Ni olvido, ni perdón
jueves 18 de septiembre de 2008, 00:45h
Empiezo estas líneas señalando que soy bisnieto de un republicano de pro. Es lo correcto hoy en día. Bien parece que, o se está con los que quemaban conventos, o los ancestros de uno son poco menos que una panda de asesinos. Gracias a Dios, ahí está la memoria del bisabuelo –y algún otro- para lavar el buen nombre de la familia. Como telón de fondo, claro, la Guerra Civil. Guerra en la que cada uno se queda con lo que más le cuadra. Nadie olvida hoy el bombardeo de Guernica –el perpetrado por la Legión Cóndor; poco se dice de las “hazañas” de los dinamiteros de las milicias republicanas en el mismo lugar-, ni el fusilamiento de las llamadas “trece rosas” en Madrid. Menos aún, la muerte de Federico García Lorca, una de las mejores plumas de la poesía española.
Acabada la guerra, se ajustaron más cuentas de las debidas y, tras una posguerra durísima, España volvió a andar de nuevo. Muerto Franco, se instauró la democracia, y D.M., en diciembre se cumplirán 30 años de vigencia de la actual Constitución. Entre medias, una transición modélica –materia de estudio en las cátedras de Derecho Constitucional de medio mundo-, y un país que pretende avanzar. Pero no le dejan. Y no, no es la crisis, sino las columnas de humo que se lanzan para distraer la atención de los problemas reales. Sobre todo una. La que tiene que ver con la memoria selectiva. Esa que olvida los miles de inocentes fusilados en Paracuellos, con Carrillo como responsable…de Orden Público. Esa que omite la ingente cantidad de torturados y asesinados en las tristemente célebres “checas”.Esa que quiere excavar con dinero de todos cunetas y cañadas, salvo en Alcalá de Henares, no sea que den con el incómodo cadáver de Andreu Nin, quien sufrió una muerte lenta y dolorosa a manos de los suyos.
Y como la Iglesia es hoy el blanco más fácil sobre el que disparar, tampoco importa que un puñado de curas fuesen ajusticiados para lograr una España mejor. El progreso necesita víctimas. Como los 73 seminaristas de Barbastro, a los que se persiguió y dio muerte campo a través, en una suerte de “caza al hombre” para divertimento de los “buenos”. 70 años son muchos. Sin duda, bastantes como para pasar una de las páginas más negras de la historia. ¿No es suficiente ya? Unos y otros descansan en paz. Sirva como ejemplo la voluntad de tantas familias, contrarias a que se exhumen restos de fosas donde presuntamente se hallan sus seres queridos. ¿Hay, entonces, que violentar su voluntad, sólo porque a un puñado de rencorosos y manipuladores no se les ocurre mejor cosa que revolver el pasado para emponzoñar el futuro? Ni olvido ni perdón…qué infamia. Nuestros abuelos ya lo hicieron. De ambos bandos. Se perdonaron. Y gracias a ello, vivimos hoy en paz. Aunque, visto lo que algunos piden, el domingo iré a misa con extintor. Por si acaso.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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