El Nobel de este año ha vuelto a decantarse por una literatura con cierto aire de exotismo y lejanía, al otorgar el preciado galardón a Abdulrazak Gurnah (Zanzíbar, 1948). El escritor tanzano recaló en Inglaterra como refugiado a los veinte años, y allí ha desarrollado toda su carrera como novelista, cuentista, ensayista y profesor en diversas universidades británicas -sobre todo impartió clases hasta su jubilación en la Universidad de Kent, ubicada en Canterbury, donde hoy reside-, y alguna africana. Su obra se ha difundido en el ámbito anglosajón, pero mucho menos fuera de este. Esperemos que la concesión del Nobel contribuya a que nos llegue su producción, de la que Paraíso, de la ahora podemos disfrutar en excelente traducción, es una muestra extraordinaria.
Nominada a los premios Booker y Whitbread, Paraíso entremezcla de manera magistral historia e intrahistoria, con todo lujo de reveladores detalles, en el marco de la ciudad ficticia de Kawa -a principios del siglo XX-, donde se nos sumerge, y también en otros territorios, y plantea una serie de cuestiones muy presentes en la realidad de lugares existentes del vasto continente africano, visto no pocas veces a través de estereotipos y prejuicios que no reflejan su complejidad. La novela de Abdulrazak Gurnah explora las enrevesadas relaciones entre las distintas colectividades que allí habitan y los conflictos que se generan entre ellas y también con el colonialismo europeo y una cultura que siente como invasora, aunque Gurnah denuncia el colonialismo y su rapiña pero no le achaca todos los males, sin despeñarse por una visión simplista.
“Empecemos por el niño. Se llamaba Yusuf, y cuando tenía doce años tuvo que abandonar su hogar de manera repentina. Recordaba que era época de sequía y que cada día era igual al anterior. Las flores morían apenas brotaban. Extraños insectos salían de debajo de las piedras para retorcerse hasta morir bajo la luz abrasadora. El sol hacía que los árboles lejanos temblasen en el aire y que las casas se estremecieran y jadearan con dificultad. Con cada pisada una nube de polvo se elevaba, y una quietud agobiante se cernía sobre las horas de más calor. Momentos precisos como éstos acudían a su memoria cuando menos se lo esperaba.
En aquella época vio a dos europeos en el andén. Eran los primeros que veía en su vida, pero aun así no se asustó, por lo menos al principio. Iba a menudo a la estación para ver la entrada de los trenes, estruendosos y llenos de gracia, y luego esperaba hasta que volvían a ponerse en movimiento bajo las órdenes que el ceñudo guardavía indio impartía valiéndose de un banderín y un silbato”. Así arranca Paraíso, pues precisamente el pequeño Yusuf, de doce años, será su protagonista en un mundo duro que observamos a través de sus ojos. Un mundo en el que es moneda corriente convertir a personas en prácticamente esclavos como pago de deudas. Es lo que le ocurre a Yusuf. Sus padres le engañan al comunicarle que deberá pasar un tiempo con su tío Aziz, un rico comerciante árabe. Yusuf acoge la noticia ilusionado, pues ese cambio le permitirá dejar su pequeña ciudad y conocer otros lugares que se le antojan de ensueño.
Pero al llegar a su destino, comprobará que la realidad es bien distinta. Aziz no es su tío, sino que su padre se lo ha dado como sirviente sin remuneración alguna en pago a unas deudas que había contraído con él. Al principio, trabajará en la tienda de Aziz y luego emprenderá junto a su dueño un peligroso periplo en caravana con el propósito de comerciar, viajando por el África Central y la cuenca del Congo, donde les acecha una naturaleza tan exuberante como hostil, poblada de animales salvajes, y habrán de enfrentarse a belicosas tribus hostiles y los colonizadores. Yusuf descubrirá relatos orales que le van contando, pero también que la vida no vale nada. Después, le esperan otros desafíos en los que se irá conociendo a sí mismo, y forjando su carácter.
Singular novela de aprendizaje, con magnífico retrato de personajes y situaciones, es esta historia con ecos de la nouvelle El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.