Dos meses antes de que comenzara la pandemia de la Covid-19, el fracaso...
Dos meses antes de que comenzara la pandemia de la Covid-19, el fracaso estruendoso de la gestión económica de Pedro Sánchez era evidente. El coronavirus le permitió achacar a la enfermedad lo que no era otra cosa que errores de gestión. Ahora que el déficit del Estado y la deuda pública creciente producen estremecimiento, la guerra de Ucrania permite al presidente del Gobierno achacar a la contienda lo que es producto sustancialmente de su derroche en el gasto público y su incapacidad económica, que está enmascarando con la lamentable contienda entre Rusia y Ucrania.
Decía Napoleón que la cualidad preferida por él en sus colaboradores era la suerte. Y Pedro Sánchez la tiene y sabe además administrarla. La pandemia, por un lado, y la guerra ucraniana por otro, le han permitido refugiarse en la falacia y descargar culpas sobre unos acontecimientos que han repercutido en la económica española, pero que no disimulan la desastrosa gestión del Gobierno sanchista. Pedro Sánchez continúa derrochando a manos llenas el maná de los euros voladizos, con patrocinios a las más varias y pintorescas agrupaciones que van desde los grupos electoreros a los feministas.
El Partido Popular ha denunciado sus maniobras en el Congreso de los Diputados. Ha faltado Pablo Casado que con su alta capacidad dialéctica ha sabido derrotar semana tras semana a Pedro Sánchez en los debates parlamentarios. Pero con mayor o menor acierto, la oposición ha denunciado las tropelías sanchistas enmascaradas por el presidente del Gobierno con los argumentos falaces de la pandemia y la guerra ucraniana.
La suerte personal, en fin, acompaña a Pedro Sánchez. Negar esta circunstancia sería desafiar la evidencia. Acontecimientos internacionales están dulcificando la acidez de unas medidas económicas que pesarán sobre las próximas generaciones porque el déficit desvela una mala gestión económica, el gasto suntuario y el despilfarro resulta lamentable y la deuda pública habrá que pagarla con sus correspondientes intereses. Pedro Sánchez lo sabe, pero le es igual. En el futuro, que tallen otros la ruina provocada por el César con alpargatas y mucha suerte.