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TRIBUNA

Senador Barral y sus amigos (1ª parte)

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 06 de noviembre de 2021, 18:33h

Carlos Barral (1928-1989), el escritor y editor, fue senador desde 1982 a 1989. Durante esas legislaturas, yo era el portavoz del grupo parlamentario socialista al que pertenecía Barral, e hicimos una buena amistad.

Cuando Carlos Barral se hizo famoso, como poeta, con su celebrado libro Metropolitano (1957), y como editor, primero con Seix Barral, y finalmente con Barral Editores, su fama estuvo también asociada a su oposición al franquismo. Así, fue natural que Barral se presentase como senador socialista por Tarragona.

Se mantuvo en el Senado hasta las elecciones de 1989, en las que perdió el escaño, a pesar de que su partido fuese el más votado para el Congreso de los Diputados en esa provincia. Según me dijeron -y Barral pensaba lo mismo-, en la campaña electoral no se hizo nada para dar a conocer a los candidatos al Senado, haciéndolo únicamente para la lista de diputados. A los senadores hay que elegirlos poniendo una cruz en la papeleta electoral, y en aquellos años los candidatos estaban ordenados por orden alfabético. Como dijo una vez Cecilio Valverde (1927-2001), el segundo presidente del Senado de esta época, los candidatos a senadores tenían que superar un viacrucis, y Barral no lo consiguió en 1989.

Cuando me enteré de su derrota, le escribí una carta. Me contestó al poco tiempo, y como relata Carmen Riera (1948), académica de la RAE, en su prólogo a uno de los volúmenes de la obra poética de Barral, a él le hizo mucha gracia que en Correos de Barcelona existiese un buzón para Madrid, y otro para Provincias, cuando me envió su carta de contestación. Me decía en ella que esperaba verme pronto.

A los pocos días Carlos Barral fallecía. Tenía una salud precaria, y perder el escaño aceleró su fin. Barral fue un parlamentario muy activo. Cuando España se incorporó a la Comunidad Europea, hasta que se celebraron las primeras elecciones europeas en 1987, los escaños españoles en el Parlamento Europeo estuvieron ocupados por diputados y senadores de las Cortes Generales, y Carlos Barral fue durante aquel tiempo también diputado europeo; su prodigiosa capacidad de hablar idiomas vivos y muertos le ayudó mucho. El Parlamento Europeo encargo a Barral un informe sobre el IVA de los libros, que no estaba armonizado. Habrá que recordar que entonces Barral pertenecía al grupo de los cuatro o cinco editores europeos más famosos y respetados. En el Senado, impulsó una reforma de los derechos de autor, y para ello invitó a comparecer en la Comisión de Educación y Cultura -que él presidió siempre-, a los interesados en la reforma, desde autores a editores. Su gran amigo, Jaime Salinas (1925-2011), entonces responsable de la política del libro, con quien había creado el prestigioso premio Formentor (premio que dio a conocer mundialmente a Jorge Luis Borges en 1961), estuvo siempre a su lado. Ambos habían tenido que hacer frente a la prohibición del premio Formentor por parte del gobierno de Franco, y al mismo tiempo librase de las presiones de los partidos políticos clandestinos, que no cesaban de utilizar sectariamente un premio internacionalmente prestigioso.

En parte, por esos avatares, Carlos Barral perdió el control de sus editoriales, que fueron compradas por capitalistas que no tenían relación, o relación vocacional, con la cultura, en el sentido más profundo de la palabra. En una de sus obras en prosa, Barral hacía un retrato degradante de uno de esos capitalistas. Éste se querelló criminalmente contra él, y el Tribunal Supremo pidió su suplicatorio para poder procesarlo.

La dirección del grupo socialista del Senado estaba formada por José Prat (1905-1994), jurista y militar que trabajó con Juan Negrín (1892-1956) durante la Guerra Civil, yo mismo, y unas diez personas más. Se discutió el suplicatorio de Barral exhaustivamente, y teníamos la experiencia reiterada de suplicatorios de senadores de Herri Batasuna, y por lo tanto sabíamos los principios que teníamos que seguir. Acordamos concedérselo, y Juan González Bedoya (1945), senador por Cantabria, que se ocupaba de las relaciones con los medios informativos, y yo como portavoz, le dijimos a Carlos Barral que votaríamos favorablemente el suplicatorio, pues el presunto delito no tenía dimensión política alguna.

Barral aceptó la decisión, y tengo que decir ahora que esa decisión la adoptamos los dirigentes del grupo socialista del Senado con completa autonomía; ningún jefe partidario nos llamó, y eso que el caso tuvo una proyección periodística muy grande, y que Alfonso Guerra (1940), entonces vicepresidente del Gobierno, y Salvador Clotas (1938), responsable de la cultura en el PSOE, eran muy amigos de Carlos Barral.

A pesar que los socialistas teníamos una amplia mayoría en el Senado, el suplicatorio fue rechazado. La desconfianza con los jueces, especialmente aguda entre los veteranos, y la propaganda en contra que hizo silenciosamente el senador catalanista de izquierda y director de cine, Pere Portabella (1927), fueron las causas. Presentamos la dimisión la dirección del grupo, y cuando Alfonso Guerra nos manifestó que no lo hiciésemos, sin embargo, pedimos una nueva votación para seguir en nuestros puestos. Cuando el Tribunal Constitucional se pronunció sobre la inmunidad de Barral, entonces fue el primer movimiento con el que la Justicia avanzó sobre la política.

Aquella época del parlamentarismo se diferencia de la actual en dos sentidos: que había mucho más pluralismo ideológico, a pesar de la disciplina partidaria, y consecuencia de lo anterior, al parlamento se acercaban las élites de aquella sociedad.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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