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Ensayo

Pérez Galdós: Lecciones del ayer para el presente

lunes 06 de diciembre de 2021, 10:26h
Pérez Galdós: Lecciones del ayer para el presente

Edición e introducción de Germán Gullón. Biblioteca Nueva, 2021. 304 páginas. 17,95 €.

Por Francisco Estévez

En estos últimos tiempos la escritura del crítico y teórico Germán Gullón pareciera emular la laboriosidad característica de Benito Pérez Galdós. Aparecen ahora estos ensayos políticos del canario: Lecciones del ayer para el presente: Antología de textos políticos, prologados por su firma, tras el imponente ensayo Galdós, maestro de las letras modernas (biografía), de 2020, llamado a ser la Summa galdosiana, esfuerzo realizado por la editorial cántabra Valnera, y la reciente reedición contextualizada de aquel polémico éxito teatral de Galdós, Electra (1901), que puso a España del revés y el día de estreno le llevó aupado hasta su casa cual torero.

La propuesta galdosiana de Gullón resulta insoslayable, siendo además como es de una amplitud de miras donde todos entran y solo se extravían los que andaban ya perdidos sin redención, tal como la prosa de Galdós. En efecto, el año 2020 puso de manifiesto la vigencia del escepticismo que Alain Finkielkraut propusiera en La derrota del pensamiento (1987) ya que autores de prestigio (Mario Vargas Llosa, Javier Cercas, entre otros) aprovecharon el centenario de la muerte de Galdós para llevar el agua a su molino con la losa del lugar común en el intento vano de achicar al gigante de nuestras letras.

Manifestaban acuoso conocimiento de los estudios especializados sobre el autor en los últimos setenta años. Galdós es un autor fundamental en la modernidad cultural occidental por más que algunos se obstinen en levantar banderías flaubertianas que no dejan de ser capillas de estética frente a las cuales ya respondió en su día el propio Galdós: “Para mí, el estilo empieza en el plan […] Yo busco, no dejo de buscar. Sé que para algunos no es estilo lo que yo hago. Buscan otra cosa”. El exitoso proyecto de Gullón, iniciado por el magisterio de su padre Ricardo Gullón, es entender a Galdós a la luz europea, poniendo énfasis en su universalidad y cosmopolitismo, inmerso como estuvo en la cultura europea, fue además de extraordinario narrador, buen dramaturgo, sensible crítico musical, periodista excepcional y director de periódicos y publicaciones influyentes como El Debate, Revista de España, Océano.

El futuro de Galdós hoy se juega en la traducción de calidad de sus 9 ó 10 obras maestras, novelas que solo muy tardíamente se han traducido, primera causa pero no única por la que todavía hoy es relativamente poco conocido allende fronteras. Otro tal ocurre con su teatro, recogido íntegramente de forma muy tardía, ya en 2009, por el buen hacer de Rosa Amor del Olmo. Más apagado eco han tenido sus ensayos políticos, no por su calidad o vigencia, sino por el desdoro con que apabullados de presentismo tratamos a nuestros mayores clásicos.

Acierta Gullón en el prólogo a estos textos políticos al enfocar la prosa galdosiana como prolongación del humanismo cervantino al cual complementa siendo además gran innovador de la narrativa del XIX: el fluir de conciencia atribuido a James Joyce fue explorado con anterioridad por Galdós, los variados atrevimientos formales, pongamos ejemplos, de la novela dialogada Realidad (1889) y el perspectivismo de su envés La incógnita (1889) junto a otras exploraciones técnicas largas de enumerar siquiera aquí. La faceta política explorada en esta antología es muestra de una genialidad multiplicada en distintas facetas gracias a la perseverante laboriosidad que ni apagar pudo una ceguera.

Galdós fue diputado cunero por Guayama (Puerto Rico), militó en el Partido Liberal de Sagasta y tras un paréntesis que coincide con la atención teatral que demandaba su controvertido drama Electra, en 1907, pasó a formar parte del Partido Republicano. Su cambio de signo político responde a distintos factores: los viajes europeos, la vida intelectual en el Ateneo madrileño, las ideas renovadoras del institucionismo, pero fue un continuo descontento por los desaciertos e indolencia de liberales y conservadores frente a la cuestión social junto a la espita de la influencia del regeneracionismo y de su amigo Joaquín Costa, los que explican su republicanismo, siempre moderado y dentro de los cauces democráticos.

El carlismo de José María de Pereda o el tradicionalismo de Menéndez Pelayo le criticaron siempre con la elegancia amistosa que hoy echamos tanto de menos. La atomización del republicanismo, “el despotismo [y] la insolvente arbitrariedad en el Poder Ejecutivo” junto a su popularidad y crecientes preocupaciones sociales, le llevaron a proponerse como candidato a la famosa Conjunción Republicano-Socialista y solo 1551 votos más obtuvo el fundador del PSOE, Pablo Iglesias. Gullón destaca que Galdós nunca fue ni se consideró socialista. Por último, con 71 años ya enfermo y ciego tras dos operaciones de cataratas sus paisanos canarios le mostraron aprecio eligiéndolo diputado por Canarias en 1914.

Más allá del tópico anticlerical, Galdós fue un firme defensor de la democracia y de la patria (presentó su propuesta de Conjunción Republicana-Socialista subrayando su patriotismo), aquí se presentan textos sobre la cuestión del regionalismo, el papel de la Corona, la libertad de la prensa o visiones de los políticos más decisivos de la época como fueron Antonio Cánovas del Castillo, Práxedes Mateo Sagasta, Emilio Castelar o Antonio Maura. Hay en estas páginas, por cierto, un excelente relato de ese momento culmen de la Restauración cuando España transitó de la monarquía absolutista a la monarquía constitucional. Las propias palabras de nuestro gran clásico explicarán mejor su visión de la política: “Voy adonde la política es función elemental del ciudadano con austeras obligaciones y ningún provecho, vida de abnegación sin más recompensa que los serenos goces que nos produce el cumplimiento del deber”.

De la presente antología política destaco, sin duda, esa maravilla de artículo, “Soñemos, alma, soñemos”, publicado en la revista Alma española (1903) a solicitud de su director José Martínez Ruiz, Azorín. El magisterio galdosiano brindaba posibilidad de escritura a los jóvenes que frecuentaron dicha revista: Miguel de Unamuno, Vicente Blasco Ibáñez, Ramiro de Maeztu o los hermanos Sawa. Tal artículo resultó a la postre ideario de la propia revista, un puente intergeneracional. Allí pide a todo el pueblo un gran pacto por encima de las tragedias superadas en pos de una mejor vida en común.

El prólogo de Germán Gullón a estos textos políticos es un ejemplo de síntesis y perspectiva con entendimiento múltiple ante el genio polifacético de Galdós. Sin duda, unas páginas políticas esenciales escritas por la figura capital de nuestras letras, Benito Pérez Galdós.

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