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TRIBUNA

La carantoña

Juan José Vijuesca
miércoles 03 de noviembre de 2021, 20:13h

Las coaliciones tienen mucho de complicidad por aquello de: “por el interés, te quiero Andrés”, y si no que se lo pregunten a la ministra Yolanda Díaz. En un acto protocolario en donde los gestos se visualizan con minucioso sarcasmo conviene evitar ciertos impulsos. Acariciar en público la mejilla del presidente don Pedro nos da una idea del nivel de aceptación que puede tener la reforma laboral; claro que por medio está Nadia Calviño, vicepresidenta primera con mando en plaza y testigo directa de la acontecida zalema.

El candor que se desprende en la secuencia no solo rompe la estética de las formas, sino que enaltece la pompa de lo que hoy en día representa el libertinaje, el enredo y el desprecio a la verdad que nos rodea. El gesto no me asusta, no soy uno de esos pudibundos guardado en formol, quede claro, pero me resulta gracioso y confieso que hasta tiene su punto de aliño. Algo como el perejil de todas las salsas.

El reciente acto hispano-luso celebrado en Trujillo nos ha dejado la inmortal secuencia. Don Pedro saludó a Calviño en primer lugar, ya que por rango era la primera en la línea de salutación, y en segundo lugar lo hizo con Yolanda Díaz. En ese instante fue cuando se produjo la exaltación placentera para el ojo humano. Uno que ya se guarda en asombros con este gobierno, pero no tanto en indiferencias, debo confesarme laminado si este reflejo pseudocarnal hubiera sido a la inversa. Pongamos por caso que un servidor está de relieve en dicho acto, cosa improbable porque a día de hoy don Pedro no me dirige la palabra, pero insisto, si a resultas de mi condición de hombre soy saludado, por ejemplo, por la canciller alemana Angela Merkel y yo correspondo tocando su mejilla a modo de caricia, la pléyade de la feligresía feminista de este país me hubiera lapidado sin derecho a últimas voluntades.

En todo esto, que no es poco, conviene tener en cuenta a las terceras personas, que las hay. En lo institucional el papelón de Nadia Calviño allí presente, porque ella es la valida de don Pedro en materia económica y su voz tiene una métrica profesional que pasa por ser la sensata de Moncloa en esto de la economía y las finanzas. En cuanto a lo personal, pues que quieren que les diga, doña Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, a verlas venir. Que conste que yo en cosa de intimidad de parejas no acostumbro a meterme, pero el tema de Yolanda Díaz es muy fuerte, tanto que a la señora del señor presidente a raíz de esto se la ha visto abstraída en el control de sus actos. Esto ha sucedido dos días después de la carantoña, pero nada de extraño tiene porque estos disgustos salen, ya lo creo que salen.

La acción de doña Begoña tuvo lugar en el posado previo a la cena de gala celebrada en el Palacio del Quirinal, de Roma tras la clausura de la Cumbre del G20. Como digo, Doña Begoña Gómez algo disuelta, sin duda por la injerencia cariñosa de Yolanda aún tan reciente, resultó ser la única que mantuvo puesta la mascarilla en la fotografía de todos los líderes allí reunidos junto a sus acompañantes. Gracias a la mujer de Draghi que estuvo al quite avisándole del despiste. Dicen que la cara de la presidenta consorte al percatarse de su patinazo no podía ser más explícita. Lógico e incluso algo comprensible, pues como vengo diciendo, los disgustos antes o después pasan factura.

Por otro lado, lo de afear de aquella manera a Nadia Calviño me parece poco inteligente por parte de Yolanda Díaz. Pretender tomar la delantera mediante impulsos cariñosos es de artimaña nada fiable, sobre todo porque lo de la reforma laboral no debe entenderse como una postura ideológica, sino más bien como un asunto de Estado respetando el diálogo social con la patronal para cumplir con Bruselas. Y así ha sido como la vicepresidenta primera Calviño se ha cobrado la afrenta de la carantoña de la Díaz a don Pedro. ¿Qué ha hecho doña Nadia? Pues aprovechar desde el marco del G-20 para poner patas arriba la reforma laboral de Yolanda dejando claro que el liderazgo otorgado a la ministra de Trabajo y Economía Social es sólo una mera cuestión nominal. O sea, los primeros espadas del gobierno en letra grande y después los subalternos en minúscula. Aunque me temo que este calentón de poco va a servirle a la Calviño, pues don Pedro lo que acostumbra es a soplar y sorber al mismo tiempo con tal de mantener la poltrona. En fin, que uno no gana para disgustos.

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