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TRIBUNA

Conducta humana y conducta animal

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
viernes 29 de octubre de 2021, 20:17h

Empecemos por recordar qué es condición necesaria y qué es condición suficiente. Son dos nociones básicas en lógica.

Para que un coche ande, lo primero es cumplir dos condiciones necesarias pero no suficientes. O sea, del tipo “si no...entonces no...”. O en latín, “sine qua non”. Todos estaremos de acuerdo en estas dos: que el coche tenga gasolina y que la batería funcione.

No puede haber sorpresa alguna si atribuimos a estas dos condiciones necesarias una cierta prioridad lógica respecto al inicio del movimiento del coche. Tienen que cumplirse “antes” que aparezca la condición suficiente, o del tipo “si sí...entonces sí... “.

Supuesto que se hayan cumplido las dos condiciones necesarias, la suficiencia viene “después”, cuando alguien gira la llave de contacto. Esta es una condición suficiente, pero no necesaria, Las personas que pueden poner el coche en marcha sonmuchas.

Tomemos este sencillo ejemplo como un símil de la conducta humana. La condiciones necesarias no serán ahora sólo dos, sino miles y probablemente millones; el mínimo para que el cuerpo esté sano y funcione adecuadamente para la acción de que se trate. La condición suficiente son ahora los operadores lógicos. Aunque basta para nuestro propósito con el primero de ellos, el afirmador-negador. Con él construimos los átomos del lenguaje, las oraciones gramaticales compuestas de sujeto y predicado. Además la persona que ahora gira la llave de contacto es siempre la misma. En el caso humano la condición suficiente es una sola, única, Todo esto viene a cuento de los trabajos que actualmente realizan los neurólogos principalmente, pero también algunos psicólogos y sociólogos, sobre los efectos detectables en el cerebro humano, mediante técnicas avanzadas de todo tipo.

El primer experimento fue el de Benjamin Libet en la década de los 80 del siglo XX. “Se estudió la actividad eléctrica cerebral de un conjunto de sujetos a los que se pidió realizar una acción voluntaria sencilla, el movimiento de una muñeca.

Cada sujeto eligió un momento para alzar su muñeca mientras se medía la acumulación de señal eléctrica llamada “potencial de preparación” en sus cerebros.” (Javier Pérez Castells, Neuronas y libre albedrío, Digital Reasons 2018, Pág. 119).

El espectacular resultado fue que el dicho “potencial de preparación” comenzaba unos 200 milisegundos antes de la decisión de mover la muñeca. Esto fue interpretado por muchos en sentido materialista o determinista. La decisión se haría por el cerebro “antes” de que la persona tome la decisión y tenga conciencia de lo que ha ocurrido. Se sacó la desproporcionada conclusión de que no existe el libre albedrío. Sólo existe la ilusión de tenerlo. Nada menos que eso.

Esa absurda interpretación viene obviamente de la ignorancia de la lógica por los científicos materialistas o deterministas. Entienden la actividad eléctrica previa de las neuronas como una condición suficiente para alzar la muñeca. Y por tanto como una “causa”. Pues en efecto la causalidad se formaliza en lógica como una condición suficiente aunque no necesaria. Por eso insistía tanto Popper en que las teorías científicas son siempre falsables.

Si Libet y compañía hubieran interpretado la actividad previa de las neuronas como una condición necesaria pero no suficiente, no se hubieran sorprendido tanto de esa anticipación en el tiempo. El mérito de Libet habría consistido en ser capaz de medir una brevísima prioridad temporal cuando se trata del cerebro humano. En vez de la disparatada conclusión de que la alteración en el cerebro es “causa” de nuestra conducta, más razonable hubiera sido suponer que el “antes lógico” se convierte en un “antes temporal”. Y es detectable cuando la lógica se ha hecho carne, por así
decir, en un cerebro humano.

Todo lo que pertenece al cuerpo humano, y a las neuronas en concreto, tiene que exponerse siempre como condición necesaria pero no suficiente para la conducta humana. Si está dañado tal punto del cerebro, o no funcionan tales o cuales sinapsis, no puede realizarse tal o cual acción, o se realiza mal. Broca fue uno de los primeros en percibir esta dependencia. Si se daña el área de Broca, queda afectada la capacidad de hablar.

Por eso se aprende tanto, en esta cuestión, de las enfermedades y las patologías. En rigor, es lo único que se aprende. La positiva y exacta conexión entre las neuronas y el espíritu pensante y volente no la conoce nadie. Ni la conoceremos nunca. Está por encima de nuestras capacidades intelectuales.

Presentar estos experimentos de los neurólogos como condición suficiente es un grueso error lógico. Entonces la actividad de las neuronas pasaría a ser vista como “causa” de la acción humana. Con ello se incurre en el razonamiento circular que invalida de raíz todo materialismo o determinismo. El lenguaje se explica por las neuronas. Y luego las neuronas se explican por medio del lenguaje Si no existe el libre albedrío ¿por qué se molestó Libet en publicar su experimento? ¿Acaso creía que sus conclusiones eran verdaderas? Si no hay libre albedrío, tampoco hay ya diferencia entre verdad y falsedad.

En la acción humana la suficiencia viene del espíritu, del propietario de los operadores lógicos. El primero de ellos, el afirmador-negador, hace posible el lenguaje y la percepción de la verdad y la falsedad. Y al mismo tiempo implica el libre albedrío, la capacidad de elegir entre una acción u otra. Unicamente el espíritu, pensante y volente a la vez, es “causa” de las acciones humanas. El cuerpo sólo aporta a la acción humana las condiciones necesarias.

Y después de haber aceptado esto, se podrán estudiar los casos concretos.

Aquellos fallos en las condiciones necesarias que dificulten, o eventualmente impidan, que el espíritu sea más o menos dueño en la práctica de la conducta efectiva. Tampoco hay ningún problema en que gran parte de nuestras acciones sean inconscientes y automáticas. El espíritu se desentiende de ellas y las pasa a la memoria, que pertenece al cuerpo. Hay un “traspaso de competencias” desde el mundo de los valores y la libertad hacia el mundo de la naturaleza causal, donde se ubica la memoria.

En cambio, en la conducta de los animales la conjunción de todas las condiciones necesarias se convierte por sí sola en condición suficiente. Como si la gasolina en el deposito y la batería en buen estado bastasen para que el coche se mueva. No hace falta que alguien desde el exterior accione la llave de contacto. En eso consiste el instinto animal. Los animales no tienen espíritu, ni lenguaje, ni libre albedrío. En la conducta animal la suficiencia consiste en la presencia simultánea de todas las condiciones necesarias. Sobra una condición suficiente externa. El instinto es “causa” de las acciones de un animal.

Con todo, lo más decisivo en este tema es comprender que, si el hombre careciese de libre albedrío, la verdad y la falsedad dejarían de tener sentido. La frase “el libre albedrío es una ilusión” no sería más verdadera, ni más falsa, que la frase contraria “el libre albedrío no es una ilusión”. Ni siquiera serían frases. Sencillamente, no existiría el lenguaje.

Los materialistas y deterministas deberían comprender que, si su doctrina fuese cierta, por eso mismo ya no podría presentarse como verdadera. El materialismo en general, y más en concreto el determinismo que niega el libre albedrío, llevan dentro de sí el cáncer de la contradictio in adiecto. Sólo los ignorantes en lógica pueden permitirse el lujo irracional de ser materialistas o deterministas.

Y por eso mismo los neurólogos deben presentar sus teorías como condiciones necesarias. Nunca como condiciones suficientes. Si se comete este error lógico, la “causa” de cualquier acción humana serían las corrientes eléctricas en las neuronas, con lo que volveríamos a un razonamiento circular que descalifica de entrada todo materialismo o determinismo. Y esto vale para todos los experimentos que se han hecho, y se siguen haciendo, en la misma línea que el de Libet.

En el “Fausto” de Goethe hay una escena en que un fámulo entra en el despacho donde están reunidos el catedrático Fausto y su amigo Mefisfoteles. Y anuncia: “un alumno recién llegado a la universidad quiere hablar con el Dr. Faustus”. Mefistófeles pide a Fausto que le deje su capa académica, para divertirse un poco con el muchacho. Este se dirige a Mefistófeles, creyendo que es Fausto: “Busco la verdad apasionadamente, pero no sé por dónde empezar”.

Y Mefistófeles responde: “entonces apúntate al Collegium Logicum, donde te ahormarán la mente, para que no divague por los aires buscando bagatelas”. El sabio consejo del diablo, que se supone es Mefistófeles, se extiende a todos los que quieren hacer ciencia sin saber antes lógica.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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