www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Los últimos días de la URSS (1)

lunes 06 de diciembre de 2021, 19:57h
Actualizado el: 12/07/2021 08:10h

En diciembre de este año se cumplen 30 años desde la desaparición de la Unión Soviética del mapa mundial. El escritor y periodista, Boris Cimorra, dedica, en tres entregas, un amplio artículo a los acontecimientos claves, llenos de la tensión y del dramatismo, que, finalmente, culminaron con que “la URSS como sujeto de derecho internacional y realidad geopolítica ha dejado de existir”.

El Golpe de “Visculí”

El día 8 de diciembre, los presidentes de las tres Repúblicas de la URSS, Boris Yeltsin (La Federación Rusa), Leonid Kravchúk (Ucrania) y Stanislav Shushkévich (Bielorrusia), firmaron un acuerdo de la disolución del primer Estado Comunista de la historia, que durante más de 70 años era uno de los países más poderosos e influyentes del planeta.

Dos acontecimientos previos precipitaron el triste final del ex Imperio de los Zares convertido en el Imperio Soviético, después de la Revolución Bolchevique en octubre del 1917.

El primero fue el intento del Golpe de Estado en agosto de 1991 contra Gorbachov por la parte más conservadora del PCUS y del Gobierno soviético, contraria a los cambios en la estructura del país que pretendía realizar el Presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, firmando un nuevo Acuerdo de la Unión en sustitución del de la Unión Soviética, constituida en 1922.

La nueva Unión de los Estados Independientes (“SNG”, en las siglas en ruso) establecía un Estado totalmente descentralizado, con una “independencia” absoluta de cada ex República Soviética, que la formaría, de cualquier organismo de un poder “central”, sólo conservándose los “comunes” el espacio territorial, económico, militar y de política exterior. Una especie de la Confederación, próxima a lo que representa hoy en día la Comunidad Europea.

Con esta nueva configuración, la SNG dejaba de ser nada parecida a lo que era la URSS, con su sistema de gobierno centralizado, con fuerzas policiales y militares bajo el mando del Kremlin, dispuestas a intervenir en cualquier República – de las 15 que formaban la URSS – que intentara independizarse y salir de la Unión Soviética. Descontentos con esta “desintegración” de hecho del País Soviético, los más patriotas y conservadores del propio equipo de Gorbachov, organizaron un golpe contra él, considerándolo de traidor de los intereses y de la integridad de la Unión Soviética, para apartarlo cuanto antes del poder e impedir la firma del Nuevo Tratado de la Unión, fijada para el día 21 de agosto de 1991. Por ello el golpe empezó dos días antes, el 19 de agosto.

Uno de los argumentos de los golpistas fue que a la nueva SNG ya la faltaban 6 ex Repúblicas Soviéticas (3 bálticas – Lituania, Letonia, Estonia – y Georgia, Armenia y Moldavia) que no querían formar parte del nuevo estado unitario y habían decidido separase por completo de la URSS, lo que demostraba ya, “de facto”, una quiebra parcial del país y esto era necesario evitar a cualquier precio, incluso por la vía de un Golpe de Estado, para salvar al propio Estado de la desintegración.

Después del fracaso de la intentona golpista, gracias a la intervención del Presidente de la Federación Rusa, Boris Yeltsin, y la vuelta del presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, al Kremlin del cautiverio en que lo habían encerrado los golpistas (en la residencia veraniega presidencial en Crimea, en el Mar Negro), Gorbachov intenta de nuevo organizar la firma del Tratado sobre la formación de la SNG.

Pero choca frontalmente con la negativa del Presidente de Ucrania, Leonid Kravchúk, de firmarlo y discutir cualquier posibilidad de adhesión de Ucrania a cualquiera nueva Unión, alegando que hasta que el pueblo ucraniano no expresara su opinión sobre si separarse definitivamente de la URSS o permanecer dentro, él no podía tomar ninguna decisión al respecto.

El Referéndum se celebró el día 1 de diciembre y es el segundo acontecimiento al que me he referido al principio.

El resultado fue abrumador y asombró a muchos. Por la salida de Ucrania de la URSS y por su plena “independencia” votaron el 90% del 84% total de ciudadanos llamados a las urnas. En algunas regiones, como Galitcia (“Galicia”, en el oeste ucraniano), la participación fue del 97% y por la independencia votaron el 99%. En la región de Lugansk (Donbáss, en el este ucraniano), con gran porcentaje de rusos, votaron por el “” el 84%. En Crimea, con mayoría de población rusa, la independencia de Ucrania fue apoyada por más del 54% y en Sevastópol, la base naval de la flota soviética en el Mar Negro, el 57%.

Cuando al día siguiente de la celebración del referéndum, Kravchúk llamó a Gorbachov, él no se lo podía creer. También Yeltsin estaba asombrado con los resultados en las zonas “rusas”.

Con esta legitimidad de las urnas nadie, ni Gorbachov, ni Yeltsin podían parar al Presidente ucraniano en su empeño de separar a Ucrania de la URSS, que él había demostrado en todo el proceso de la negociación con Gorbachov y con las demás 8 Repúblicas Soviéticas del Tratado de la creación de la SNG.

Intentando salvar de alguna forma esta crítica situación, Gorbachov se reúne el día 2 de diciembre, en el Kremlin, con su eterno rival político, Boris Yeltsin, y le pide que intente a convencer a Kravchúk de formar parte de la SNG. ¿Qué pasaría con una gran población rusa en el territorio ucraniano si Ucrania realmente abandone la URSS?

Yeltsin promete reunirse con Kravchúk, aprovechando su programado viaje a Bielorrusia para un encuentro con su homólogo, Stanislav Shushkévich, quien, en su lugar, invitaría también al Presidente ucraniano.

Finalmente los tres presidentes con sus equipos se reunieron en Viskulí, una de las “residencias de caza” de los líderes soviéticos, construida en la época de Nikita Jruschiov en la zona vedada de Belovézhskaya Púscha, a 8 kilómetros de la frontera con Polonia y a 350 kilómetros de Minsk, la capital bielorrusa. Cerca de Viskulí, en un pueblecito llamado Pruzhany se construyó un aeródromo militar para recibir a los VIP visitantes de Moscú, que iban a descansar y a cazar en Belovézhskaya Púscha.

Yeltsin, cumpliendo la palabra dada a Gorbachov, le ofreció a Kravchúk que firmara el texto del Tratado, pero el presidente ucraniano se negó, incluso, cuando Yeltsin le ofreció la posibilidad de introducir sus correcciones. En seguida, sacó su principal “as”, los resultados del referéndum en el que el pueblo ucraniano, por una mayoría abrumadora, se había pronunciado por la “independencia”. Ucrania quería ser libre y no formar parte de ningún otro Estado, ya fuese federal, confederal, o cualquier otra cosa.

El “no” de Kravchúk al Tratado fue rotundo. Y los intentos de Yeltsin y, en algunos momentos, de Shushkévich de apelar a la historia común, a la amistad entre los pueblos soviéticos, a las estrechas relaciones económicas y a otros argumentos a favor de la “unión” no consiguieron cambiar la postura negativa del presidente ucraniano. La discusión entró en un callejón sin salida. La tensión iba creciendo. En un momento Kravchúk le dijo a Yeltsin:

Yo volveré a Kiev como Presidente de Ucrania y usted, Boris Nikoláevich, regresará a Moscú para seguir siendo un subordinado de Gorbachov.

Yo he venido aquí para no dejar a la población rusa desprotegida si Ucrania se separe de la Unión Soviética. Los que viven en Crimea, en Donbáss, en Odessa son nuestros compatriotas y la Federación Rusa no los abandonará – le contestó Yeltsin fría y rotundamente. Sonaba, incluso, como una amenaza.

Pero esos compatriotas, y usted lo sabe muy bien, han votado por la independencia – replicó en seguida Kravchúk.

Pero no han votado para que se creen fronteras y para que, cuando deseen ver a sus parientes que residen en el territorio de la Federación Rusa, tengan que pedir visados, lo mismo que sus familiares cuando quieran visitarlos en Ucrania – batió Yeltsin el “as” del muy seguro Kravchúk.

El argumento era inapelable. El Presidente ruso había puesto el dedo en la llaga, el punto más débil de su colega ucraniano: los territorios “históricos rusos”, pertenecientes a Ucrania. Kravchúk hizo una pausa y con un tono más dialogante añadió:

Pues, vamos a buscar un acuerdo entre Ucrania y Rusia para que esto no suceda. Yo, precisamente, he venido aquí para hablar de ello y no del Tratado de Gorbachov.

Yeltsin también suavizó su tono y propuso:

Entonces, redactemos ese acuerdo incluyendo a Bielorrusia.

Yeltsin miró al presidente bielorruso y éste asintió, diciendo:

Sí, Boris Nikoláevcih. Que sea un acuerdo trilateral.

Claro, tres Repúblicas eslavas juntas. Una alianza económica y política – concluyó el Presidente ruso visiblemente animado.

Yeltsin comprendió que Ucrania no iba a unirse al Tratado de Gorbachov bajo ninguna condición y decidió sacar el plan “B”, que le había preparado su equipo antes del viaje a Minsk: propuso preparar un borrador del acuerdo entre los tres presidentes y firmarlo al día siguiente.

Los expertos empezaron a trabajar. Fundamentalmente los equipos ruso y bielorruso. Por parte de los ucranianos no se presentó nadie, pero ya se conocían sus opiniones y las de su jefe, expuestas durante la cena. Por ejemplo, Kravchúk insistía en que ni en el título, ni en ningún otro pasaje del documento, figurara la palabra “unión”. “Excluirla del léxico, prohibirla” – casi gritó exaltado presidente ucraniano.

Por tanto, el título que los expertos pusieron al documento fue Acuerdo sobre la fundación de la Comunidad de los Estados Democráticos. Sonaba bien, como la Comunidad Europea. Como base les servía un acuerdo de cooperación firmado, hacía un año, entre Rusia y Bielorrusia, del que la delegación rusa, “por si acaso”, se había traído un ejemplar.

Gaydar, el Ministro de Economía y Finanzas ruso, junto con los demás expertos, empezó a redactar el texto, transformándolo de un acuerdo bilateral en uno multilateral. El trabajo se prolongó hasta las 5 de la madrugada. Gaydar escribía a mano, ya que, en el complejo residencial, organizado para la caza y el descanso, no había ni mecanógrafa, ni máquina de escribir. A las cinco de la mañana del día 8 de diciembre, alguien del personal de la residencia se marchó a buscar una máquina de escribir.

Antes del desayuno, los expertos rusos y bielorrusos enseñaron el borrador del Acuerdo a sus colegas ucranianos. Ellos lo aprobaron, introduciendo sólo un cambio en el título. En lugar de los “estados democráticos” pusieron “estados independientes”.

Después del desayuno, Yeltsin, Kravchúk y Shushkévich, acompañados por sus respectivos primeros ministros, fueron a la sala de billar, para empezar a discutir el borrador del texto del acuerdo. Los expertos de las tres delegaciones se quedaron en una habitación colindante.

Kravchúk, sin ojear el texto preparado por los expertos ruso-bielorrusos, se puso a redactar personalmente un nuevo texto. Pidió papel y empezó a escribir, asombrando a los presentes. Utilizaba unos papeles que sacó a relucir. Era un borrador del Acuerdo de creación de una Alianza eslavo-oriental, preparado a primeros de 1991, a propuesta suya y de Yeltsin, para enseñársela a Gorbachov. El Presidente soviético lo había rechazado y ahora, aquel borrador ligeramente adaptado a la nueva realidad, le servía a Kravchúk de guion.

Su principal oponente era Búrbulis – Secretario de Estado y la mano derecha del Presidente ruso – que tenía el proyecto redactado por Gaydar en las manos Y así, entre los dos ponentes, fueron construyendo el texto definitivo, que, a renglón seguido, se sometía a discusión entre los tres líderes reunidos en la sala de billar, que iban aprobando capítulo por capítulo.

El documento final tenía catorce capítulos.

Cuando el documento estuvo listo para firmar, Búrbulis (según otras versiones, el consejero jurídico Shajráy) anunció a Yeltsin que se tenía que añadir un artículo más relativo a la disolución de la URSS, ya que el abandono de cualquier República de la Unión Soviética estaba previsto en la Constitución soviética y con ello la URSS, como un Estado, seguía existiendo, aunque sin las Repúblicas que hubiesen decidido abandonarla. De hecho, las tres Repúblicas bálticas proclamaron su abandono de la URSS, aludiendo a este artículo de la Constitución soviética.

Boris Nikoláevich, si sólo anunciamos nuestra salida de la URSS, ésta seguirá existiendo y también Gorbachov como Presidente, aunque de una Unión Soviética recortada – explicaba Búrbulis a un preocupado Yeltsin.

– ¿Y con qué razón jurídica, tres Repúblicas pueden disolver la Unión compuesta por las otras Repúblicas? – preguntaba Yeltsin.

Es que Shajráy ha encontrado un interesante pábulo jurídico.

¿Cuál?

La URSS fue fundada en diciembre de 1922 precisamente por la Federación Rusa, Ucrania y Bielorrusia. También por la Federación de las Repúblicas Soviéticas del Cáucaso, que entonces formaban Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Pero esta federación fue suprimida en los años 1936-37. Por tanto, ahora tres de los estados-fundadores tienen derecho a denunciar el Acuerdo de 1922. Por eso proponemos el siguiente preámbulo – y Búrbulis le entregó a Yeltsin un texto que decía: “Nosotros, la República Bielorrusia, la Federación Rusa y Ucrania, como Estados fundadores de la Unión Soviética, firmantes del Acuerdo de 1922, constatamos que la URSS como sujeto de derecho internacional y realidad geopolítica ha dejado de existir

Muy buena formulación – exclamó Yeltsin más relajado. – Además, de un plumazo desaparece la URSS y su Presidente Gorbachov. Ya no podrá poner más obstáculos. Nos tiene hartos a todos.

Firmado el documento por los tres presidentes, Yeltsin, de repente, pidió a sus ayudantes que llamasen a Alma-Ata, al presidente de Kazajstán, Narsultan Nazarbáev, y dirigiéndose a los otros líderes les dijo:

Hay que invitar a Nazarbáev para que firme el Acuerdo. Kazajstán dentro de la CEI será una garantía de que las demás Repúblicas asiáticas también entrarán en la Comunión.

Así nació el Acuerdo de Viskulí que dio el comienzo al desmantelamiento jurídico de la URSS.

¿Vino o no el Presidente de Kazajstán a Viskulí para firmar el Documento de la disolución de la URSS? ¿A quién primero llamaron los tres firmantes, al Presidente Gorbachov o al estadounidense Bush, y cuál fue la reacción de cada uno de ellos? ¿Qué acontecimientos sucedieron la firma del Acuerdo de Viskulí y cómo se portó el Presidente Gorbachov ante este nuevo “Golpe”?

Las respuestas a estas preguntas y otros detalles sobre este histórico y transcendental acontecimiento, ocurrido hace 30 años en un lejano pueblecito bielorruso Viskulí, el lector los podrá encontrar en mi último libro “La Caída del Imperio Soviético, publicado recientemente por la editorial ACTAS.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (9)    No(1)

+
2 comentarios