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ESCRITO AL RASO

Chanel armó la tremolina

David Felipe Arranz
lunes 31 de enero de 2022, 20:13h

La celebración española del certamen musical en general es una máquina de generar sentimientos encontrados. Enero se ha despertado en Benidorm lúcido y bronco con el triunfo de Chanel Terrero, muchacha que nos representará en Eurovisión el 14 de mayo, en Turín, y de la que pocos conocían su existencia. Había interpretado musicales taquilleros y series de televisión, pero no tenía un sitio fijo en la prensa: ahora ya lo tiene

La operación ha sido muy sencilla: cinco miembros del jurado la eligieron como digna representante de España en el certamen, frente a competidoras como Rigoberta Bandini o las gallegas Tanxugueiras, y como no han hecho caso del favor del público, hasta Galicia en Común se ha ofendido y va a preguntar al Consejo de RTVE en el Congreso de los Diputados por sus coruñesas, porque no quieren que los premios sean relativos, sino absolutos, galaicamente hablando, se entiende.

Como el triunfo de Nadal nos sabe a poco, queremos más, pero que no sea Chanel, esta cubana cuyas coreografías y músicas se las producen Keith Harris y otros en Miami, que eso es industria, marketing, ventas al por mayor y perreo. Como si en España no se bailase el reguetón ni el pop latino, y la chavalería aún se arrancase calimocho en mano por Massiel. La letra de “SloMo”, el tema que a tantos ofende, no hace sino reflejar una realidad: “El mundo está loco con este party” y “apenas hago doom, doom, con mi boom boom y le tengo dando zoom, zoom”, que pocas veces se definió mejor el sentir de un país, y ahí va todo incluido, desde Águila Roja a Flashdance, pasando por Madonna o Britney Spears, y acabando en Jennifer Lo o el mismísimo Ricky Martin. Chanel contiene esencia de todo eso y se viste con una gota de cada por las mañanas, con esa precisión adolescente de quien daría todo por un sueño: vender discos, ser adorada por millones de seguidores, sentarse a tomar el té con la reina Isabel de Inglaterra o con las hormigas esquizofrénicas de Pablo Motos. Porque se trata de eso, de arder en las mañanas heladas del invierno desde todas las radios de todos los coches en todos los atascos “pa romper cadera, romper corazones”, que es lo que la gente hace. De qué se soprenden.

Chanel se ha subido al escenario y ha dado al público español y al jurado internacional lo que quiere: ni reivindicación de la lactancia, ni una muñeira posmoderna. Su temazo –o temita– se ha quedado ya suspendido en las ondas para no caerse de las listas durante meses: la maquinaria se ha puesto en marcha y Chanel tiene ese aire de familiaridad que va de Instagram a las series, la fiebre latina, la estética caribeña, la cadera bamboleante, el rostro insinuante, ese mecimiento hispanoamericano que viene cayendo por aquí desde Shakira a Gloria Estefan, reduciendo a la mínima expresión la música autóctona, el discurso feminista en corcheas o los bailes tribales de las xotas y los alalás a arenisca, polvo, olvido…

La cosa está clara. Se contrae el perdedor como si fuese España toda, y no es así, porque a esta chica se la cantará, se la bailará y se la amará por millares, y quién sabe si será flor de un día o gloria de muchos. Terrero es la belleza que el mundo quiere y está aquí para tomar lo que es suyo, con pleno derecho, reconfortada de seguidores y apoyos, y con mucha coreografía desde que era una chicquilla. “Solo existe una, take a vídeo”. Pues eso: la tremolina.

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