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Ensayo

Azcona y Madueño: Guerra y Orden Internacional

domingo 23 de enero de 2022, 20:28h
Azcona y Madueño: Guerra y Orden Internacional

Síntesis. Madrid, 2021. 276 páginas. 18,17 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Guerra y Orden Internacional. Siglos XX y XXI, los profesores José Azcona Pastor y Miguel Álvarez Madueño nos ofrecen una obra dinámica, oportuna y rigurosamente científica, en la que la historia es la principal disciplina académica, pero con presencia notable de la ciencia política y de las relaciones internacionales. Conviene tener presente la adecuada labor de contextualización que efectúan los autores. En efecto, si bien la mayor parte del libro está dedicado a la reciente centuria concluida y a la que se halla en curso, el complejo siglo XIX resulta adecuadamente abordado.

Esto último es fundamental puesto que nos retrotrae a un escenario global dominado inicialmente por potencias europeas. Sin embargo, conforme nos acercamos a 1900, irrumpen en el tablero mundial actores como Estados Unidos o Japón que, junto con naciones de reciente nacimiento, como Alemania e Italia, van a desafiar las reglas sobre las que venía operando el concierto europeo desde el final de las guerras napoleónicas.

Por tanto, ese siglo XIX sentó las bases para una inestabilidad creciente, sobresaliendo la creación de alianzas a la contra. La Primera Guerra Mundial significó el colofón, que no el punto final, a décadas previas basadas en el incremento en la carrera de armamentos, en el desarrollo de un nacionalismo compartido incluso por sectores de la izquierda y en un imperialismo que tuvo en el Congreso de Berlín su punto álgido.

Con todo ello, los efectos derivados de la contienda bélica, no provocaron que sus principales implicados entonaran el mea culpa. Por el contrario, como bien reflejan los autores, los vencedores impusieron la paz a los vencidos, estableciendo los cimientos para el revanchismo posterior de estos últimos, y se mostraron escasamente interesados en plasmar las propuestas que había ideado Woodrow Wilson: Los catorce puntos de Wilson fueron una batería de medidas diplomáticas para alcanzar acuerdos una vez terminada la guerra, pero también fue la primera piedra de la Organización de Naciones Unidas, por lo que aunque la propuesta no tuvo el éxito esperado, es atribuible al presidente norteamericano una de las piezas clave para el nuevo orden mundial que nació después de 1945” (pág. 63).

Como resultado, la década de los años veinte se caracterizó por una pseudofelicidad, esto es, bajo la apariencia de una estabilidad creciente, adquirieron vida propia ideologías totalitarias como el fascismo italiano y el stalinismo soviético, a las que más tarde se sumó el nazismo alemán. No obstante, el estallido de la Segunda Guerra Mundial debe imputarse a Hitler y a Mussolini. Al término de aquella, Europa perdió (definitivamente) el control del mundo, emergiendo un nuevo orden internacional bajo el patronazgo de dos superpotencias enfrentadas, Estados Unidos y la URSS, que defendían modelos antagónicos de organización política y económica: En el primero de ellos se dio aire a las democracias liberales y al establecimiento de sistemas libres (…) Por su parte, Moscú se preocupó de mantener en su zona de influencia sistemas basados en el establecimiento de regímenes comunistas, sin importar la celebración de elecciones libres” (pág. 108).

Dicho con otras palabras, la “Guerra Fría” apareció como concepto apropiado para definir el escenario internacional durante el periodo 1945-1991. Sobre esta cuestión, los autores insisten en una idea fundamental: a pesar de la oposición entre Moscú y Washington, en ningún caso se produjo un enfrentamiento bélico entre ambos, sino que aquel se observó con intensidad en la periferia del sistema. Esta pugna entre superpotencias sólo culminó por la implosión de una de ellas: “La crisis económica que se desveló en la presidencia de Gorbachov probablemente venía de años anteriores, pero había estado silenciada por el hermetismo del Politburó (…) Los estados socialistas fueron una rémora para la Unión Soviética que gastó millones de rublos en mantener militarmente sus frentes” (pág.123).

En este apartado, los autores tienen la virtud de poner en valor, señalando aciertos y errores, la figura de Mijaíl Gorbachov. El mencionado político soviético fue capaz de introducir reformas de calado, en particular en lo que afectaba a la transparencia del gobierno, pero se mostró reacio a la hora de cruzar determinadas líneas rojas, fenómeno aprovechado por sus adversarios: El efecto que Gorbachov causó en el mundo fue contrario al que tuvo en su propia patria. Fue señalado como el ejecutor de la sentencia de muerte de la Unión Soviética y la sensación que creció entre el pueblo ruso caminó entre dos ideas. En primer lugar, los reformistas consideraron inadecuadas sus medidas, poco profundas, mientras que los ortodoxos lo vieron como una absoluta derrota” (pág.213).

El final de la “Guerra Fría” hizo que una euforia desmedida se apoderase de la comunidad internacional, susceptible de traducirse en que el mundo se adentraba, por fin, en la senda guiada exclusivamente por el binomio estabilidad-prosperidad. José Manuel Azcona y Miguel Madueño desmitifican tal ensoñación, exponiendo los múltiples conflictos que se produjeron en los años 90, cuyo colofón fue el 11-S. A partir de este instante, las cuestiones relacionadas con la seguridad dominan el libro, haciendo los autores una serie de precisiones fundamentales. En este sentido, destaca la caracterización de la nueva guerra y del nuevo adversario al que el mundo libre, bajo el liderazgo norteamericano, debía combatir: el terrorismo yihadista. Con sus mismas palabras: Estados Unidos y buena parte del mundo se enfrentaban de pronto a un enemigo invisible que actuaba desde la clandestinidad y desaparecía, de modo que tanto las tácticas como la estrategia general tuvieron que modificarse” (pág. 249).

En definitiva, una obra sobresaliente, ordenada de manera coherente, capaz de relacionar pasado y presente, así como de enumerar los retos a los que se enfrenta la sociedad internacional en este momento. China y Rusia, como acreditadas autocracias, aparecen perfectamente descritas en la parte final del libro, eliminando de ellas esa capacidad de atracción que vienen ejerciendo sobre ciertos gobiernos y gobernantes.

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