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A DOBLE VUELTA

lunes 27 de septiembre de 2021, 11:12h
La democracia pluralista se enfrenta con el problema del procedimiento electoral. Lo que parece más...

La democracia pluralista se enfrenta con el problema del procedimiento electoral. Lo que parece más lógico, la elección representativa directa y sin límites, cosechó en los 11 años de la IV República francesa 23 Gobiernos. La exigencia de más del 5% del censo electoral para incorporarse al Parlmento, y la ley D’Hondt, que favorece al partido ganador, contribuyeron en diversas democracias a facilitar la gobernabilidad.

En Alemania, los partidos precisan conseguir al menos un 5% del voto nacional para acceder al Parlamento. Si no fuera por esa limitación, además de los 5 partidos representados en las elecciones del domingo, se hubieran incorporado a las votaciones parlamentarias seis o siete partidos más, que es lo que ocurre en España.

Charles de Gaulle se dio cuenta de que si se quiere democracia pluralista es necesario limitarla electoralmente de forma eficaz y estableció para la V Republica hace 60 años la doble vuelta. La fórmula tiene no pocos defectos, pero se ha mostrado eficaz en Francia y en varios países iberoamericanos que la han adoptado. Si ningún partido consigue obtener mayoría absoluta, los electores acuden a las urnas por segunda vez para elegir entre los dos más votados.

A pesar de que el pueblo alemán y sus políticos son especialmente sensatos, a pesar de la limitación del 5%, nos encontramos hoy, y no es la primera vez, con una situación en la gran nación centroeuropea, que puede dejar sin Gobierno al país durante varios meses y eso sin contar con las suculentas concesiones que conseguirán los partidos bisagra, muy por encima de lo que representan.

Especialistas de relieve en derecho constitucional se manifiestan cada vez más cercanos al sistema de doble vuelta que deja en manos de los electores la decisión final, eludiendo el trapicheo entre partidos. En España, el diputado único de un partido con un 1% de los votos podría condicionar la constitución del Gobierno. A pesar de la ley D’Hondt, nuestros políticos serios deberían pensar en reformar la ley electoral y establecer un sistema de doble vuelta que tan eficaz se ha demostrado en Francia.