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Novela

Jay McInerney: Días de luz y esplendor

lunes 28 de febrero de 2022, 17:26h
Jay McInerney: Días de luz y esplendor

Traducción de Patricia Antón. Libros del Asteroide. Barcelona, 2021. 514 páginas. 23,95 €. Libro electrónico: 11,99 €.

Por Aránzazu Miró

Del escritor norteamericano Jay McInerney conocemos pocas obras en castellano, a pesar del gran éxito que obtuvo en 1984 con Luces de neón (Ediciones B, 1987). En estos últimos años la editorial Libros del Asteroide ha reunido la trilogía sobre el matrimonio Calloway que su autor dilató en el tiempo: Al caer la luz es del ya lejano 1992, La buena vida de 2006, y la última entrega, que tenemos entre manos, es de 2016. Su traducción nos ha llegado, respectivamente, en 2017, 2018 y 2021. Si bien es cierto que los libros narran períodos consecutivos en la vida del matrimonio neoyorquino, su lectura resulta completamente independiente y no requiere ninguna información previa.

Días de luz y esplendor narra los avatares de un matrimonio para mantener a flote la pareja y el negocio en el contexto del Manhattan neoyorquino de principios de este siglo, con el trasfondo real de la elección de Barak Obama como presidente y la crisis económica provocada por la quiebra financiera de Lehman Brothers.

Citando al narrador, se refiere a «una novela dentro de una novela dentro de una novela, a toda esa conciencia posmoderna de la propia identidad», porque el entorno en que nos sitúa es el del mundo de la edición literaria, donde es «más plausible convertirse en un Maxwell Perkins que en un Fitzgerald o un Hemingway»: «La realidad de la vida urbana y el negocio de la edición habían magullado a ratos su sensibilidad romántica». No pretendo asustar. Días de luz y esplendor es una espléndida novela que discurre con mucho interés, en donde las referencias al mundo cultural y social desentrañan la vida en Manhattan con sus altos y sus bajos, con el glamour de la vida social, pero también con los bajos fondos de la droga y el sexo, el sida y su malditismo literario y artístico.

La novela se desenvuelve en cuarenta y ocho capítulos muy variados, con distintos narradores omniscientes que se ponen en la piel de varios personajes para hacernos entender sus sentimientos, a la vez que nos explican lo que les sucede, sin conocer sin embargo el transcurso de otros. Siempre nos sorprenden sucesos nuevos, muchos de ellos intuidos por sus consecuencias antes de que los conozcamos, porque la estructura de la novela -que no solo se deja leer de corrido sino que te atrapa- es muy compleja, yendo y viniendo de la realidad del momento que viven a tiempos pretéritos que los explican. Los protagonistas son los miembros de la familia Calloway, el matrimonio formado por Russell como editor literario y su mujer Corrine, pero también los hijos a los que vemos crecer y llegar a la adolescencia, en una evolución muy bien reflejada, que los convierte en personajes claves; en realidad es una novela casi coral, donde otros personajes alcanzan gran protagonismo y veracidad.

El transcurso del tiempo, las claves para mantener la relación de pareja, las crisis conyugales, el uso y abuso de las drogas, el sexo dentro y fuera de la pareja, la obsesión por el aspecto físico y los trastornos alimenticios que acarrea son muchos de los temas que se tratan, con veracidad, siempre situados en el entorno urbano más rutilante de Manhattan: Jay McInerney parece seguir la estela de Fitzgerald para novelar la alta sociedad y permitirnos entenderla. Lo dice un personaje de la novela: «Has reflejado de verdad a esos neoyorquinos demasiado cultos y que se creen con derecho a todo».

Y lo hace con una escritura vivaz, realista, que fluye con soltura, en donde la interrelación de diálogos y de pensamientos internos de los narradores a quienes se dedica cada capítulo permite escenas muy difíciles de hallar en literatura, en que un encuentro para cerrar un contrato de venta se alterna con la descripción de los vinos que les ofrecen, con la cata de otra mesa que entra en competencia, con un diálogo inusual sobre sus problemas conyugales, que les lleva del sexo marital al sexo pagado. Es un ejemplo, pero la escritura de la cotidianeidad brilla en la pluma de McInerney.

Aunque el final, a pesar del capítulo brillante que propone para cerrar esa estructura compleja escondida tras la lectura fluida, se cierra con un colorín colorado quizá demasiado paternalista, quizá demasiado norteamericano: es la referencia a los «intercambios de empatía de los que se compone un matrimonio de larga duración».

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