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ORIENT EXPRESS

El acuerdo China-Irán

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 16 de enero de 2022, 19:30h
Actualizado el: 17/01/2022 08:43h

Irán ha logrado una victoria diplomática y política que debería preocupar en las capitales de lo que va quedando del mundo libre.

El viernes pasado, en la ciudad de Wuxi, en la provincia de Jiangsu, los ministros de Asuntos Exteriores de la República Popular China y la República Islámica, Wang Yi y Hossein Amirabdollahian, firmaron la ejecución del acuerdo cooperación militar, política y económica para los próximos 25 años de marzo de 2021. Ya entonces se comprometieron a intensificar la cooperación entre los dos países. Hoy la República Islámica está integrada en la Nueva Ruta de la seda o Iniciativa de la Franja y la Ruta, el gran proyecto chino para enlazarse con Europa y África a través del Asia Central y el Oriente Próximo mediante conexiones terrestres y marítimas.

La ejecución del acuerdo sino-iraní llega en un momento crucial para la república islámica. En Viena, se están desarrollando las conversaciones sobre el acuerdo nuclear de 2015, que la administración de Donald Trump abandonó además de imponer nuevas sanciones a Teherán y que la Unión Europea trató de mantener con respiración artificial. Después de la victoria del ultraconservador Ebrahim Raisi en agosto de 2021, la república islámica ha fortalecido su posición: exige la retirada de las sanciones y el regreso de los Estados Unidos al acuerdo de 2015. La diplomacia iraní no contempla la posibilidad de otro acuerdo distinto.

En realidad, con los avances que Irán está realizando -y este acuerdo a largo plazo con la República Popular China es uno de ellos- el régimen de los ayatolás se está reforzando en la escena internacional después de unos años, los anteriores a 2015, en que realmente atravesó serias dificultades. El acuerdo de 2015 fue un balón de oxígeno y ahora están tratando de recuperarlo. Lo tienen cada vez más cerca. Por lo pronto, el ministro Wang Yi ha expresado su oposición a nuevas sanciones contra Irán y su apoyo a las conversaciones de Viena.

Pekín también sale ganando con este acercamiento a Teherán. En efecto, la República Popular afronta, en la actualidad, una ofensiva formidable en los planos económico y político. Parte de los ataques contra ella, incluyen la denuncia de las medidas contra la población uigur en la Sinkiang. Se trata de la minoría túrquica originaria del Turquestán oriental. Cuando los emperadores chinos lo conquistaron, le dieron por nombre Sinkiang, que significa “el nuevo territorio”. Entre 1825 y 1828, en 1830 y en 1856, los uigures se sublevaron contra el imperio chino, pero fracasaron. Lo máximo que consiguieron, en 1955, fue un estatuto de provincia autónoma. La República Popular China es inflexible con los movimientos independentistas. Las denuncias de campos de concentración y trabajo esclavo, entre otras, han proliferado en los últimos años. En enero de 2021, un comité conjunto del Congreso y el Senado de los Estados Unidos declaró que la República Popular podría estar cometiendo “crímenes contra la humanidad y posiblemente genocidio” contra los uigures. En febrero del año pasado, la Cámara de los Comunes de Canadá calificó el trato que recibían los uigures como “genocidio”.

Desde la Revolución Islámica de 1979, Irán se convirtió no sólo en el líder del islam chií, sino en el referente de todos los movimientos revolucionarios islámicos. Desde Teherán, los chiíes del Líbano, Irak, Bahréin, el Yemen y Arabia Saudí, así como los alauíes de Siria recibieron apoyo. Los revolucionarios iraníes fueron un revulsivo para todo el mundo islámico desde Marruecos hasta el Extremo Oriente. El respaldo iraní al gobierno de Pekín sirve de contrapeso a los ataques por el trato a la minoría musulmana de Sinkiang y complementa el que recibe de otros países islámicos como Arabia Saudí. Así, la República Popular cuenta con el apoyo de dos de los tres grandes líderes del mundo islámico. Con Turquía las relaciones son algo más complejas, pero eso habrá que tratarlo en otro momento.

Por lo pronto, Irán cuenta con dos poderosos aliados en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas – recuerden a la Federación de Rusia- y con un marco estable de relaciones políticas y económicas con Pekín a largo plazo. Los ayatolás continuarán extendiendo su influencia tanto por Hispanoamérica como por Europa al tiempo que marcan la agenda en El Líbano, Irak, el Yemen, Bahréin y Siria.

Teherán ha logrado, pues, una victoria y la causa de la libertad, hoy, es algo más débil.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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