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DESDE ULTRAMAR

México: Bicentenario de la Consumación de la Independencia

Marcos Marín Amezcua
jueves 30 de septiembre de 2021, 20:56h

México está de bicentenario. Como respuesta a la restauración de la Constitución de Cádiz después de la asonada de Riego en 1820, las élites de la Nueva España decidieron mejor sí separarse de la antigua España y unieron fuerzas con la insurgencia desatada contra la Corona española desde 1810. Conducir a Fernando VII a reinar sobre el nuevo imperio mexicano como lo proponía el Plan de Iguala, fue una quimera que no se materializó, pese a la peregrina idea de que aceptaría con tal de no quedar bajo la férula de aquella norma limitativa de su absolutismo. Y si Fernando no quisiera, de todas formas se rompería con España y así fue. Las Cortes españolas a su vez, en febrero de 1822 rechazaron lo maquinado y retrasaron así el reconocimiento de España al México independiente hasta 1836 con el Tratado Santa María–Calatrava. Esos fueron los hechos.

Así, el 27 de septiembre de 1821 las fuerzas realistas junto con las insurgentes, arropadas todas en el Ejército Trigarante, entraron desfilando en la Ciudad de México sí, con gran algarabía de los lugareños para sellar su triunfo. Cesó de facto la dominación española. Al día siguiente fírmose la segunda Acta de Independencia, la del Imperio Mexicano, que inicia con sus sentenciosas y lapidarias palabras: “La Nación Mexicana que, por trescientos años, ni ha tenido voluntad propia, ni libre uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido”. Un texto de 1822 escrito desde España, describe la Península explicando porqué no pudo detener este proceso: “es vilipendiada y despreciada en Europa…nuestra hacienda esta peor que nunca; nuestro crédito público es nulo; los bravos defensores de la Patria se hayan desnudos, descalzos, sin pagas, despreciados y perseguidos, el labrador con sus antiguas gabelas, tal es el estado de la desventurada España…”. Claro, era el costo final de la tragedia de 1808.

La magna conmemoración de 2021 verificada en México –una estación más del periplo con aquellas que abarcan un periodo que corre de 2008 a 2024– ha contado con el más absoluto silencio de España en este bicentenario de la consumación del proceso de independencia frente a España. Es una pena y un despropósito porque se pudo abordar la efemérides con más inteligencia, participando. Sí, lo he expresado antes en esta columna: son tan rebatibles de ida y de vuelta la forma en que se ha contado en ambas orillas del Atlántico, tanto la Conquista como la Independencia. Mucho que lamento el silencio español y no haberse concretado su presencia y el camino de silencio oficial elegido por España fue el equivocado. Lejos está de la mesura del otro bicentenario de 2010 y muy cerca de las palabras extraviadas de la señora Ayuso a su paso por EE.UU. o de Abascal y su partido, alusivas a estas conmemoraciones, mostrando a ignorancia que los aqueja. Allá ellos. Van fatal sosteniéndolas aspirando a presidir el gobierno español, pues con ellas se darán en las narices con Hispanoamérica, de persistir al referirse como lo hacen a estos episodios. En cambio, en 2010 Vicente del Bosque frente al partido México-España en el Azteca, dijo sentirse halagado de ver jugar a la Roja en un estadio dos veces mundialista. Inteligencia total que escaseó en 2021. En cambio, el Papa sí accedió a pedir perdón. ¡Bravo!

Unos insisten en que España ya se disculpó por la Conquista. Ni considero que lo requiera ni lo hizo. Revisando textos de inicios del siglo XIX, del tiempo de aquella ruptura o del 98, en torno a la Expo Iberoamericana de 1929 o 1992 junto con 2010, no encuentro tales disculpas. Lo refiero sin sospechar que las hubiera. Tampoco he visto la magnífica e impoluta integridad de los pueblos originarios de América. Queden servidas ambas partes. Me descentra que un español del siglo XXI se moleste por acciones remarcadas y propias del siglo XVI. Así como que haya mexicanos que clamen pureza de raza cual vivos mexicas que no son. Ambas posturas, ambas, son de acomplejados y no abonan a poner atención y a querer saber más. La historia compartida merece ser vista con todos, absolutamente todos sus claroscuros. Y no sucede. Todos perdemos en ello.

Lo cierto es que México abordó las efemérides y España, no. Su lugar lo ocupó las “benévolas” palabras del presidente yanqui o los saludos de los astronautas rusos desde la EEI. No es solo la miopía de Pedro Sánchez o la impertinencia de López Obrador las que enmarcan el momento –tensión precedente al pedir el segundo disculpas de la Corona española por los excesos de hace cinco siglos. Para mí hay algo más de fondo: las naciones iberoamericanas merecen recontarse su pasado común: la conquista, colonización e independencia de América y el proceso constructor y destructor del Imperio español al completo, por lo que cada cual toque y el papel jugado en ello. Como eso no se ha hecho de manera madura y se insiste en contarse leyendas negras y rosas mutuamente, la discusión se quedará, acaso, para el sexto centenario. Y a saber. El desencuentro permanece.

Observo que España más ha contado sus luces que sus sombras imperiales. Que eso está bien, pero eso es insuficiente si se desea ser objetivo. Se requiere exaltar a Blas de Lezo –que lleva varios años de moda, invocarlo– pero no por ello acalla los abusos de los gobernantes y colonos peninsulares en Indias. Es menester replantear que criollos siempre hubo, pero los que se lanzaron a la epopeya independentista tuvieron condiciones muy particulares. Todo ello implica replantear el cómo todas las naciones iberoamericanas han de recontar la historia común frente a una España incapaz de retener su imperio a inicios del siglo XIX. Ya luego, José Martí sentenció: no puede darnos lo que no se da a sí misma. Pese a ello, es chirriante leer a comentaristas e historiadores españoles diciendo que al final ¿qué hay? veintena de naciones emancipadas y pobres en América. Cabría mesura con esa aseveración porque la continuidad imperial de España tampoco era garantía de mucho y lo sabemos de sobra y estos últimos dos siglos para España sin América, no fueron precisamente brillantes. Ya la UE y el euro harían su parte, pero no siempre fue tal ni hubo aquel. Y también lo sabemos todos. Hay quien se envalentona. Cuídese los juicios porque… la verdadera grandeza de España está en América, no en Europa. ¿Por? Porque allí está volcada su quintaesencia y su trascender en la Historia. Es fácil verlo y palparlo.

Retomando el silencio de España en las efemérides de 2019-21 –Conquista de Tenochtitlan e Independencia de México– dígase que con la Consumación de la Independencia no se pedía a España que expresara disculpas porque la Historia no tiene vuelta atrás. Algo sí se confirma, con México nuestra querida España puede tener la mejor de las relaciones, como mutuamente las suelen calificar y con el plus magnífico de hablarse de frente y sin tapujos. Por eso es tan especial la relación. Aplauso sin debate posiblemente se dará con otros países. No entre México y España y lo han sabido bien, de siempre. De allí la valía de la relación. La imagen que dio España al otro lado del Charco, para quien le pudo importar, fue la de una oportunidad perdida de abonar y enriquecer el conocimiento de una historia común, debatiendo. ¿Qué en cambio, serán posturas irreconciliables? Peor para todos. Hay mucha tarea pendiente y no creo en un determinismo hispánico –fíjese que dije hispánico, no español– que impida enmendar el tropiezo en pro de abordar con seriedad el pasado común entre ambas.

Concluyo: sale sobrando insinuar que por este desencuentro haya hispanofobia en México o pretender venderla como tarjeta de presentación. Y menos para golpetear gobiernos por politiquería. Mire usted: así como en México no faltará quien le reclame el oro de Moctezuma a un español, como en España se puede hacer chistes de Panchitos o espetar un “sudaca de m…” a un mexicano (pese a provenir de Norte y no de Sudamérica) en ambas situaciones considero que son casos aislados. Conste, no se niegan, pero no se comete el error de generalizar. Cuidado con eso. La relación hispano-mexicana es mucho más profunda que tales incidentes. Y algo es verdad: tiene sus claroscuros como lo demostró estas conmemoraciones. Por cierto, varios youtubers españoles se han paseado por México este verano pasándoselo pipa. ¿Hispanofobia? chorradas. La alta estima a lo español contemporáneo en México reflejado de mil maneras. Ahora, vernos con seriedad en el espejo del pasado común, no lo impedirá nadie y será beneficioso.

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