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LETRAS DESDE MÉXICO

La defensa de los asesinos

viernes 29 de octubre de 2021, 20:11h

Con una vehemencia negada a las víctimas de muchos crímenes, como por ejemplo las niñas vendidas como reses para fines de servidumbre matrimonial en los pueblos serranos del infradesarrollo guerrerense, el piadoso aparato del Estado se dispone a sacar a la calle a Mario Aburto, el asesino de Luis Donaldo Colosio.

Colosio era apenas un candidato a la presidencia. Su asesinato, si bien. produjo un terremoto político pues su victoria era segura, no tiene ningún significado jurídico más allá del homicidio cometido con premeditación, alevosía y ventaja por un asesino solitario, recluido en la prisión hace más de un cuarto de siglo. Eso es todo.

El homicida ha alegado, pobrecito, una sistemática tortura a lo largo de todos estos años y la facilidad de dicho recurso siempre halla eco en las mentes obtusas de los defensores de Derechos Humanos. Mentira vil.

Así, para probar una imaginaria responsabilidad del Estado, los irresponsables de los DH, han dejado libres a los incineradores de la muchachada guerrerense en el caso Iguala. Los demás responsables (autoridades escolares de Ayotzinapa, traficantes exportadores de heroína y sus cómplices políticos) o están libres o se disponen a salir de las prisiones. Otros, cosas de la divinidad, han muerto también asesinados.

Los muertos no hablan.

Además, dicen en el alegato a su favor, ha vivido incomunicado todos estos años, lo cual es falso de toda falsedad.

Si Aburto hubiera estado incomunicado (como si purgará condena en Guantánamo), no habría sido posible para mí hablar con él en la prisión federal de Huimanguillo, donde estuve vis a vis por espacio de casi una hora hace unos años.

¿Un reo torturado e incomunicado con acceso a los medios de comunicación? Suena extraño.

A diferencia de muchos, yo he visto y hablado con Aburto. Lo he visto caminar, gesticular y mentir. No advertí en su cuerpo signos de tortura. Lo miré saludable, limpio, dedicado a sus devociones evangélicas en la prisión, casi como guía espiritual de sus compañeros.

Así lo describí en aquel tiempo:

“Verlo en un salón de audiencias, con estrado de madera, vacío y con el aire de un aula de examen donde nadie ha aprobado jamás, fue una impresión muy extraña, porque es un autómata disciplinado. Su actitud lleva encima el peso del rigor.

“Parece un cuerpo lleno de tornillos, pero a veces parece hecho todo de una sola pieza, como si lo hubieran vaciado en un molde y a pesar de ello guardara a un tiempo soltura y firmeza, como cuando mueve el cuello, cuando mira con altivez desafiante, cuando uno advierte cómo esos ojos ahora fijos en ti cazaron a Luis Donaldo Colosio.

“—¿Me permite saludarlo?, digo y alargo el brazo:

“...Y esa mano, ahora envuelta en mis dedos, blanda, de piel muy suave, como si se pusiera crema todos los días; una mano sin trabajo físico, como si no tuviera huesos, una mano como si se apretara a un pulpo; esa mano, tuvo la fuerza suficiente para transformar la historia de México, solamente con la leve presión de un dedo en el gatillo.

“Eso ves, cuando ves a Aburto.

“Y cuando hablas con él, el hombre recibe tus palabras como la pared del frontón recibe la pelota, nada se queda ahí, todo se te regresa.

“Tú le dices ‘buenas tardes’, y él se queda mirando como si estuviera pensando la respuesta a una pregunta no hecha y te contesta: ‘Buenas tardes, señor’.

“Una gran educación, una gran disciplina dentro de la prisión. El hombre no da un solo paso sin ver a los custodios en busca de su aprobación El hombre no tiene voluntad y no ha leído una carta amable en 25 años; no ha visto una fotografía de nadie de afuera, no sabe de palabras con afecto, ni siquiera con odio.

“Es el ser neutro, vacío en apariencia; ensimismado en los años, muchos años de su condena.

“No puede ser este autómata, piensas, quién sabe cuántas piezas haya en su cerebro, pero todas funcionan de una manera incomprensible, no puede ser ajeno a la emoción…”

Todo eso no tiene correspondencia con un hombre torturado –como dice la propaganda de la CNDH—durante 25 años o más— ni ser un asunto de Estado. Puede ser de liberación anticipada.

Pero solicitar información, sobre un proceso cerrado (falsa por conveniencia obviamente), sobre una condena firme y en transcurso de la pena, es una aberración:

Total, es más sencillo el indulto. Y San Seacabó.

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