La guerra en Ucrania ha puesto el tablero geopolítico del mundo en misma casilla de salida de hace un siglo. Tras unas décadas en las que parecía que el enemigo a derrotar eran los otros, los diferentes, la guerra se libra entre dos países con identidades religiosas y culturales muy cercanas. Este hecho vuelve a demostrar que el verdadero conflicto, y el más inexplicable e injustificable, siempre se libra con los que son como nosotros.
Por ello, resultan esperanzadoras las declaraciones del P. Andrey Kordochkin, deán de la Catedral de la Magdalena en Madrid, de rito ruso-ortodoxo, cuando afirma en una entrevista al diario La Razón: “Los pueblos de Rusia y Ucrania culturalmente están cercanos y para nosotros no es solamente un conflicto bélico, es una guerra fratricida”. Su esposa, ucraniana por parte de padre asevera también: “es una guerra, hay que pronunciar las cosas claras”. Quizá el problema de no llamar a las cosas por su nombre esté en el origen y en la dificultad de solución de este conflicto.
Frente a la nitidez de estas palabras, que reflejan la tradicional convivencia entre ambos pueblos, el máximo representante de la Iglesia Ruso-Ortodoxa, el Patriarca Kirill, hizo unas declaraciones el 24 de febrero que abordaban el conflicto eufemísticamente diciendo:
“Asumo con profundo y sentido dolor el sufrimiento de las personas causado por los acontecimientos que están teniendo lugar. Como Patriarca de todas las Rusias y primado de una Iglesia cuyo rebaño se encuentra en Rusia, Ucrania y otros países, empatizo profundamente con todos los afectados por esta tragedia. Hago un llamamiento a todas las partes del conflicto para que hagan todo lo posible por evitar las víctimas civiles”.
El Patriarca de Moscú, que curiosamente es uno de los líderes ortodoxos que más ha participado en reuniones ecuménicas, ha reafirmado su posición el 27 de febrero diciendo con referencia a la Gran Rusia”
"No debemos permitir que fuerzas externas oscuras y hostiles se rían de nosotros, debemos hacer todo lo posible para mantener la paz entre nuestros pueblos y al mismo tiempo proteger nuestra Patria histórica común de todas aquellas acciones desde el exterior que pueden destruir esta unidad".
No debemos perder la esperanza, hay muchos ciudadanos rusos dentro y fuera del país que manifiestan su rechazo a lo que está sucediendo, todo ello a pesar de las posibles represalias por parte del régimen. Como en otros momentos de la historia, hacen falta líderes con autoridad moral que exijan a los políticos que detengan la violencia. El problema en este caso es que algunos líderes que deberían tener esa autoridad han tomado partido.