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EDITORIAL

La desfachatez de Sánchez al proclamarse socialdemócrata

EL IMPARCIAL
sábado 16 de octubre de 2021, 09:30h
El 40 Congreso Federal del PSOE que se celebra en Valencia este fin de semana comienza tiznado por la habitual propaganda socialista. Pedro Sánchez se presenta como el líder de la socialdemocracia europea. El presidente que gobierna con los comunistas de Podemos, apoyado en los separatistas catalanes y los proetarras no puede tener el cinismo de etiquetarse como socialdemócrata, una corriente política moderada dentro del socialismo que defiende la democracia parlamentaria y rechaza cambiar la sociadad desde la revolución. Porque este Ejecutivo ni es moderado ni respeta la democracia parlamentaria. Gobierna a golpe de decretazo, lo que ha multiplicado al aprovechar la pandemia para cerrar el Congreso de los Diputados, algo que acaba de ser denunciado por el Tribunal Constitucional. Y un Ejecutivo que busca con el aliento de Podemos poner en marcha una revolución contra el libre mercado, el "monstruo capitalista" que ahora está representado, para los ministros comunistas, por las compañías eléctricas que se librarán en parte del hachazo que tenía preparado el Gobierno por el PNV, que ha amenazado con no apoyar al Gobierno.
Pedro Sánchez puede ser calificado de político populista y radical, de trilero político; incluso de astuto (o cínico), pues con tal de gobernar ha sido capaz de hacer lo contrario de lo que prometió en la campaña electoral, entre otras cosas, que no pactaría jamás con Podemos y que no concedería indultos a los políticos. Por mucho que lo proclame, no se va a consagrar como el líder de la socialdemocracia europea, pues está considerado un farsante entre los socialistas moderados. Hay que recordar el desprecio de Biden. Y es que en Estados Unidos, como en todas las democracias occidentales, el comunismo está erradicado y rechazado en cualquier tipo de pacto.
El presidente del Gobierno se centrará en lo único que busca: darse un baño de masas, un paseo militar para, prietas las filas, reforzar más si cabe su omnímodo poder en el PSOE. Solo se trata de un Comité Federal para lanzar el mensaje de la unidad del partido que, para Pedro Sánchez significa aplaudir todas sus ocurrencias, como la de sus siniestros pactos a los que se oponen tres de sus principales barones, como Page, Lambán y Vara, al igual que los socialistas históricos que, sí, actuaron como socialdemócratas. Felipe González se jugó el pellejo y dimitió para erradicar el marxismo del partido, por retrógrado y perjudicial para la democracia. Y Pedro Sánchez lo ha metido en el Consejo de Ministros. No será nunca el líder de la socialdemocracia europea por mucho que se empeñe. Porque los socialistas moderados le desprecian.
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