La muerte del cantante mexicano Vicente Fernández pone punto final a todo un género en sus más destacados exponentes. El ranchero no pasa por sus mejores momentos, sigue siendo popular y definitorio de identidad nacional –una que ya no casa del todo con sus letras– pero se lo señala machista, que en buena medida lo es por campirano y desconocemos si sea una variedad musical que puede o debe de renovarse. Ya su vástago, el afamado Alejandro Fernández, que entra y sale de tal categoría musical, ha sido increpado por canciones como “Mátalas”. En plena era de sentida reivindicación feminista, el asunto aludido no es menor.
Con el fallecimiento de Vicente Fernández se acabaron los grandes intérpretes de la música vernácula mexicana. No hay más sucesores de la talla de Negrete, Infante, Solís y el propio Fernández. Lo que venga es una incógnita y tal vez nos limitaremos en las voces masculinas del género, a reproducir sus discos ante esa aridez. En un tiempo aglutinó nacionalismo y quintaesencia de la mexicanidad, pero los tiempos cambian y los gustos, también. Por eso desconozco si esta categoría de música folklórica relucirá desde ya como antes o se atendrá a resignarse a un decaimiento inexorable y a verse disminuida sin más. El Museo Memoria y Tolerancia de Ciudad de México ponía entre sus ejemplos de maltrado a la mujer, canciones del hijo del finado. Las rancheras son lo que son y de variados temas, también dígase, pero algunos remarcan lo dicho.
Hablando de museos, hace diez años conté a usted en esta columna “Desde ultramar” acerca de la inauguración del museo Soumaya en Polanco, en la Ciudad de México. Una década después ha acrecentado su rico acervo de variado contenido. Marfiles asiáticos, Rubens, Dalí y Miró, El Españoleto, los Van Gogh oscuros, arte mexicano notabilísismo, la última réplica original de la Puerta del Infierno de Rodin dispensada en su testamento, las expos grandiosas de piso entero como las dedicadas a Venecia o la que mostró para homenajear a Sofía Loren, quien le prestó todo a su dueño, su amigo Carlos Slim, en algunos momentos el hombre más rico del mundo. Así fue que conocí in situ un oscar o un león de Venecia o el oso de Berlín. El Soumaya es una gozada, de acceso gratuito y despliegue notable. Diez años que se agradecen. De momento por la pandemia yo de museos, poca cosa, aunque aviso que CDMX inauguró el Museo Kaluz en el antiguo Hotel de Cortés. Es una suerte de cuasipinacoteca también con un excelente repertorio en un espacio acondicionado adecuadamente. Enhorabuena.
En tanto transcurre la Expo Universal Dubai 2020 –que se aventó la puntada de un día de acceso gratuito en el cincuentenario de los anfitriones EAU, un hito en los anales de tales eventos– tenemos en puerta con el año venidero al caer, los Juegos Olímpicos de invierno en Pekín y el Mundial de Fútbol en Catar –que le está costando caro a México calificarse para tal– más la siguiente Exposición Universal programada, Osaka 2025 –que nos promete taxis voladores– y con China liderando la economía mundial –semanas atrás la consultora Mckinsey & Co. la ha considerado el país más rico– ahora India se alza con la corona de Miss Universo. La cuenca del Pacífico no es la única que mueve dinero. Si alguien ya lo expresó: el siglo XX fue el siglo americano, pero no lo será el XXI. Así va el siglo XXI al finalizar su año 21, con Asia más que apuntalada.
Por otra parte, la escalada de tensión en Ucrania nos recuerda lo que expresé a usted hace algunos años en torno a la crisis de Crimea: Ucrania está en el hoyo, los rusos la tienen en el bote, perdió demasiado tiempo en jaleos internos dejando pasar –así fuera por preminencia de Moscú y su eterno mangoneo– la oportunidad de unirse a la UE y a la OTAN, por vagas que hubieran sido esas oportunidades. Al final, mientras Rusia se reponía de la debacle soviética y dejaba su atontamiento, Ucrania ahora se descubre sola y a merced de los rusos. Las amenazas de guerra si se persiste en alejarla de Rusia, son palabras mayores. No vislumbro la contienda, empero no la descarto si se pone como línea roja alcahutearla para que se sume a cualesquiera de tales organismos. Será un rotundo casus belli. La Segunda Guerra Fría no tiene que ser una pax perpetua ni eternas provocaciones, si es que eso fuera posible sostenerse ad infinitum, per se.
Las restricciones en países como Alemania, Países Bajos y otros reaccionando a la cepa omicrón que se propaga velozmente, advierten que no estamos aprendiendo nada del arduo camino recorrido. Retroceden en la permisión. Y es que queremos vida normal en medio de una pandemia. No estamos entendiendo la urgencia de la situación y en no reunirnos, en efecto, en grandes contingentes que comportanse cual si la vacuna inmunizara y no inmuniza. Las Pascuas debieran asumirse con bastante recelo y extremados cuidados y es penoso que no. Y con lo formidable que ha quedado el belén monumental peruano colocado en la Plaza de San Pedro, mientras que la Vía de la Conciliación se engalana con artesanía callejera poblana. Gran acierto incluirla porque Puebla, en México, es una zona luminosa, colorida, extraordinaria y de una riqueza cultural profunda.
Por su parte, Acapulco ha conmemorado los 500 años del descubrimiento de su bahía a instancias de Cortés, que buscaba otras Tenochtitlán (que nunca halló) y una ruta a China, obsesionándole. Desde ese punto se exploró el Pacífico todo. Como Acapulco es sinónimo de gran turismo, refiramos que por la inhibición del turismo mundial el año pasado, México remontó al quinto sitio en número de visitantes, pues no cerró sus fronteras. Este año con la política de puertas abiertas que favorecen un ingreso económico sensible para México, tal y como lo representa el turismo (7,1% del PIB), los números colocan al país con una cantidad de visitantes sostenido y en ascenso, mas con 46% de ocupación hotelera. Cancún se posiciona como el segundo lugar del mundo recibiendo turistas internacionales. El cuarto puesto en número de muertos por la pandemia, también debiera considerarse. Unas por otras, mas determínese si hay nexos entre ambos asuntos antes de sacar conclusiones atropelladas. Como atropellado resultó poner al controversial Musk en Time. Allá los editores que, siquiera, desecharon poner en su portada a Bolsonaro e hicieron lo que les dio la gana.
Yo echo de menos con motivo de las navidades una mayor iluminación en la arboladura el Paseo de la Reforma, en CDMX; que hace décadas que no alumbran la sotafronda del prestigiado Paseo a cambio de otros sitios más transitados como los ejes peatonales del centro histórico de la capital mexicana. Al recluirme, me la estoy perdiendo donde sí la colocan. Mis vecinos paramentando se comiden a ponerle la guinda al pastel; que yo me limito a hacerlo intramuros y no chisto, pues llevamos un diciembre a veces hasta algo caluroso y yo estoy feliz.
Colocar la estrella en la torre de la Virgen María de la Sagrada Familia de Barcelona, me hace suponer que la meta de 2026 va avante y como no se mataron Hamilton o Verstappen –cosa que me alegra, no lo dude– respiremos. Sostengo que hay más democracia en el plebiscito de Nueva Caledonia atendiéndolo en plena pandemia ganando el “no” por la independencia frente a Francia, que en la deslucida cumbre de la democracia convocada inopinadamente por Biden. Democracia que calla el bloqueo a Cuba, la crisis migratoria generada en la frontera con México, la vergüenza de ser negro en EE.UU. o la toma del Capitolio. Democracia a modo, ¿de bastoneras? Repleta de espacios comunes y golpista hacia terceros. Pues que cada quien la asuma. Democracia ¿la que persigue a Assange porque le reventó un cohete en la oreja al Tío Sam? Ya. Menuda democracia, entonces. Su encarcelamiento o las denuncias de tortura a su persona no han impedido que le otorgaran apoyo mundial y el premio de la Paz Sttutgart en 2020 y el Karl Renner a la Solidaridad en 2021. Y perdura Wikileaks.
Extiendo mi reconocimiento a Rosa María Calaf. Su cercanía y sencillez han aflorado en la entrevista que concedió a La Matemática del Espejo, de TVE . Y me relamo los bigotes con un 2022 dedicado a Elio Antonio Nebrija que conmina a reflexionar la lengua de todos, mientras aguardamos la palabra del año que ya languidece y que nos prodigue la RAE dentro de unas semanas.