Las fronteras de la política
martes 23 de septiembre de 2008, 21:33h
A continuación hago cita de textos que propongo que el lector identifique:
“¿Ves como los dioses ordenan lo justo?”
“…vivían todos de mutuo acuerdo y tenían todo en común. Hasta vendían las propiedades y bienes, y repartían el dinero entre todos según la necesidad de cada cual.”
“...en lugar de destruir la igualdad natural, el pacto fundamental sustituye por una igualdad moral y legítima a lo que la naturaleza pudiera haber puesto de desigualdad física entre los hombres, y que, pudiendo ser desiguales en fuerza o genio, devienen todos iguales por convención y de derecho”
"El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor."
La línea argumental de las citas hechas, y que han sido dispuestas en orden cronológico, parece integrar un mismo discurso. La primera cita está atribuida a Sócrates (Jenofonte, Mem., IV. 4, 24), el cual intuyó la existencia de un Dios único y bueno; la segunda esta extraída de los Hechos de los Apóstoles (2, 44-45); la tercera forma parte de El Contrato Social de Rousseau (capítulo IX, Del Dominio Real); y la última se le supone al Che Guevara, que cito porque creo que el fin perseguido por él era noble, aunque los medios violentos que adoptó me repugnan por completo.
De lo expuesto vemos como el comunismo y el socialismo, que anuló por completo a Dios, copia su meta de la doctrina de las primitivas comunidades cristianas; como los estratos conservadores más recalcitrantes han adoptado el cristianismo de una manera formal, sin ver más allá que los dogmas que la religión impone; y como los herederos de la ilustración han pervertido el discurso de la Revolución Francesa que primero cambió un rey por un emperador y luego no busco más que el orden en la sociedad.
En la actualidad, la política se nos da en raciones impersonales, el afiliado es devoto de las doctrinas que emanan de la boca de sus dirigentes, no discrimina si en algo difiere de ellas, simplemente se acopla, no quiere pensar, no quiere comparar, le repulsa que el contrario tenga en algo la razón y huye de la dialéctica. Parece que el instinto ancestral de pertenencia a un grupo, tribu u orden, no ha sido superado por muchos de los ciudadanos contemporáneos y que éstos orgullosamente esgrimen argumentos para su inmolación intelectual y su atavismo.
Asistimos estos días a la quiebra de bancos de inversión en Estados Unidos como Morgan Stanley y Goldman Sachs, que ha tenido como consecuencia que el Tesoro norteamericano intervenga ambas entidades y las “nacionalice”, en aras a proteger el Mercado. La economía más liberal del Planeta se descuelga con está intervención que más parece surgida del la socialdemocracia que de una nación que lleva en la sangre el capitalismo radical a ultranza, sino fuera porque existen muchos miles de familias en Estados Unidos que no pueden hacer frente al pago de la hipoteca de casas cuyo valor es nulo. En vez de paliar las deudas individuales de los afectados, se opta por premiar a los ejecutivos de estas grandes instituciones financieras que han hecho mal su trabajo. Nada sabemos de dimisiones por estas circunstancias y el dinero vuelve a espuertas a aquellos que bajo la fiebre de la codicia, decidieron dar una vuelta más de tuerca a las posibilidades de beneficio de las entidades que dirigían. Este antecedente que se crea es peligroso, puesto que no importa ya si la diligencia en el trabajo amparada por las buenas practicas de Gobierno Corporativo son puestas en práctica, cuanto más grande sea el destrozo cometido con más celeridad aparecerá el Estado para rescatar a la avaricia de sus penalidades.
El liberalismo económico cae en desgracia, el Mercado no es perfecto. Cayó en desgracia el comunismo por su ilegitimidad y falta de eficacia. Pero, ¿Son la libertad individual y la justicia social irreconciliables? Ambas se han confundido, en su lucha una contra la otra, en aplicar la tesis maquiavélica de que el fin justifica los medios. Yo me postulo en que las dos son necesarias.
El problema de una sociedad de colectivismo no está tanto en su posibilidad sino en la débil condición humana. La ley Natural nos induce hacia el reparto de los bienes según las necesidades de cada cual. El problema es que el instinto egoísta de supervivencia y de dominio sobre el resto, nos hace incapaces de crear una sociedad perfecta, en la que únicamente podrían sobrevivir héroes cotidianos que lucharan todos los días contra si mismos para actuar, sin leyes escritas, de la forma más correcta. La libertad individual debería buscar lo justo sin que, en ningún caso, se le impusiera. Además la existencia de una minoría que jamás se implicaría en esta noble forma de vida, hace que el proyecto sea del todo inviable.
Es, por tanto, el positivismo, mediante la creación de la norma consuetudinaria, la que rige actualmente nuestras vidas. El acervo jurídico actual, a través de mecanismos que aseguran su cumplimiento, es el garante de la justicia social y de las libertades individuales, allí donde no rigen oscuros dogmas de comportamiento y donde no se pervierte el sentido de la Ley.
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Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
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