A lo largo de todo el complicado y tenso año 2021, Felipe VI ha demostrado su imperturbable serenidad...
A lo largo de todo el complicado y tenso año 2021, Felipe VI ha demostrado su imperturbable serenidad, la prudencia que le ha caracterizado desde la adolescencia y el sentido de la moderación. Su discurso de esta Nochebuena me ha parecido ejemplar. Ha hablado con un dominio completo de las cámaras, la vocalización exacta, excelente la expresión corporal. Ha actuado como si fuera un experto profesional de la televisión
No se ha referido Felipe VI a su padre el Rey Juan Carlos I; tampoco ha hablado sobre la creciente actividad de la princesa de Asturias. Ha recordado la tragedia de la isla de Palma. Ha alentado a superar la Covid-19. Ha reconocido el esfuerzo del personal sanitario. Ha expresado su preocupación por la crecida de los precios, subrayando, sin embargo, la recuperación económica. Cree el Rey que no debemos caer en el pesimismo. Ha apelado a las nuevas tecnologías, y ha propugnado un Estado del bienestar sólido, la igualdad entre mujeres y hombres y el equilibrio medioambiental. Sabe el Rey que España es una sociedad responsable, que se preocupa de los intereses generales. Y ha hecho Felipe VI el elogio de la Constitución que simboliza desde hace 40 años la paz, la libertad y la prosperidad. Cree el Rey que nuestro futuro camina de la mano de la Unión Europea y que el progreso continuará si defendemos la unidad frente a la división.
Todas las Monarquías parlamentarias europeas se han consolidado como plataformas neutrales sobre las que se solucionan los problemas de la nación. Por encima de preocupaciones familiares, Felipe VI se ha esforzado por evitar el debate sobre la Monarquía, que debe permanecer como plataforma neutral, ejerciendo el arbitraje y la moderación que la Constitución le exige. Y continuar simbolizando la unidad de España. Lo ha conseguido. Bien secundado por la Reina Doña Letizia ha sabido sortear todas las muletas que le han tendido que le han tendido los enemigos del sistema con el objetivo torticero de convertir la Monarquía en un problema más de los que agobian a los españoles. Si la Monarquía se convierte en un problema, en lugar de en una solución, no tendría razón de existir. Felipe VI lo ha entendido muy bien y su discurso ha sido este año, una vez más, modelo de lo que significa la Monarquía parlamentaria.