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ORIENT EXPRESS

La lección de Hungría

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 24 de octubre de 2021, 19:01h

Esta semana se ha cumplido el 65º aniversario de la Revolución Húngara de 1956. El régimen de explotación económica y sometimiento político que la Unión Soviética había impuesto a Hungría fue acompañado de la represión del Estado policial que todo sistema comunista necesita. Los comunistas húngaros seguían instrucciones de Moscú y, a menudo, excedían las propias expectativas de sus jefes. Mátyás Rákosi (1892-1971), secretario general del Partido de los Trabajadores Húngaros, era el alumno más aventajado de Joseph Stalin. Lo acompañaban en la tarea de oprimir a su propio pueblo otros veteranos comunistas como Ernő Gerő (1898-1980), de infausta memoria en la Guerra Civil Española, y Gábor Péter (1906-1993), el siniestro jefe de la Autoridad de Protección del Estado, la temible ÁVH.

Entre 1948 y 1956, los comunistas húngaros, con la ayuda de sus patrocinadores soviéticos, impusieron a su país un modelo político, social y económico dependiente de las necesidades y órdenes de Moscú. Las detenciones ilegales, las torturas, los juicios farsa, la propaganda y el resto de técnicas empleadas por los comunistas para acceder y mantenerse en el poder se hicieron habituales. El edificio de la Avenida Andrássy, 60‎, que había albergado el cuartel general del Partido de la Cruz Flechada, el partido pronazi húngaro, pasó a ser la sede de la ÁVH. Los mismos torturadores que habían trabajado para los nazis pasaron a hacerlo para los comunistas.

Era inevitable que se produjese un alzamiento como el de hace 65 años. No fue el único en Europa Central. En junio de 1956, los trabajadores de Poznań iniciaron un ciclo de protestas que conduciría a lo que se llamó el “Octubre polaco”. También a ellos los reprimieron y los encarcelaron. En 1953, había estallado en la República Democrática Alemana un alzamiento contra la sovietización del país y el empobrecimiento del país. Sin embargo, el caso húngaro fue excepcional. Con las armas en la mano, el pueblo se echó a las calles en Budapest y otras ciudades importantes para echar a los soviéticos. Contra todo pronóstico, a fuerza de audacia, lucha callejera y cócteles molotov, se impusieron a las tropas que mantenían a los comunistas en el poder.
Durante doce días, los húngaros recobraron la libertad. Al final, los tanques soviéticos aplastaron el alzamiento de los patriotas húngaros, pero su ejemplo sigue siendo un modelo de resistencia y dignidad frente a la tiranía.

No cabe decir lo mismo, por desgracia, de las democracias occidentales que abandonaron a los revolucionarios.

A la altura de 1956, la Doctrina Truman de enfrentamiento con el comunismo guiaba la política de los Estados Unidos y de sus aliados en Europa Occidental. En realidad, toda la acción de Washington en nuestro continente (el Plan Marshall, la creación de la OTAN, la oposición al Bloqueo de Berlín de 1948) estuvo marcada por la voluntad de impedir la expansión del comunismo. Desde su fundación en 1950, Radio Europa Libre, que emitía desde Múnich para todos los países del bloque oriental, alimentaba las esperanzas de los patriotas y los demócratas desde el Báltico hasta el Mar Negro. Tanto el Departamento de Estado como la CIA influían en sus contenidos y, en ocasiones, directamente los determinaban. Tras la apariencia de una emisora privada, se trataba de un instrumento de guerra ideológica contra Moscú.

Cuenta Victor Sebestyen en “Twelve Days. Revolution 1956” que Radio Europa Libre revelaba las identidades de informadores de la policía y de torturadores de la policía secreta, así como de traidores a la oposición anticomunista. Por ejemplo, sigue Sebestyen, la emisora denunció a un traficante que cobró de húngaros anticomunistas a cambio de conducirlos a la frontera con Austria, pero los entregó a la policía política.

En 1956, la radio lanzó la operación Focus, que consistió en arrojar sobre Hungría desde globos aerostáticos octavillas con mensajes como “el régimen es más débil de lo que crees” y “la esperanza está del lado de la gente”. También difundieron la historia -completamente ficticia, indica Sebestyen- de un movimiento de resistencia liderado por el coronel Bell, de la CIA, que anunciaba que el día de la liberación se acercaba.

Sin embargo, salvo España -cuyo ofrecimiento de ayuda militar fracasó por falta de apoyo estadounidense- ningún país acudió en auxilio de los húngaros. Las esperanzas alimentadas desde la radio no se tradujeron en un socorro efectivo. A la hora de la verdad, los patriotas húngaros se quedaron solos.

A 65 años de la Revolución Húngara, es adecuado reflexionar no sólo sobre la grandeza de este episodio de lucha, sino también por la soledad en que combatieron los húngaros, abandonados por aquellos que decían ser campeones de la libertad. Los revolucionarios de 1956 dieron a esos países una lección de dignidad y resistencia que, más de seis décadas después, debe recordarse.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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