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TRIBUNA

El gato con botas y Europa

Juan Carlos Barros
martes 19 de octubre de 2021, 20:15h

Según las conclusiones verbales de la reunión informal que el Consejo de la Unión Europea ha celebrado en Eslovenia con motivo de la cumbre con los estados de los Balcanes occidentales, “teniendo en cuenta lo aprendido de las crisis recientes, estamos decididos a consolidar nuestros puntos fuertes y a potenciar nuestra resiliencia reduciendo nuestras dependencias en sectores esenciales.”

Esa idea de resiliencia, tan vigente ahora en Europa aunque no venga en el Tratado por ningún lado, no solo se presenta en el contexto de las relaciones exteriores, sino que está, sobre todo, considerada como cualidad general en la organización, incluyendo democracia, instituciones, desarrollo y capacidad de reformar.


Ahora bien, tal amplitud conceptual, aunque sea afrontada con decisión y sin preposición, no resulta fácil de abarcar y lo mejor es ilustrarla con un cuento popular:

Erase una vez hace mucho tiempo un ogro, no uno cualquiera sino el más rico que nunca se hubiera visto, que tenía un castillo tan grande que quitaba el hipo, pero con un defectillo y es que se comía a los niños.

En la comarca vivía también un gato que le había tocado en el reparto hereditario al más pequeño de los hijos de un molinero pobre pero honrado, quien cuando se enteró del legado, se quejó desolado:

“Mis hermanos se podrán ganar la vida con un molino y un asno, pero yo ¡cómo no me coma al gato!”

Eso, que no era propio de un ser humano, lo oyó el gato aunque se hizo el sordo y como sabía hablar castellano le dijo a su amo:

“No te apures ¡canastos! dame un par de botas y verás lo que valgo”.

Resolutivamente, y ya calzado, el gato fue hasta el imponente castillo del ogro, quien le recibió no digamos que con los brazos abiertos, pero bastante correctamente, e incluso le invitó, falsamente, a entrar porque siempre estaba dispuesto a tener carne fresca por si acaso.

La ogresa, que acababa de llegar de un congreso, dijo al ver al gato: “¿Pero tú sabes en dónde te has metido, minino? Este es el castillo del ogro que se come a los niños y también a los gatos, pues a nada le hace ascos.”

Y tomcat respondió: “¡Qué quiere que le haga!, si permanezco fuera me comerá el lobo esta misma noche sin esperar a que me quede helado en invierno porque se acabe el suministro de gas asiático.”

A continuación, el animoso gato fue al grano y le dijo al ogro: «Me han asegurado que Vd. tiene el don de cambiar en cualquier animal y luego recuperar la forma inicial.”

“Es verdad” respondió el ogro con brusquedad, como era en él natural, y para demostrárselo en un santiamén se transformó en león alado.

El gato, que solo los había visto en el Museo Británico y de lado, quedó absolutamente pasmado, tanto que allí delante suyo, del ogro y de la egresa ogresa, pegó un salto y se subió al tejado, con gran peligro físico porque las botas, si bien valían para meterse en los charcos, no eran las mejores para andarse por las tejas resbalosas de un techado.

Habiendo recobrado, ni medio minuto había pasado, su forma primera el ogro citado, el gato bajó del tejado y dijo: “Me han asegurado, pero yo no me lo termino de creer, que Vd. tiene también el poder de adoptar la forma de animales pequeños, como un ratón”.

“¿No te lo crees, macho? dijo desafiante el ogro, pues ahora mismo lo vas a ver, y al instante en un ratón quedó cambiado. Entonces el gato, de inmediato, saltó sobre él comiéndosele de un bocado. Y colorín, colorado, este cuento europeo se ha acabado. Y si alguien quiere saber más que le pregunte al gato.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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