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Ensayo

J. M. Azcona y M. Madueño: Terrorismo sin límites

lunes 01 de noviembre de 2021, 14:38h
J. M. Azcona y M. Madueño: Terrorismo sin límites

Prólogo de Eduardo Uriarte. Comares. Granada, 2021, 196 páginas. 21 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Terrorismo sin límites. Acción exterior y relaciones internacionales de ETA, José Manuel Azcona y Miguel Madueño nos ofrecen una obra que abarca uno de los apartados más desconocidos de la banda terrorista vasca, como es su entramado de alianzas y conexiones exteriores. El rigor metodológico permea por todo el libro, recurriendo a una estructura capitular coherente cuyo punto de partida descansa en el análisis de la figura de Sabino Arana.

En efecto, el fundador del PNV dejó un legado susceptible de resumirse en que el enemigo de Euskadi era España, una máxima que ha guiado toda la trayectoria de ETA. Esto se ha traducido en que ha exportado, con la inestimable ayuda de su brazo político (HB, Batasuna, Euskal Herritarrok…), una imagen peyorativa de nuestro país, asociándolo exclusivamente con la vulneración sistemática de los derechos y libertades del pueblo vasco. A día de hoy, tal mantra lo enarbolan organizaciones como Askapena, entidad que los autores diseccionan en la parte final de la obra.

No obstante, la evolución de ETA no ha resultado lineal. Así, en los primeros compases convivieron en su interior, en precario equilibrio, varias corrientes ideológicas (obrerista, tercermundista, etnolingüística). De una manera más particular, tras el atentado cometido en la calle Correo de Madrid, se produjo la división final, que Azcona y Madueño caracterizan de manera sobresaliente: La división entre estos dos sectores será ya un hecho claro en 1974: ETA pm y ETA m. La primera defiende una relación entre la lucha armada y el movimiento de masas, mientras que la segunda se adscribe como un grupo clandestino dedicado a la guerrilla; propugna la independencia de los grupos sociales en la lucha armada. Ambas coinciden en la sublimación de la violencia política y en la concepción de Euskadi como un país ocupado” (p.27).

Con todo ello, ¿qué elementos facilitaron las relaciones internacionales de ETA? Principalmente, podemos aludir a dos. Por un lado, el carácter camaleónico de la ideología etarra ya que, aun siendo una organización etno-nacionalista, no hizo ascos al marxismo tan de moda en los años 60 y 70, en particular tras el éxito de la revolución cubana, lo que le conectó con el terrorismo de extrema izquierda que actuaba en Europa y en América Latina (Brigadas Rojas, Montoneros, Tupamaros…). Por otro lado, la funesta narrativa que le otorgaba un pedigree anti-franquista, sin olvidar su experiencia en el manejo de explosivos, “una competencia” que le permitió establecer sinergias con el narcotráfico colombiano, lo que dotó a ETA de notables activos financieros fundamentales para su subsistencia.

Azcona y Madueño también elaboran un listado de escenarios geográficos y países fetiche para ETA. Dentro de los primeros, destacaron Yemen y Argelia ya que ofrecieron su territorio para que terroristas de diferentes procedencias llevaran a cabo entrenamientos (pruebas de tiro, detonaciones de explosivos…). En cuanto a los segundos, el atractivo lo suscitó en un principio la Cuba castrista, posteriormente la Nicaragua sandinista y, en pleno siglo XXI, la Venezuela chavista. Como resultado, la presencia etarra en América Latina se halla lejos de ser testimonial y carente de éxitos: “La banda terrorista ETA había ganado la batalla de la imagen al ser considerados sus miembros por muchos uruguayos como militantes de una organización, que tenía legítimo derecho a la independencia del País Vasco y que el gobierno español impedía torturando a sus militantes en las cárceles” (p.124).

Sin embargo, a pesar de que las relaciones con bandas terroristas de América Latina han constituido una constante en la trayectoria de ETA, las mismas no siempre han tenido un final feliz (caso del MIR chileno), han sufrido altibajos (como la entente formada con las FARC) y, sobre todo, nunca fueron altruistas o desinteresadas. A modo de ejemplo de esta última afirmación, la citada organización terrorista colombiana, a cambio de dar publicidad a la causa etarra, le propuso la realización de varios atentados en España y Europa contra personalidades de la política colombiana allí residentes entre los que destacaba el presidente Andrés Pastrana” (p.141).

En definitiva, una obra de obligada lectura en un momento en el que se multiplican los intentos por blanquear la historia de ETA y de quienes en su nombre perpetraron todo tipo de liberticidios. Frente a este buenismo cada vez más dominante, los profesores Azcona y Madueño prefieren indagar de manera científica en el pasado para evitar que las nuevas generaciones adopten mantras que transforman a los victimarios en víctimas.

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