Mrs. Rowling helps Mr. Brown
Ángel Duarte
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aduarteelimparciales/8/1/8/20
martes 23 de septiembre de 2008, 21:10h
No ha sido Harry Potter, aunque debería haberlo sido para tener alguna posibilidad de éxito. Ha sido su creadora literaria quien ha acudido al rescate del premier británico Gordon Brown. Un hombre en apuros, contestado en su propio partido, errático, falto de carisma, incapaz de mostrar solvencia en la gestión cotidiana, escocés –por si le faltaba algo- y superado en las encuestas, ampliamente, por la nueva cara del viejo partido tory, David Cameron. Los sondeos del conservador y fiable Telegraph llegaban a sugerir, en vísperas del congreso de Manchester, veinte puntos de ventaja, veinte, en la intención de voto a favor de Cameron. La inevitabilidad de la debacle asomaba en el horizonte del laborismo.
Y en esas hizo acto de presencia la magia. Al parecer, los motivos de J. K. Rowling han sido varios. El primero, claro está, es porque quiere y puede. En diez años ha pasado, gracias a su talento, de madre soltera en condiciones precarias, a multimillonaria. Está en su perfecto derecho, faltaría más, de acudir al rescate del marido de una buena amiga. Porque, en realidad, y más allá de la identidad escocesa compartida, de quien es íntima Rowling es de Sarah Brown. Ambas comparten, entre otras complicidades, un decidido y más que meritorio combate contra la pobreza infantil, a favor de aquellos niños que, por razones varias (desde la desestructuración familiar a la penuria estructural) se encuentran en precario.
Lo curioso del caso es que Rowling aduce estar en contra de las exenciones fiscales que Cameron ha asegurado implementará para las parejas casadas, los matrimonios convencionales… las familias estables vaya. Ese tipo de medidas le provocan, como aseguró en declaraciones a Guardian, reminiscencias de lo que ella tuvo que experimentar como madre soltera bajo anteriores gobiernos conservadores. Es, pues, gata escaldada y prefiere, dice, el combate que Brown afirma llevar a cabo en pro de la mejora de condiciones de la infancia empobrecida. El debate, como ven, tiene miga. La mirada de Rowling sobre el problema es muy compleja, no se limita a sugerir una alternativa seca entre prevención y paliativos. No es eso. De hecho, la creadora de Potter ha colaborado en mil y una iniciativas tendentes a combatir la mortalidad en los partos, la mejora de la asistencia hospitalaria… Lo cierto, sin embargo es que, por ejemplo el de la reducción de las tasas de mortalidad maternal, uno de los famosos “objetivos del Milenio” no sólo no se está alcanzado sino que evoluciona, en el mundo, a peor.
En cualquier caso, y más allá de que un cheque de un millón de libras siempre viene bien a cualquiera, sobre todo si arrastra una deuda de más de 22 millones de euros, hay otro problema, y este tiene difícil solución. Casi tanto como el de la pobreza infantil. La habilidad mágica no se aprende y, en realidad, tampoco se compra: es innata. Mrs. Rowling debería estar al tanto. Ha sido ella quien se lo ha hecho saber a millones de lectores en la última década. A pesar de sus deseos, no parece que Mr. Brown posea el don.
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Catedrático de Universidad de Gerona
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