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Y DIGO YO

La ceguera de Podemos y la cobardía de Sánchez

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 01 de marzo de 2022, 20:10h
Actualizado el: 01 de marzo de 2022, 21:27h
Es muy difícil hacer pedagogía con quien no quiere, no solo entender, sino, siquiera, escuchar. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, quiere expandir su imperio y no tiene ningún inconveniente en reprimir violentamente manifestaciones o cerrar medios de comunicación o envenenar al que le lleve la contraria por la vía de la libertad de expresión o política y no ha dudado en empezar un conflicto bélico contra un país muy inferior, armamentísticamente hablando, ordenando el bombardeo de barrios civiles y matando a personas inocentes, pero la culpa, según Podemos y algunos más, es de la OTAN o de la UE o del PP o de Franco o de usted, que pasaba por allí.

La ministra de Defensa de España, Margarita Robles, ha sido muy clara al respecto: “El único que está masacrando a la población civil es Putin. Hay que decirlo sin complejos”. Ha añadido, y esto es para mi lo importante, que “no es un tema ideológico, es un tema de hechos”. Tiene toda la razón, pero cuando te ciega el sectarismo, repito, es muy difícil hacer pedagogía y conseguir un entendimiento.

Lo que me pregunto es por qué no habla sin complejos el presidente del Gobierno sobre el tema de la guerra y del envío de armas a un pueblo al que están matando injustamente. ¿Por qué no se expresa con la misma claridad Pedro Sánchez que Margarita Robles?

Y sigo preguntándome por qué tiene que ser, en este caso, la ministra de Defensa la que explique la realidad a Podemos, por qué nunca dice Sánchez a sus socios de Gobierno las cosas como son. ¿Qué teme? El también secretario general del PSOE debería tener más presente que la formación morada no le va a descabalgar de ningún trono porque no le interesa, porque son capaces de defender a Putin pero no se atreverán a perder la única oportunidad de ser algo relevantes como partido, ya que después de esta aventura se les acaba el chollo.

En esta línea adoptada de transparencia para todos, habrá que opinar igual de claro y decir que Sánchez se calla y esquiva preguntas o bordea respuestas y no dice lo que piensa ni hace lo que debe porque está sometido a los caprichos fanáticos y los antojos dogmáticos y la arbitrariedad partidista de sus socios de Gobierno de Podemos, los que le permiten seguir sentado en la poltrona.

Y esta mojigatería de Sánchez, esta falta de decisión y personalidad es la que hace que seamos absolutamente prescindibles en la comunidad internacional, ignorados y que no nos llamen para formar parte de nada importante. Credibilidad cero y falta de confianza en un Ejecutivo dividido y con opiniones, no solo diferentes, opuestas. La entrevista en Televisión Española dejó claro una vez más que para dar la cara tiene a sus ministros. Él no la va a prestar.

Pero a lo que íbamos, en Podemos, Javier Sánchez Serna responsabilizaba directamente de la invasión de Ucrania por Rusia a la OTAN y decía que “habrá tiempo de reflexionar sobre si ha entorpecido las labores de paz y si ha supuesto un freno a la autonomía estratégica de Europa”. Queda muy bonito recurrir a eslóganes pacifistas que quedan muy bien en las canciones al estilo de “no se puede hacer la guerra en el nombre de la paz”, como apuntaba también Sánchez Serna. Pero, sobre todo, es indecente justificar que no se puede ayudar, que no se puede enviar armamento porque “aumenta la escalada”.

Pero si están bombardeando ciudades y arrasando barrios y pueblos con tanques, ¿puede aumentar más la escalada? ¿Qué habría que hacer, esperar a que terminen de invadir y que la parte débil no se defienda? A eso, los socios del Gobierno no contestan porque el invasor dice que es comunista.

Podemos ha demostrado el doble rasero del "No a la guerra" y lo peor es que parece que no le importa lo que le pase al pueblo ucraniano al negar la realidad. En cualquier caso, no son los malos. A Podemos basta con no comprarles el discurso. Se requiere ahí la valentía de Sánchez y quizá sea mucho pedir. Pero el malo es Vladimir Putin.

Claro que todos queremos un final diplomático sin bombas, tanques, sanciones y amenazas, pero lo importante sería que una presión social rusa hiciera entrar en razón a su presidente y éste cesara en sus ansias expansionistas. Eso sería lo deseable, pero y si no… ¿qué hacemos, cantamos? ¿nos ponemos en medio de la Plaza Roja una flor en la oreja, unas gafas redondas, una cinta en el pelo y con los acordes preferidos de John Lennon le damos una oportunidad a la paz?

España no va a solucionar el problema que tenemos todos con Rusia en Ucrania. Nadie espera de Pedro Sánchez la solución a una situación que le viene grande al mundo y que es una desgracia para la humanidad. Pero si es difícil así, lo es mucho más si nos dejamos llevar por la ceguera del que no quiere ver. Eso es lo que le ha pasado a Putin y los partidos comunistas le justifican buscando otros culpables.

Javier Cámara

Periodista

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