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ORIENT EXPRESS

Las costuras de la Unión Europea

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 23 de enero de 2022, 20:48h

La actual crisis con Rusia está forzando las costuras de la Unión Europea.

Por un lado, hay una tensión latente entre los defensores del proyecto socialdemócrata -tal vez sería más adecuado decir “progresista”- y quienes reivindican una orientación liberal conservadora. Unos quieren limitar aún más la soberanía de los Estados. Otros tratan de defenderla. Incluso hay algunos que intentan recuperar las cuotas de poder perdidas, por ejemplo, en materia de inmigración. Los ataques que vienen sufriendo Polonia y Hungría desde Bruselas revelan bien a las claras un modelo de Unión que trata de imponerse a los parlamentos nacionales y que ha convertido los derechos humanos en una coartada para ir más allá de las competencias establecidas en los tratados.

Entonces llega Rusia con un despliegue formidable de tropas a las puertas de Ucrania y muchos europeos de la Unión se preguntan por qué habrían de luchar. La izquierda comunista ha levantado de nuevo el viejo estandarte del “No a la guerra”, que sólo se aplica a las intervenciones militares de occidente. Los antiguos opositores de la OTAN han encontrado el momento de volver por sus fueros. Se les ha sumado una parte de la derecha que ve en Rusia un referente de orden conservador y tradicionalista y que recela de unos Estados Unidos entregados a la ideología “woke”. Las filas que se cerraban para hacer frente al Pacto de Varsovia flaquean ahora porque nadie sabe bien por qué combatir. Fuera de los “think tanks” y los programas de becas de las fundaciones progresistas, los “papers” que advierten del peligro ruso resultan sospechosos. Desconfiar de Putin no significa fiarse de Von der Leyen.

Los Estados bálticos, Polonia y la República Checa lanzan voces de alarma sin duda justificadas -sí, existe un peligro en la frontera de Ucrania- pero Berlín impide a Estonia el envío de artillería alemana a Kiev y le niega los permisos necesarios. El jefe de la Armada alemana, el almirante Kay Achim Schönbach, afirmó en una reunión que “Putin merecía respeto” y que era un “disparate” decir que Rusia quiere invadir Ucrania. El problema no son sus palabras, sino la cantidad de altos mandos y funcionarios que realmente lo creen. Toda la influencia ejercida ha sido insuficiente para generar consenso en torno a la “amenaza rusa”.

Así, el frente unido que Europa occidental presentó a la URSS durante la Guerra Fría se está resquebrajando. Churchill vio pronto y con lucidez la terrible amenaza que el comunismo suponía para Europa. En su famoso discurso de Fulton el 5 de marzo de 1946, el primer ministro que se negó a rendirse ante Hitler resumió qué se trataba de defender frente al comunismo: “la seguridad y el bienestar, la libertad y el progreso de todos los hogares y las familias, de todos los hombres y las mujeres de todos los países. Y en este caso me refiero en particular a los miles de casitas y apartamentos en que los asalariados se esfuerzan, en medio de los accidentes y dificultades de la vida, por proteger de la privación a su esposa y a sus hijos y por criar a su familia en el temor de Dios o partiendo de unos conceptos éticos que a menudo desempeñan un papel importante”.

La Unión Europea actual, por desgracia, traiciona ese legado cada día.

El presidente Emanuel Macron quiere incluir el aborto en la Carta de Derechos de la Unión Europea. Con fondos europeos se financian campañas que, so pretexto de la “inclusividad”, promueven el uso del velo islámico o pretenden diluir la identidad europea en un multiculturalismo que siempre mira hacia el mismo sitio. Allí donde Churchill -un defensor de la unidad de Europa, por cierto- veía un modelo de sociedad enraizada en nuestra civilización, Bruselas trata de imponer un modelo “woke” donde todo es bienvenido salvo las identidades nacionales, las familias tradicionales y los valores conservadores. Hoy, desde Bruselas, se promociona una caricatura de nuestro continente. Ya lo denunciaba la Declaración de París de 2017 que firmaron relevantes intelectuales europeos: “Este retrato de la falsa Europa se completa con la creciente restricción del discurso político, en el que los líderes políticos que dan voz a las verdades inconvenientes sobre el Islam y la inmigración son arrastrados ante los tribunales, un multiculturalismo que cada vez se muestra más inviable y un materialismo vacío que parece incapaz de motivar a los hombres y mujeres a tener hijos y formar familias”.

No debe sorprender que, en esta hora de Europa, aflore la debilidad de un proyecto al que le están fallando sus fundamentos antropológicos.

De esto se trata en el fondo. Hay que salvar la Unión Europea devolviéndole la fuerza moral de sus principios y regresando a sus orígenes, que son la antítesis de lo que Von der Leyen, Macron y todo el progresimo globalista representan igual que lo eran de los totalitarismos comunista y nacionalsocialista. Mientras la Unión no resuelva estas tensiones, que tocan el corazón mismo del proyecto europeo, seguirá siendo un gigante con pies de barro incapaz de hacer frente a ningún desafío trascendental como los que hoy afronta el continente.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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