la República catalana, el golpe de Estado de Lluís Companys y el sucesivo encarcelamiento de los gobernantes catalanes y, en fin, el profundo desconcierto y desbarre general. Páginas de una vigencia no tan sorpresiva.

El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934), tiene uno de los inicios más fascinantes y evocadores de la literatura española del siglo XX: “A la sombra espectral del Moulin de la Galette, en el calvario pedregoso de la rue Lepic, deslizándose junto a los jardincillos empolvados de los viejos estudios de pintor, que huelen a permanganato y aguarrás; cobijándose en las grietas de la desvencijada plaza de Tertre, en aquel paisaje lunar que es hoy el corazón de Montmartre, va haciéndose viejo mi amigo Martínez”. De entre los muchos inéditos que recoge esta loable Obra completa destaco las Tres narraciones inéditas (1922-1923) donde encontramos el breve cuento “Yo, mi mujer y mis hijos”, burlón y magistral relato sobre la paternidad; “El crimen de anoche”, donde se explicita la diferencia entre el reportero y el cuentista exponiendo las costuras de ambos tipos de narración a cuenta de un crimen y el relato vanguardista “Por llegar un poco tarde” que resulta una joya de la prosa narrativa de aquellos años. La falta de seguimiento le hizo abandonar ese camino, que transitaban otros como Pedro Garfias y sus sobresalientes “Estampas” (1921-1929), por poner otro caso digno de recuperación.

Por consabido, apenas apunto el valor de la genial “biografía novelada” o “novela de la realidad” que es Juan Belmonte, matador de toros (1935), escrita en clave picaresca moral que la enlaza directamente, por ejemplo, con Vida de Manolo contada por él mismo (1927) de Josep Pla. Tampoco me explayo en señalar la obra maestra A sangre y fuego (1937), que debiera incluirse en el currículo de nuestros bachilleres como lectura obligatoria al ser excepcional testimonio literario de la II República y la Guerra Civil española. Allí plantea su famosa definición como “pequeño burgués liberal” y estructura la idea de la Tercera España. La exquisita coherencia del prólogo pudiera ser la portadilla a nuestra futura nueva Constitución. El prólogo de aquellas páginas resulta estremecedor en su claridad: “Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario […] Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín”. En unos tiempos donde la guerra y el miedo maniataban a todos, un hombre libre y responsable supo lo que era la responsabilidad de la escritura.

Esta Obra completa con más de 3.500 páginas en 5 volúmenes y más de 60 textos inéditos apunta un legado mayor en el periodismo y la literatura española del siglo XX. Si bien el goteo de los inéditos no termina aún pues aquí no se recoge “La caída de Barcelona”, recién descubierto por Abelardo Linares, publicado en 1939 en las revistas París Match y Hoy, muy probablemente de mano del propio Manuel Chaves Nogales debido a la línea inmediata de estilo y tema que lo conecta con el magistral artículo “Los secretos de la defensa de Madrid” (1938) aquí incluido. Esta vía investigadora anuncia la publicación de una buena cantidad de artículos publicados con seudónimo. El pulido escalpelo del escritor, el preclaro juicio y su conciencia lúcida de narrador excepcional lo aúpan a lo más selecto de las letras en español.

Un curioso impertinente con una fabulosa capacidad de contar de manera llana, cercana a la ecuanimidad, lo relevante del día mostrando al periodista como un intermediario que cuando no tiene más que decir con elegancia “Uno se mete las manos en los bolsillos y se va”, en resumen, los valores añorados de una tradición humanista, aquella de la Ilustración hoy en retirada ante los ataques de la cancelación. Y, por encima de todo, la propuesta teórica de una Tercera España que tan urgentemente necesitamos frente a los beligerantes extremos. Esta publicación alegrará a todo interesado por la cultura y especialmente a los buenos aficionados al periodismo de altura pues representa magistralmente la época clásica del oficio, hoy en franca decadencia y amaneramiento, y su lectura es un fiel vademécum donde refugiarse, un estable madero sobre el cual esperar que amaine la tormenta cibernética que nos sacude sin freno.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (13)    No(0)

+
0 comentarios