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EDITORIAL

Ómicron: los países ricos pagan caro su egoísmo

EL IMPARCIAL
lunes 29 de noviembre de 2021, 11:57h

Cuando el coronavirus infectó el planeta, los países ricos, en especial Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea, proclamaron que ayudarían a África en la lucha contra la pandemia. Prometieron que proporcionarían las vacunas suficientes para evitar que el continente negro sufriera los embates de la enfermedad. Pero el resultado es fatídico: apenas un 7 por ciento de la población ha sido inmunizada, mientras la media en Occidente supera el 60 por ciento y en España, el 80 por ciento.

Primero por pura solidaridad y, luego, para extinguir el virus en el mundo, era imprescindible que Occidente ayudara a los países más pobres, con deficientes estructuras sanitarias y sin medios económicos para comprar las dosis necesarias. Ahora, el egoísmo de los países más ricos ha tenido el inevitable efecto boomerang. En Suráfrica, el virus ha mutado en una nueva y peligrosa cepa que se expande a gran velocidad y que los expertos auguran que puede ser más letal que ninguna otra.

En Europa ya se han detectado casos en diez países y su expansión será inevitable, las bolsas se han desplomado, aumentan las restricciones perjudicando la recuperación económica y el pánico vuelve a asolar el mundo. Todavía hay que esperar el análisis de los expertos a la cepa bautizada con el nombre de “ómicron”. Todavía se desconoce si la virulencia del virus resulta tan peligrosa como algunos vaticinan. Pero Occidente debe aprender la lección. El egoísmo de los países ricos es tan inmoral como absurdo. Pues mientras el virus no sea extinguido el peligro seguirá latente. Ya es hora de que Estados Unidos y la UE, al menos, se ocupen de ayudar a los países que más lo necesitan. Y ya es hora de que la Organización Mundial de la Salud y la propia ONU pasen de la retórica hueca a los hechos.

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